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Carmena, en un acto público el año pasado

ASÍ ESTÁN LAS COSAS EN MADRID

Carmena, ¿sucesora de Carmena?

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Pese a su reiterado anuncio de retirada, Manuela Carmena podría volver a presentarse a las Elecciones. Con otro equipo y menos imposiciones, pero siempre con la huella de Podemos.

Manuela Carmena anunció, prácticamente al segundo de tomar posesión como alcaldesa, que sólo estaría una legislatura. Y durante la primera parte de ella, incluso se especuló con que abandonaría antes de la primavera de 2019, cuando los madrileños tendrán que ir de nuevo a las urnas. La jaula de grillos que le rodea, un batiburrillo de siglas y facciones agrupadas bajo la marca 'Ahora Madrid' y el inconfundible sello de Podemos, era la gota que colmaba el vaso.

Carmena gobierna una jaula de grillos y no iba a poder elegir a su sucesor: ésa puede ser la clave

La  exjueza Manuel Carmena Castrillo, nacida en Madrid un 9 de febrero de 1944, tendrá 75 años en ese momento. Pero algo ha cambiado y la alcaldesa se está replanteando su propia decisión, consciente de que si al final decide continuar, nadie se atreverá a discutírselo. Ni el mismísimo Pablo Iglesias, responsable de su fichaje, ni nadie de ahí para abajo tiene la suficiente autoridad para oponerse a los deseos de su señoría.

Un laberinto de facciones

¿Y qué le ha podido hacer cambiar de opinión, aunque no sea firme aún? No hay una única razón, pero una destaca: ella quería, de algún modo, participar en la elección de su sucesor, fuera alguien de su equipo -la no muy conocida pero eficaz Marta Higueras, sostén del Ayuntamiento junto a Luis Cueto- o un externo, fuese o no los tan cacareados Baltasar Garzón o Federico Mayor Zaragoza.

Pero Carmena sabía que, una vez entregado el bastón, no iba a tener sencillo elegir nada ni a nadie. A la lucha interna en Podemos, que sigue siendo intensa en la Comunidad de Madrid aunque de puertas para afuera haya tregua; se le añadiría la de todas las sensibilidades, partidos, entidades y siglas que conforman el laberinto de 'Ahora Madrid', un complejo entramado político en el que el partido de Iglesias, no sin razón, intentará imponer su predominio: sin su paraguas, el resto no tendría ninguna opción al presentarse con su propio nombre ante los electores.

Más paro en la capital

Eso pesa en Carmena, pero no es lo único. La alcaldesa es consciente de lo que, por otro lado, ven los madrileños: una ciudad sucia como nunca, una división interna ya estruendosa, un ramillete de escándalos a cuento de temas tan sensibles como Venezuela o Miguel Ángel Blanco y, en general, una gestión tortuosa y resumida en un dato sin precedentes: por primera vez, la capital tiene más paro que el conjunto de la región, algo que nunca había pasado. Y, sin embargo, todos esos datos adversos no parecen pesar en la opinión que el ciudadano tiene de Carmena, mucho más valorada que sus propios resultados.

¿Es el deseo de hacer una lista más preparada para intentar hacer en otra legislatura lo que no se ha hecho en otra, si se revalida una alcaldía muy cara? Probablemente. Intentarlo, en realidad, supone sólo prolongar un par de meses su estancia en el Ayuntamiento: si no gana ni gobierna, algo que la suma de un PP renovado y un Ciudadanos sólido harán muy difícil, no tendrá ni que tomar posesión. Y si lo logra, tendrá las manos más libres que ahora, atadas con grilletes.

 

Colau y Carmena, dos alcaldesas en apuros pero con gran proyección pública

 

¿Más sorpresas?

Sea como fuere, la batalla de Madrid se presenta apasionante. En la capital, lo único seguro es que Begoña Villacís se presentará de nuevo con C´s, ocupando algo más que el puesto de candidata: sin menoscabo del líder formal, Ignacio Aguado, es la persona más cuidada por Albert Rivera en la región donde todo empieza o termina políticamente.

A partir de ella, el resto son dudas. El PP ha encontrado en José Luis Martínez Almeida un sólido jefe de la Oposición para la travesía del desierto derivada del adiós de Esperanza Aguirre, pero todo el mundo da por hecho que en 2019 se convertirá en el escudero de algún peso pesado nacional, con una quiniela que con mejor o peor intención ha incluido nombres como los de Pablo Casado o Soraya Sáenz de Santamaría, dos pesos pesados con mucho futuro y, quizá por eso, no pocos detractores internos: a menudo se adelantan nombres, bajo la apariencia de un sincero reconocimiento, para achicharrarlos antes de tiempo. Así es la política.

En el PSOE, a las incógnitas se le añade la profunda depresión del socialismo madrileño, resumida en la caótica gestión de la representación en el Ayuntamiento madrileño: un candidato apartado, Antonio Miguel Carmona; una portavoz sin predicamento, Puri Causapié, y una guerra eterna entre el sanchismo y el susanismo a la que aún le restan muchas batallas. Con ese paisaje, el único nombre que se atreven muchos a citar es el de Ángel Gabilondo: el actual portavoz socialista en la Asamblea podría cambiar de calle para presentarse a la alcaldía, aunque dar demasiado pábulo a nada ahora constituye un riesgo evidente. Ya se verá.

Iglesias y Errejón, en 2014, en una visita a Bolivia

 

La lucha por Sol

Para la presidencia regional todo está mucho más claro. Al poder incontestable de Cristina Cifuentes se le añade, en lo suyo, el de Aguado en Ciudadanos y el de Gabilondo en el PSOE si finalmente encuentran otro aspirante a la alcaldía. El cuarto en liza, se da por hecho en Podemos, será Íñigo Errejón, a quien puede pesarle la especie que le rodea: Podemos le envía a Madrid, un destino de gran jerarquía, como premio de consolación concedido por Iglesias en persona. Algo que sus rivales sabrán explotar.

Con Carmena como principal duda, pues, Madrid ha llegado al ecuador de la legislatura como un pulso entre el PP de Cifuentes y un Podemos sin cara clara que toma la de su líder nacional como inspiración para casi todo.

 

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