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Carta a Jordi Évole

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A los "Salvados" de La Sexta les suele pasar con el periodismo lo que decía Woody Allen del sexo sin amor, que es una experiencia vacía, pero como experiencia vacía, es de las mejores.

Querido Jordi,

Antes de nada, permíteme que te eche un capote, humilde como una rumba al lado de un aria, pero tal vez oportuna para que una parte del gentío no se alborote con tu trabajo: lo que haces no es periodismo, y con la ficción uno nunca debe enfadarse. Ya está bien de lanzarte improperios, es como chillarle a la pantalla cuando Jack Nicholson salía en El Resplandor intentando matar a la pobre Shelley Duvall. Oigan, tuiteros y espectadores, que es una película y él sólo un actor, no sean tan brutos.

A tu Salvados les suele pasar con el periodismo lo que decía Woody Allen del sexo sin amor, que es una experiencia vacía, pero como experiencia vacía, es de las mejores. Lo que tú das es un espectáculo y el problema es quien lo ubica en el mismo epígrafe que el viejo Informe Semanal en lugar de en la estantería del entretenimiento.

Salvados es un espectáculo y el problema es quien lo ubica en el mismo epígrafe que el viejo Informe Semanal en lugar de en la estantería del entretenimiento

A mí me encanta, como me pirran los documentales de Michael Moore, y el problema lo tienen quienes se toman el estupendo show que brindas como una verdad periodística incontestable certificada ante notario. Tal vez eso es lo que te ocurre a ti mismo contigo mismo y, en ese sentido, harías bien en repetirte antes de cada programa y aclarárselo luego a la audiencia que no eres Woodward; que Salvados no es La clave y que allí no vas a buscar respuestas que ya has decidido previamente, sino a rellenar como se pueda las preguntas dictadas por tus legítimos prejuicios.

Tú ya piensas de antemano que Mercadona enlata gato encerrado; que Amancio Ortega es el puñetero Tío Gilito; que el muchacho de ETA se merece una segunda oportunidad; que Otegi tiene su punto; que la Educación falla porque el Gobierno no contrata a más profesores; que a la Iglesia le ponen los curas pedófilos; que el nacionalismo español es mucho peor que el secesionismo catalán y que, en general, todo lo que no entra en tus parámetros ideológicos y políticos es probablemente pernicioso y seguramente denunciable.

Un monólogo personal

Y desde esa premisa, buscas testimonios que encajen en ella, la refuercen y sirvan para demostrar lo acertado de tus diagnósticos y el arrojo de tu trabajo. No buscas, en fin, la verdad, que es la mercancía del periodismo y el incesante viaje del periodista; sino cómo hacer que tu verdad incompleta, legítima y personalista, no reme sola y encuentre soportes para distinguirla del monólogo personal que en realidad es Salvados y hacerla parecer una prueba irrefutable.

Te bastaría, a ti o a cualquiera, con elegir otros testimonios distintos, igual de incompletos y parciales, para ‘demostrar’ la tesis justamente opuesta y entonces el fracaso escolar sería achacable al absentismo o la mala calidad docente; este fin del terrorismo una bofetada a los muertos (te recomiendo que veas Contra la impunidad, de Iñaki Arteta, vas a alucinar) y el soberanismo catalán una deriva xenófoba y medieval auspiciada desde las propias instituciones, existentes gracias a la Constitución pero desleales hasta la náusea con ella.

Todo esto es más cierto que lo contrario y bastante menos opinable, pues al menos se sustenta en datos oficiales, sentencias y un sinfín de documentación; pero también es una opinión y como tal ha de presentarse y la presento, sin escarceos ni disimulos, sin buscar colegas en la tribu para venirnos arriba; sin esa actitud tan tuya de que todo parezca un accidente, de que tu pasabas por allí y ahí lo dejas y que son otros los que rematan a puerta.

Michael Moore siempre va por delante, no esconde lo que piensa ni defiende y tiene las santas gónadas de decirlo a campo abierto

En realidad, eso es lo que más me jode, y perdona que utilice la palabra. Porque aun no siendo periodismo sino espectáculo -a pesar de que a menudo te expresas como si fueras catedrático de Ciencias de la Información por Columbia-; también tiene unas reglas y no tienes más que fijarte en Michael Moore para darte cuenta: él siempre va por delante, no esconde lo que piensa ni defiende y tiene las santas gónadas de decirlo a campo abierto.

En tu caso, prefieres siempre que parezca la sutil consecuencia de una modesta observación imparcial; el resultado inapelable de un choque de testimonios antagónicos pero en igualdad de oportunidades en el que tú ejerces de sensible moderador; la maravillosa derivada de una innovadora disección de los hechos y, en fin, la humilde conclusión de un riguroso esfuerzo al alcance de pocos.

Es decir, no te conformas con tener la oportunidad –y el talento- de decir lo que se te ponga en tus fosas nasales; quieres que parezca la inapelable consecuencia de haber puesto tú un humilde foco sobre la única realidad posible y hasta entonces ocultada. Y eso no.

Salvados "de luxe"

Contra eso, aunque lo disfruto como un gorrino en una charca o Monedero en el Orinoco, me rebelo, por artero, manipulador y sentimentaloide, tres de los ingredientes que seguramente pensaría Malcom X antes de decir que de esa manera puedes hacer pasar a la víctima por culpable y al culpable por víctima.

Elevar la anécdota a categoría cuando se quiere describir un paisaje global, como hiciste con Mercadona trasformando un par de testimonios en el vehículo para caricaturizar una marca definida por sus datos (te doy algunos: 800 millones en impuestos, 1.300 euros de sueldo medio; se reparte dividendo entre la plantilla; casi 50.000 agricultores, ganaderos y pescadores de proveedores y 76.000 empleos directos) y no por los desprecios o aplausos de dos o tres detractores o partidarios; sólo tiene un pase sin en lugar de parapetarte en una inexistente pulcritud exhibes tus manías a pecho descubierto y dices “A mí ese Roig me cae como el orto” y procedes.

Porque si no, la diferencia entre hacer lo que tú haces y entrevistar a un tipo que asegura que Elvis está vivo u otro que afirma que tú tienes más cara que espalda es inexistente. Espero que no te moleste esta humilde epístola, escrita a partir del reconocimiento a tu capacidad para provocar debate; del aplauso a tu pionera condición de showman y del sincero aprecio por tu inteligencia, habilidad y talento. Lo digo sin ápice de ironía, como un devoto de Salvados que desea larga vida al espacio y largo éxito a su conductor.

No te pido mucho. Con que añadas un “de luxe” como coletilla a tu programa y cuentes con Jorge Javier Vázquez de sustituto en tus merecidos descansos, todos contentos.

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