27 de febrero de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MartÍN BEAUMONT
  • Benjamín López

    La vara verde

    La objetividad no existe pero sí la honestidad al informar y opinar. En eso creo desde que me dedico a este bendito oficio del periodismo desde hace más de 20 años. Y eso trato de aplicar en este blog. Si les apetece, pasen y lean.

Una ocurrencia de Girauta demuestra que Ciudadanos está grogui tras el 26J

Juan Carlos Girauta y Albert Rivera, en el Congreso

Juan Carlos Girauta y Albert Rivera, en el Congreso

En C's no se aclaran; no saben si vetar a Rajoy o no, si negociar con él o darle la espalda. Parece que mas que con un plan funcionan a fuerza de ocurrencias. Girauta ha tenido la última

Puede que sea inexperiencia; quizás se trate de una mala digestión de los resultados electorales o es posible incluso que esté simplemente descolocado, sin saber qué postura asumir, a qué palo quedarse. El caso es que Ciudadanos está teniendo un comportamiento errático tras las elecciones del 26-J en las que se dejó 8 escaños en las urnas.

La demostración más palpable la hemos visto este mismo jueves. En un espacio de muy pocas horas dos pesos pesados de C's han dicho una cosa y la contraria. Y no una cosa cualquiera. Juan Carlos Girauta decía por la mañana en televisión algo de tanto alcance y trascendencia como que la investidura de Rajoy podría depender de “un acuerdo de legislatura o, si me apura, de media legislatura con el compromiso de una cuestión de confianza a la mitad”.

La cosa sonaba tan rara, la verdad, que otro de los pesos pesados del partido, José Manuel Villegas, salía muy poco después a desmentir a su compañero al afirmar que “la posición del partido en ningún caso es plantear eso como una condición, ni siquiera como una posibilidad”.

Desorientación y silencio de Rivera

Esa desorientación que afecta a Ciudadanos no sólo se demuestra con la ocurrencia de Girauta. Ni mucho menos. Ya la misma noche del domingo se vieron síntomas preocupantes. Rivera trataba de aparentar entereza pero en lugar de hacer autocrítica se agarró a la justificación de la ley D´hont sin acordarse de que, además de ese reparto de escaños más o menos justo, su partido había perdido en el camino de diciembre a junio la friolera de 429.000 votos.

La pataleta duró unas horas pero se notó que Rivera estaba tocado. Al día siguiente aseguró sin inmutarse ante la prensa que él nunca había vetado a Rajoy como presidente del gobierno; la realidad es que toda España le escuchó decir exactamente lo contrario días antes de las elecciones. Ahí está la hemeroteca. Sin embargo, dentro de esa ambigüedad en la que se mueve, añadió a continuación que no van a apoyar al PP porque ellos no son necesarios ya que con el PSOE sobran escaños. Suena todo a pataleta infantil ante la afirmación de Rajoy de que su “prioridad” será pactar con los socialistas.

Las sospechas se confirman cuando horas después telefoneaba al presidente del Gobierno en funciones para proponerle una mesa de negociación a tres bandas: PP, PSOE y Ciudadanos. Una llamada que supone una evidente contradicción con sus palabras anteriores y, sobre todo, deja entrever cierta desorientación espacial y temporal del líder 'naranja'. Espacial porque parece que no se ha dado cuenta de cuál es su posición en el tablero político tras las elecciones; su partido es la cuarta fuerza y parece claro que no le corresponde a él liderar ninguna iniciativa negociadora.

Y temporal porque da la impresión de que sigue anclado a la anterior y breve legislatura. No se ha dado cuenta de que la situación ha cambiado de forma radical tras el 26-J. El PP ha logrado una victoria contundente que, unida al disparate que sería celebrar unas terceras elecciones, hace imposible otro escenario que no sea el de permitir un gobierno 'popular'. Eso hay que admitirlo y digerirlo; conviene hablar, negociar y buscar la fórmula que más favorezca a los dos partido y, sobre todo, a España. Es necesario dejarse de pataletas y de protagonismos que no corresponden y demostrar altura de miras y sentido de Estado. Porque como el propio Rivera dice con frecuencia, a la política se viene llorado de casa.

 

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