19 de agosto de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Rajoy se asusta y ordena frenar la recolocación de Morenés y otro exalto cargo

Rajoy, en un acto institucional junto a los exministros de Interior y Defensa, Jorge Fernández Díaz y Pedro Morenés.

Rajoy, en un acto institucional junto a los exministros de Interior y Defensa, Jorge Fernández Díaz y Pedro Morenés.

En el PP es sabido que al presidente le disgusta sobremanera prescindir de sus colaboradores. La irrupción de nuevo del YAK-42 le ha obligado a cambiar de planes o, al menos, retrasarlos.

Es conocido que Mariano Rajoy es un líder poco dado a las revoluciones en sus equipos, y solo causas de fuerza mayor le han llevado en su trayectoria a prescindir de sus más próximos colaboradores. De hecho, del tránsito del Gobierno anterior a las elecciones del 20 de diciembre al que el líder del PP formó tras su investidura, tan solo dos altos cargos de su Ejecutivo han ingresado en el paro.

Se trata del exministro de Defensa, Pedro Morenés, y del que fuera director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa. Para ambos, para su recolocación, tiene planes Rajoy y con ellos se había comprometido para facilitar su inmediata reubicación.

Sin embargo, la inesperada irrupción del "caso YAK-42" y la intensa y creciente polémica que rodea al exministro de Defensa y todavía embajador de España en Reino Unido, Federico Trillo, han obligado a Rajoy a posponer el rescate de dos de sus colaboradores en la delicada tarea de la Seguridad y Defensa, en la pasada legislatura.

Y eso que tras la formación del nuevo gabinete, Rajoy ya procuró acomodo a aquellos ministros y altos cargos a los que las circunstancias obligaron a ser relevados por el presidente.

Así, el extitular de Exteriores, José Manuel García-Margallo, encontró destino en la presidencia de la Comisión de Seguridad Nacional del Congreso. El de Interior, Jorge Fernández Díaz -tras la polémica por su candidatura frustrada a la Comisión Constitucional-, acabó en la de Peticiones.

Por su parte, tras la decisión del nuevo ministro, José Ignacio Zoido, de desmantelar la cúpula de su departamento, el PP reservó una plaza de senador autonómico por Castilla-León para el exdirector general de la Policía, Ignacio Cosidó.

A otros dos cesantes, Rajoy trasladó -a uno de forma directa, indirectamente al otro- su intención de rescatarles para la actividad pública. A Morenés, exministro de Defensa -sometido además a una incompatibilidad profesional para regresar al sector de la industria de Defensa, del que procedía-, el presidente le ofreció un destino de postín: la embajada de España en Washington.

Al exdirector general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa,-al que el PP obligó a renunciar a su escaño por Pontevedra al ser designado para el cargo-, La Moncloa ha garantizado un acomodo en el sector público.

Todo ello, según ha sabido ESdiario, iba a materializarse en las próximas semanas. Pero ahora el Gobierno y el PP se han topado con una guerra cruenta a cuenta del regreso de Trillo y su intención de recalar en el Consejo de Estado. Los populares ya saben que PSOE, Podemos y los nacionalistas van a hacer de este asunto casus belli y tampoco esperan el apoyo de Ciudadanos en esta circunstancia.

Por eso, el nuevo ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, ha recibido la orden de "congelar de momento" los nombramientos políticos para las vacantes de las delegaciones diplomáticas, más de 70. "Lo de Arsenio -dicen en el PP- se hará. Pero más adelante".

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