07 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Casado y Feijóo hacen piña y comparten hoja de ruta para acabar con Sánchez

Casado y Feijóo, durante la campaña en Galicia

Casado y Feijóo, durante la campaña en Galicia

La relación entre ambos dirigentes es óptima y solo desde fuera del PP se pretende minar: la realidad es bien distinta y éstas son las claves de una alianza con un único rival.

Nada más saber que ganaría holgadamente su cuarta mayoría absoluta, antes de las 22 horas y de que el resultado fuera público; Alberto Núñez Feijóo hizo una llamada: al otro lado de la línea estaba Pablo Casado, con quien sus rivales políticos, y no pocos medios de comunicación, pretenden instigar una rivalidad cercana al desencuentro.

Podría pensarse que fue un acto protocolario entre el flamante vencedor y su preside nominal, pero era mucho más. Desde hace meses, hablan a diario y el contacto entre ambos es constante y sincero. "Se han hecho amigos", explican a ESdiario fuentes del entorno de ambos dirigentes.

Aunque el éxito del primero se pretende presentar como un problema para el segundo, la realidad es bien distinta: lo comparten casi todo y las desavenencias son inexistentes. Que Feijóo hiciera la campaña sin apenas presencia de la imagen corporativa del PP y con muy pocos actos conjuntos con Pablo Casado también se señalaba como una "prueba" de esa rivalidad, derivada de los tiempos en que el gallego sonó como relevo de Rajoy y, después, como sustento de Dolores de Cospedal.

Feijóo y Casado hablan a diario. Fue el gallego quien le pidió a su compañero qué campaña quería que hiciera con él

"Tampoco es cierto, todo lo contrario. Fue Feijóo quien le pidió a Casado expresamente que viniera a Galicia a hacer campaña". Y siguieron un esquema que también funcionó con éxito en el invierno de 2018, cuando Juanma Moreno se batió contra Susana Díaz y Casado acababa de llegar a la presidencia del partido. "Simplemente se reparten destinos para llegar a todos", argumentan.

El anuncio de que Feijóo seguiría los cuatro años en la Xunta de Galicia atendió a dos objetivos: de un lado, que los gallegos no fueran a votar pensando que su posible presidente se escaparía a Madrid huyendo de Santiago de Compostela. Pero de otro, reflejar la sintonía con Casado, a quien ningún barón discute su derecho a encabezar al partido en las próximas Elecciones Generales.

El caso vasco

En ese clima sedoso, sin trabas entre ambos y con una sólida confianza recíproca, el caso vasco podría aparecen como un incómodo baldón. Las cifras atestiguan una caída de votos y diputados con Carlos Iturgaiz, con cinco escaños, cuatro menos de los que tenía. Son datos que no gustan y preocupan en Génova, sede del partido.

En una Euskadi polarizada entre el voto conservador dominado por el PNV, visto como una garantía de gestión incluso por los no nacionalistas; y el resto de fuerzas de izquierdas, el hueco del PP se estrecha y las fórmulas para revertirlo no parecen sencillas. Encontrar a "Feijóo vasco" es el objetivo, pero para muchos existe, salvando las distancias: se llama Íñigo Urkullu y, como el popular gallego, es un hombre tranquilo que disgusta a muy pocos.

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