20 de septiembre de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Mayday: el nuevo PSOE de Pedro Sánchez sufre las primeras vías de agua

Pedro Sánchez y Miquel Iceta, este fin de semana en Barcelona.

Pedro Sánchez y Miquel Iceta, este fin de semana en Barcelona.

Los planes del líder, que son únicamente tácticas desleales para desgastar al PP y en menor medida a Ciudadanos, están encontrando resistencia de nuevo entre sus congéneres del PSOE.

Los socialistas que aún se atreven a hablar, esperan, según expresión propia, “ansiosos” la reacción de Pedro Sánchez cuando este martes los independentistas catalanes, sediciosos en toda regla, anuncien la adquisición masiva de urnas para la celebración del referéndum del próximo 1 de octubre.

La idea más general es que el secretario general del partido no va a “meter mucha bulla” con este nuevo episodio de rebelión constitucional. Literalmente lo expresan así ya que están convencidos de que el Sánchez que ganó las primarias es aún más radical que aquel que fue provisionalmente destronado el pasado octubre.

Uno de sus colaboradores más cercanos, cercanísimo, afirma recoger fielmente la posición de su jefe y la expresa así: “En adelante vamos a abandonar la prudencia y la moderación que tanto daño nos haN hecho durante la dirección de la Gestora; nos hemos hecho muy conservadores y eso no es lo que ahora toca”.

El socio catalán de Sánchez, Miquel Iceta, prácticamente se ríe de todo, incluso de las ocurrencias de su aliado español; él sabe que esta furia iconoclasta que Sánchez despliega es solamente un intento de marcar distancias con el político al que odia -escribo “odia”- con toda su alma: Mariano Rajoy.

Desea con ardor desalojarle de La Moncloa y para ese menester se va a conchabar con quien sea, incluso a costa de hacer la pelota a los subversivos separatistas a los que ha ofrecido, tras una bajada de pantalones histórica, crear básicamente el Estado al que ellos aspiran por la vía traumática del referéndum. Hasta Iceta, que es mucho más despejado que Sánchez, sabe que todas las ofertas, desde las económicas a las institucionales, que ambos han planteado a Puigdemont, Junqueras y sus secuaces de menos monta, son inasumibles para la España constitucional. Pero eso a él, a Sánchez, le trae exactamente por una higa.

Lo que ocurre es que los planes de Sánchez, que son únicamente tácticas desleales para desgastar al Partido Popular y en menor medida a Ciudadanos, están encontrando resistencia de nuevo entre sus congéneres del PSOE.

Esta furia iconoclasta que Sánchez despliega es sólo un intento de marcar distancias con el político al que odia con toda su alma: Mariano Rajoy.

Sánchez otra vez más ha perdido Valencia, donde a un pésimo gobernante como Ximo Puig le ha bastado con no proclamar demasiadas idioteces para ganar de corrido al alcalde de Burjasot, el candidato de Sánchez. Así sucede también que el secretario general no cuenta con Andalucía, el feudo en el que Susana Díaz resiste, ha sido derrotado en Extremadura y probablemente no ganará en Madrid. Se trata de las tres federaciones socialistas más importantes de España, las que juntan mayor número de afiliados.

La oposición a Sánchez en Madrid que rige el voluntarioso y pertinaz Antonio Miguel Carmona, está diciendo a quien le quiera oír que bien, que si existe un “acuerdo razonable” entre los dos grupos en tensión, él y su equipo de resistentes renunciarán a presentar su candidatura. Si existe un “acuerdo razonable”. Pero en caso contrario se opondrán a los de Sánchez con todas sus fuerzas.

Sánchez se está conformando con victorias pírricas en regiones como Cantabria o La Rioja, pero tampoco Castilla-La Mancha y Extremadura puede decirse que se hayan pasado ya a su bando.

Y, ¿cómo están las fuerzas en cuestión? Pues hoy mismo al cincuenta por ciento, de modo que en este momento es muy difícil pronosticar de qué lado se inclinará la victoria en el caso de que se produzca la feroz confrontación que ahora mismo parece inevitable.

Sánchez, en todo caso, se está conformando con victorias pírricas en regiones como Cantabria o La Rioja, pero tampoco Castilla-La Mancha y Extremadura puede decirse que se hayan pasado ya a su bando. Ni mucho menos.

En la primera sigue gobernando a trancas y barrancas Emiliano García-Page, un político descalificado y denostado al que Sánchez está utilizando para servir de embrión, de ejemplo para un Ejecutivo nacional formado por el propio PSOE y desde luego Podemos, con el acumulo de separatistas de todo cuño y con sujetos impresentables que puedan pasar por ahí. O sea, Page es el protagonista de una experiencia regional “in vitro” que quiere ser el antecedente de la nacional. A eso también está dispuesto Sánchez con tal de derrocar a Rajoy.

En el Gobierno de la Nación ya están seguros de que el apoyo de Sánchez contra el separatismo va a ser en el mejor de los casos “muy matizado” y, en el peor, sencillamente “inexistente”. Sánchez no es precisamente Tayllerand pero sí que se ha dado cuenta de que la batalla de Cataluña la está ganando Mariano Rajoy a base de soportar todas las embestidas de los rabiosos nacionalistas de Cataluña y constatar que los Puigdemont y demás cuadrilla de salteadores de la Constitución, se están literalmente: “Cociendo en su propio caldo”.

Nada le gusta menos a Sánchez que acreditar que realmente Rajoy está venciendo sin apenas despeinarse, a los “enragés” de Cataluña. Esto no le viene nada bien para su programa de asalto a La Moncloa por eso no le ha dado ni un minuto de respiro al presidente de la Nación, de la única Nación que existe en España, tras aquella entrevista que duró dos horas y media pero que ya se ve que ha saltado por los aires en cuanto Sánchez ha comprobado que la compañía del Partido Popular no le conviene en absoluto.

Como además resulta que la latosa corrupción tampoco le está dando los frutos que preveía y que las comisiones del Congreso son más una opereta bufa que un foro de averiguación de las miserias de cada quien, Sánchez, orate y todo lo que quieran pero al fin y al cabo notable observador de la realidad, está constatando que a medida que pasan los días, Rajoy se está llevando el gato al agua en Cataluña, la corrupción según las encuestas ya no da mucho más de sí y encima la economía se está soltando el pelo y el Producto Interior Bruto va a crecer este año casi un cuatro por ciento.

Contra todo esto, ¿qué se le ocurre? pues nada menos que esto: a Rajoy ni agua, y vamos a por él con toda la artillería que podamos comprar. Aunque se la venda Podemos. Una conducta ejemplar, vaya.

Comenta esta noticia