30 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La mascarada de Iglesias: todo lo que tapa su orden de acoso y derribo al Rey

El Rey Felipe, atrapado en la pinza Sánchez-Iglesias.

El Rey Felipe, atrapado en la pinza Sánchez-Iglesias.

Al líder de Podemos solamente le queda la Corona para movilizar a los suyos y tratar de salir airoso del tenebroso trimestre que le espera en los tres principales frentes.

Para el sector Podemos del gobierno de Pedro Sánchez la prioridad política, parlamentaria y social en septiembre no va a ser el freno a la segura segunda oleada del Covid ni un plan integral para las residencias de mayores. Tampoco la crisis económica y laboral que se avecina en otoño. Ni siquiera la gestión, a cambio de reformas estructurales, del paquete de 140.000 millones de euros que van a llegar desde Bruselas.

No. La prioridad de Pablo Iglesias, que ha puesto ya a su cúpula y a sus federaciones a trabajar en ello, será el Rey Felipe VI. Con una ofensiva en toda regla que esconde, en realidad, una campaña descarnada de acoso y derribo contra la Jefatura del Estado. Iglesias pretende acorralar y humillar al Monarca en el Parlamento, lincharle en las calles, y despojarle de la representatividad formal que ostenta en las instituciones, como los ayuntamientos gobernados por alcaldes podemitas.

En realidad, el líder de Podemos ultima una imponente cortina de humo para tratar de ocultar sus propios problemas. Muchos de ellos, casualmente, van a ser de nuevo muy visibles en el último trimestre del año.

En septiembre a Iglesias le espera el caso Dina y el caso Calvente. En el primero, ni siquiera está descartado que el juez Manuel García Castellón vuelva a citarle -puede se incluso como imputado- por la destrucción del móvil de su asesora Dina Bousselham. Y en otro juzgado de Madrid, el magistrado aJuan José Escalonill va a comenzar sus diligencias sobre la presunta caja B de Podemos. Con el exabogado del partido, José María Calvente, dispuesto a tirar de la manta.

Y queda por ver también el rumbo que en el Tribunal Supremo toman varias querellas y denuncias en las que Iglesias está inmerso en su calidad de vicepresidente social por la tragedia de las residencias y las muertes masivas por el coronavirus.

 

La brecha en el gobierno de coalición explica la maniobra de Podemos para convertir a la Monarquía en su prioridad para septiembre.

 

En el plano electoral, Iglesias tiene otro segundo frente abierto. Con los Comunes en caída libre en las encuestas para las elecciones catalanas. Y con el inicio del curso político en Galicia, de cuyo Parlamento Podemos ha desaparecido totalmente. En el País Vasco, decisivos en la pasada legislatura, los morados arrancan diezmados e irrelevantes absolutamente.

El tercer frente lo va tener el vicepresidente en lo político. Y pocos éxitos va a poder exhibir Iglesias ante sus votantes ante el giro de Pedro Sánchez hacia la bancada de Ciudadanos. El vicepresidente ya sabe, tras el rescate de Bruselas, que no habrá derogación de la reforma laboral ni su impuesto a los ricos, sus dos grandes compromisos para marcarle la agenda al presidente.

 

Más aún, sabe ya desde hace dos semanas que no va a poder meter mano en el borrador de los presupuestos, que ya confeccionan al alimón la vicepresidenta Nadia Calviño y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

Así que de fracaso en fracaso y con un incierto horizonte judicial, Iglesias ha decidido recuperar su agenda más antisistema agitando a los suyos contra el inquilino del Palacio de la Zarzuela. Queda por saber si Sánchez le va a permitir compatibilizar su papel de dinamitero del vigente modelo de Estado con el de número tres de su gobierno. Un trimestre convertido en una gran mascarada.

 

 

 

 

 

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