19 de agosto de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Nunca fui tan madridista como en los años que Mourinho estuvo aquí

Me gusta enfangarme. Y por eso estoy aquí estoy otra vez, en el fango del fútbol. No me importa. Estamos ya en marzo, y esta es la época, después de siete largos y tediosos meses de temporada que empezaron en agosto, en la que el deporte rey (yo soy republicano) empieza a molar de verdad. La Champions hasta octavos, da grimilla; la Liga, eterna, si llega igualada a estas fechas, te regala diez últimas jornadas con mucha emoción: y la Copa, la humilde segundona, de vez en cuando nos depara alguna sorpresa que no debemos perdernos.

Somos una especie animal que necesita de un líder que nos los dé todo mascadito. Y de cuanto más se ocupe el líder, mejor para nosotros



Al lío. El fútbol actual, en general y como ya he dicho muchas veces, me aburre. El Real Madrid actual, aunque policampeón de Europa, me parece un plomazo. Yo no me recuerdo a mí mismo siendo de algo que no fuera el Madrid. En épocas insufribles apoyé al equipo como nadie. Apoyé a Capello, a Toshack, a Del Bosque, ¡hasta a López Caro! Yo estuve siempre a muerte con el entrenador porque creo firmemente en la jerarquía, tanto en el fútbol como en la vida. La horizontalidad y el asamblearismo están genial, son muy divertidos, y es como jugar a las casitas y a los papás y a las mamás, pero ya. Somos una especie animal que necesita de un líder que nos los dé todo mascadito. Y de cuanto más se ocupe el líder, mejor para nosotros. Y cuantos más marrones se coma el líder, más a gusto nos bebemos la cerveza nosotros.

Nos mantuvo pendientes de cada declaración, gesto, movimiento del rival, decisión arbitral, de los linieres, de la UEFA, de la FIFA y de la madre que los parió a todos


Y Mourinho fue nuestro mejor líder. Y yo nunca fui tan madridista como esos tres años que estuvo aquí. Nos mantuvo a todos en vilo. Pendientes de cada declaración, de cada gesto, de cada movimiento del rival, de cada decisión arbitral, de los linieres, de la UEFA, de la FIFA y de la madre que los parió a todos. Luchó contra viento y marea por defender al Real Madrid. No porque fuera un madridista de cuna, como otros muchos de boquilla se autodefinen, sino porque fue todo lo que yo le exijo a cualquiera que venga a trabajar aquí: cien por cien profesional. Absolutamente todas sus decisiones (al menos las que no tomaba impulsivamente en mitad del terreno de juego) buscaban lo mejor para el equipo. El equipo, concepto este que casi tuvimos que aprender con él. El Madrid de Florentino a.M (antes de Mourinho) y d.M (después de Mourinho) ha sido una amalgama de estrellas independientes e inconexas que, con suerte, a veces congenian y reportan títulos. La influencia del entrenador radica en hacerlas convivir, no molestar demasiado y alinear a los que tocan. Y esperar a que suene la flauta. Con Mourinho no. O él creía que tenías que jugar, o no jugabas. Era así de simple. ¿Es que acaso debería ser de otra manera? ¿Conocéis algún otro modo de que un club, equipo, empresa, familia, grupo o lo que cojones sea funcione?

Mourinho no vino aquí a hacer amigos, ni dentro ni fuera del club. Eso supuso que se alteraron muchos personajes satelitales parásitos que vivían del Real Madrid. Eso supuso que los jugadores que alimentaban a las ratas iban a quedar señalados. Y eso supuso la muerte de Mourinho. Puedes vencer a muchas ratas durante un tiempo. Puedes vencer a una rata durante muchos años. Pero no puedes vencer a muchas ratas que te atacan día tras día. Las ratas son incansables e insaciables. Y cuando mueren, nacen más ratas: más sucias, más grandes y con más ganas. Y ganaron las ratas.

Se equivocó mucho porque hizo muchas cosas. El que se sienta y ve la vida pasar es bastante probable que no cometa muchos errores



Su legado se queda. Se queda, eso sí, para los que somos capaces de apreciarlo. Por supuesto que ganó menos de lo que todos creíamos y queríamos. Por supuesto que se metió en más berenjenales de los que él mismo creía que podía manejar. Y por supuesto que hizo muchas cosas que no estuvieron bien, a nivel deportivo y a nivel personal. Todo el mundo se equivoca. Y él se equivocó mucho. Se equivocó mucho porque hizo muchas cosas. El que se sienta y ve la vida pasar es bastante probable que no cometa muchos errores. Y quizá hasta le lleguen aciertos inesperados. Pero no podrá presumir jamás de que trató de cambiar las cosas que creían que no funcionaban.

Desde Mourinho todo me sabe a poco. Como si hubiera estado saliendo tres años con Angelina Jolie y ahora tuviera que pasar las tardes con Paz Padilla



Mourinho fue valiente. Se mató por nosotros y murió por nosotros. Y yo no lo olvido. Porque desde entonces todo me sabe a poco. Como si hubiera estado saliendo tres años con Angelina Jolie y ahora tuviera que pasar las tardes con Paz Padilla. Lo siento, con todos mis respetos, pero no.

Mourinho nos hizo vivir tres años apasionantes con luchas interminables contra el Barcelona de Guardiola. Batallas para la historia que vivimos con toda la intensidad posible. Mourinho nos abrió los ojos ante la prensa, sus constantes manipulaciones y su prostitución intelectual. Mourinho fue un entrenador 360º. Se encargaba de todo y en todo se metía. Y nos hacía partícipes a nosotros.

Mourinho nos hizo ser madridistas practicantes, no simplemente de butaca y botellín

Nos hizo ser madridistas practicantes, no simplemente de butaca y botellín. Y eso cansa. Y se cansó. Y nos cansamos. Yo de hecho aún no estoy recuperado para vivir el fútbol con intensidad. Ojalá algún día alguien vuelva a despertar a este gran elefante dormido que es el Real Madrid. Y ojalá alguien consiga lo que ni siquiera él se planteó: zarandear al Bernabéu, llenarlo de gente con ganas de animar y apoyar a muerte a su equipo; y, por fin, enterrar a todos esos pelagatos comepipas, de Marca en el sobaco, Carrusel en la oreja, almohadilla en el culo y bocata de jamón revenido del Pryca.

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