30 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez pasa de acoger al Aquarius a no saber qué hacer con los cayucos

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez

El Gobierno ni acoge ni expulsa y fracasa en la política migratoria con el mismo estrépito que en casi todo lo demás. Es imposible ser más incompetente e inhumano que en Canarias.

 

La mezcla de incompetencia y demagogia que caracteriza al Gobierno se escenifica también en la crisis migratoria en Canarias, que lleva camino de convertirse en un problema de primera magnitud a añadir a los ya existentes en España.

El Ejecutivo no es capaz de hacer, para empezar, lo que preconizaba desde la oposición, cuando denunciaba las devoluciones "en caliente", acusaba de todos los males al equipo de Rajoy y parecía defender una política de puertas abiertas resumida en la acogida del barco Aquarius al poco de llegar Sánchez a Moncloa mediante moción de censura.

Y para terminar, tampoco es capaz de hacer lo contrario, aplicando sin tapujos las leyes que repudiaba y que el Constitucional y Europa han reafirmado para evitar invasiones que desbordan la capacidad real de acogida en las condiciones de dignidad que todo ser humano merece.

AL contrario, Sánchez ha conseguido hacer mal todo lo que podía hacerse mal a la vez: provoca un efecto llamada con su populismo en este asunto; no evita la acción mafiosa de redes y  extorsionadora de Gobiernos como el de Marruecos con los cayucos; hacina en condiciones inhumanas a miles de inmigrantes; desborda y amenaza sanitariamente a un pequeño pueblo como Arguineguín y, por último, genera un conflicto diplomático con Rabat gracias a la defensa de Iglesias de la autodeterminación del Sáhara.

Sánchez ni acoge ni expulsa: deja que los problemas crezcan y sean aún peores de lo que ya son

Es imposible hacerlo peor y demostrar que tantos Ministerios solo sirven para engordar el gasto público y atender las cuotas de poder reclamada por los socios del PSOE y sus facciones internas. Allí están fracasando Interior, Exteriores, Defensa, Inclusión y hasta Asuntos Sociales. Y de manera estrepitosa.

Lo cierto es que Sánchez ni acoge, porque no hay medios; ni expulsa, en las condiciones de decencia elementales; ni evita la llegada, porque carece de criterio, interlocución, medios o todo ello a la vez. Y aunque Europa es desde luego responsable del control compartido de las fronteras, fue Sánchez quien quiso aleccionar a la Unión sobre cómo debería gestionarse este complejo asunto donde se mezclan razones humanitarias con capacidades económicas, jurídicas y sociales.

La imagen de más de 2.000 inmigrantes encerrados en el puerto de Arguineguín simboliza el estropicio de los discursos infantiles, maniqueos y demagógicos de un tipo de política que solo sabe gestionar emociones pero se estrella con las realidades.

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