23 de enero de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MartÍN BEAUMONT

Las ciudades se hacen inteligentes y humanas

En el año 2050 la ONU calcula casi el 70% de la población mundial vivirá en ciudades. Ante este desafío muchas urbes han comenzado a tomar medidas entre las que sobresale el concepto Smart.

La ONU calcula que en 2050 el 67% de la población mundial vivirá en grandes urbes en busca de una calidad de vida mejor. Por lo que respecta a nuestro país, el Instituto Nacional de Estadística daba a conocer hace unas semanas un estudio en el que para la misma fecha la España interior y pobre (Soria, Teruel, Zamora, Cuenca y provincia similares) iban a quedar como un erial en beneficio de las grandes ciudades y algunas zonas de la costa de Levante.

Ante esta situación son muchos los países que se han puesto a trabajar en un concepto que nos va a acompañar de ahora en adelante: la Smart City o Ciudad Inteligente que busca dar soluciones a los graves problemas a los que ya se enfrentan, y solamente es la punta del iceberg, estas grandes urbes. Un buen ejemplo de ello es Madrid y la contaminación que sufre por el dióxido de nitrógeno. Más allá de lo que puedan hacer los madrileños por sí mismos,  que sin duda puede ser bastante, va ser la tecnología la que ayude en gran medida a solucionar este problema y otros.

En la actualidad se está en pleno debate en diferentes foros mundiales en definir lo que es una ciudad inteligente y qué papel deben jugar los dos elementos básicos que se relacionan en ella, la tecnología y los ciudadanos. Esta será una de las cuestiones que se debatirán en uno de los foros más importantes que sobre este tema que se celebra este mes de noviembre, el Smart City Expo World Congress que tiene lugar en Barcelona.

Por otra parte, más de cien países están unidos en el movimiento de las Smart Cities que buscan de una manera u otra mejorar la vida de sus habitantes de diferentes maneras, aunque todas ellas tienen varios puntos en común: hacerlas más sostenibles de cara al medio ambiente, más humanas y habitables y eficientes en muchos aspectos de su día a día (gestión del agua, luz, gas o basuras, por ejemplo)

Cuando se habla de una Smart City no se debe pensar en una ciudad futurista de película de ciencia ficción, aunque Singapur va camino de ello, sino de un entorno que aprovecha las nuevas tecnologías para mejorar la vida de los habitantes de esa capital, independientemente de su tamaño, pero contando con ellos y con su participación, como defiende uno de los mayores expertos en esta materia, el urbanista Dan Hill. Es cierto que la carga de tecnología de estas ciudades es muy alta para que los proyectos se puedan ser puestos en marcha, pero solamente el software no va a mejorar los problemas de la gente.

Para que sea eficaz una Smart City se deben conocer los problemas de las personas que habitan las ciudades y fijar las prioridades que se deben solucionar en función de un plan global de mejora de la ciudad, no de acciones aisladas.

Es aquí donde sí entra un elemento nuevo que rompe con los esquemas tradicionales. Ahora no hace falta hacer encuestas para saber lo que opina la gente, basta con procesar toda la información que damos cada día al mundo: redes sociales, Whatsapp, correos electrónicos, pagos con tarjetas, geolocalización gracias al móvil, etc. Millones y millones de datos que procedentes en su mayoría del teléfono móvil (que aprovecho para recordar que ahora se llama inteligente) que bien tratados de forma conjunta arrojan mucha información.

¿Y cómo se procesan esos datos? Con un concepto que seguramente les sonará: el Big Data, la capacidad de gestionar grandes cantidades de datos para sacar información útil y que mejore la sociedad. En el caso de una ciudad inteligente basta con marcar los objetivos y trabajar sobre ellos con honestidad.

Esto es lo que está haciendo ya Nueva York para mejorar la gestión del transporte público, reducir las emisiones de los coches y favorecer el transporte en bicicleta. En el caso de la Gran Manzana se ha abierto una oficina municipal destinada exclusivamente a la gestión del Big Data para entender la ciudad y mejorarla. Por su parte, Gran Bretaña ha comenzado la instalación de 53 millones de contadores inteligentes de luz dentro de una campaña que se llama Smart Meters. En Copenhague se han implantado luces inteligentes en los semáforos  que priorizaran el tránsito de buses y bicicletas sobre los coches en las intersecciones; mientras que en Tel Aviv, gracias al proyecto DigiTel, se pretende que todos los ciudadanos que lo deseen pueden hacer las gestiones con el Ayuntamiento desde el móvil.

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