24 de junio de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MartÍN BEAUMONT

Haced que no acabe

No vamos a dejar de ser madridistas, tranquilos, pero os diré lo mismo que le diría una madre a un hijo: no nos decepcionéis. Y la decepción no es perder, es dejar de ser vosotros mismos.

Los millennials somos esa estirpe de seres humanos nacidos entre 1984 y el efecto 2000. Se supone que somos una lacra para la sociedad, que no aportamos nada, que al ser hijos de la LOGSE a duras penas sabemos coordinar el andar con no cagarnos encima. Yo soy de 1985 y me considero una persona ordinaria, al nivel de mi generación. Hay cosas que se dice de “nosotros” que no comparto y otras quizá un poco sí. Somos idiotas. Eso es cierto. Y unos desmemoriados.

El Real Madrid entre los años 2011 y 2017 ha acumulado una cantidad de títulos equiparable a los veinte anteriores



Ciñéndonos al deporte, que es el tema por el que se supone que me leéis, y al Real Madrid de baloncesto en concreto, es importante contextualizar la situación actual. El Real Madrid entre los años 2011 y 2017 ha acumulado una cantidad de títulos equiparable a los veinte anteriores. O más. Ese dato ya de por sí es importante, pero ciertamente secundario si lo que realmente valoramos, como mucha gente hacemos, es que lo que se ha resucitado ha sido la comunión entre público y equipo, y diré más, entre equipo y junta directiva. O sea, recordadlo, en serio, estábamos a punto de echar el telón, de arriar velas, de recoger amarras, de irnos a tomar por el culo. Solo los que somos madridistas desde hace mucho y hemos vivido a los Attruia, Massey, Alston, Kambala y un largo etcétera de jugadores y etapas desvigorizadoras, sabemos valorar de corazón lo que estamos viviendo ahora.

No les perdono que hayan dejado de parecer un equipo para convertirse en una amalgama de jugadores inconexos



Con todo lo que nos han dado, ¿verdad? Suena a eso. Y vivimos en la época de la inmediatez. ¿Quién recuerda ya los nombres de los medallistas de Río 2016? Quizá no se acuerden ni ellos mismos. Y lo cierto, volviendo al baloncesto, es que si el Madrid acaba perdiendo la Liga Endesa, aunque nos haya dado tantísimo, quedará la sensación de que fuimos el mejor equipo durante seis años y solo lo demostramos empíricamente tres de ellos, hablando de la piel de toro, y en una única ocasión, si nos referimos al viejo continente. Y sabrá a poco. Así es la vida de injusta. Con todo y con eso yo a mi equipo, al Real Madrid de baloncesto, le perdono que pierda todas las veces que así las justas leyes que rigen el deporte lo exijan. Le perdono que llegue a una Final4 en Turquía y la pierdan con un equipo muy poderoso que los avasalló. Lo que no les perdono es la falta de intensidad, de compromiso, de unión. No les perdono que hayan dejado de parecer un equipo para convertirse en una amalgama de jugadores inconexos a los que parece que les han robado las habilidades los extraterrestes de Space Jam.

Nos sangraron las manos de aplaudir a un equipo que era evidente que se había dejado todo lo que tenía. No se puede elegir ganar siempre, claro



Nosotros hemos cumplido y hemos estado siempre ahí, llenando el Palacio y animando a muerte todo lo que nuestra cualidad de chulitos madrileños nos permite. Os ovacionamos cuando el año pasado también nos arrasó el equipo de Obradovic. Nos sangraron las manos de aplaudir a un equipo que era evidente que se había dejado todo lo que tenía. No se puede elegir ganar siempre, claro. Eso lo sabemos. Lo que sí se puede elegir es la forma en la que pierdes.

No jugamos solos, por supuesto. El Valencia está haciendo, en general, una gran temporada y, en particular, una final maravillosa. Están siendo mejor equipo. Están siendo lo que se supone que tendríamos que ser nosotros: una roca en defensa y un martillo pilón en ataque. Está molando verlos jugar al baloncesto. Y les concedo todo el mérito del mundo si finalmente levantan el título: al club, a la afición y a un Pedro Martínez al que le tengo un cariño y una admiración real, y del que creo que se merece desde hace años un rotundo éxito que le quite para siempre el estigma de entrenador de segundo orden.

Ahora el destino nos (os) brinda la oportunidad de levantar un PlayOff que está con un pie en el precipicio



Dijimos en Estambul que los partidos a vida o muerte es lo que tienen, que con un día malo te puedes hundir. Ahora el destino nos (os) brinda la oportunidad de levantar un PlayOff que está con un pie en el precipicio. No vamos a dejar de ser madridistas, tranquilos, pero os diré lo mismo que le diría una madre a un hijo: no nos decepcionéis. Y la decepción no es perder, la decepción es dejar de ser vosotros. La decepción es dar a las alimañas los argumentos para que puedan destrozar y deshacer a su antojo un proyecto que nos ha ilusionado a todos durante los últimos seis años. Y que queremos que siga vivo. ¿Que habrá que hacer algún maquillaje? Por supuesto. Pero queremos que el show continúe. Y tristemente (o no) para que eso suceda hay que ganar. Lo he defendido en multitud de ocasiones. No somos artistas, ni escritores ni bailarines. Esto es un deporte y al final la gloria te la da o te la quitan las victorias. Como debe ser.

Los profesores acostumbran a poner las notas al final, y eso haré yo y muchos otros, porque esto aún no ha acabado



Ya sé que me habréis leído durante años criticar con fiereza a los que trataron de tirar por tierra todo este proyecto. Fueron injustos y siempre se adelantaron en sus disparos para al final callarse. Los profesores acostumbran a poner las notas al final, y eso haré yo y muchos otros, porque esto aún no ha acabado. Pero lo que también van los haciendo los profes es avisar. Y si seguimos así, nos vamos a septiembre.

¿Necesitáis nuestro aliento? Lo tendréis. Ganad y veréis el ambiente del domingo en el Palacio. Salid ahí y sed el Real Madrid. Y si lo sois y perdemos, pues daremos la mano y punto. Y si no lo sois y se nos acaba el cuento de hadas siempre os recordaré como el equipo de mi vida. Pero haced que no acabe, hijos de puta.

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