03 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Dónde está Sánchez?

Pedro Sánchez, en el Senado a finales de febrero

Pedro Sánchez, en el Senado a finales de febrero

El presidente del Gobierno que montó un escándalo por un único caso de Ébola desparece ahora de la escena con 17 muertos, 600 infectados y un 20% más de casos cada día.

 

 

Pedro Sánchez no se ha dirigido a la opinión pública, salvo una breve aparición, desde que estallara la mayor crisis sanitaria de los últimos años. Y no lo ha hecho pese a la congoja general, sustentada en dos factores incontestables: la rápida expansión del coronavirus, que ha provocado 17 víctimas mortales y 600 infectados, y la terrible evolución que ha tenido en países remotos y vecinos.

Hace cuatro años, por un único caso de Ébola perfectamente controlado que acabó con la vida de un misionero repatriado de África, el mismo Sánchez y todo el PSOE inició una intensa campaña de críticas y exigencias al entonces presidente, Mariano Rajoy, al que acusó de "desamparar" a la ciudadanía, de "desgobierno" en España y de "desvergüenza" en general.

Con esta realidad presente y esos antecedentes, que Sánchez lleve desaparecido semanas resulta incomprensible e indiciario de su carácter, tendente a generar problemas que no existen para gestionarlos a continuación con interés partidista mientras, a la vez, se desatienden los problemas que sí están vigentes y se mira para otro lado.

 

El supuesto auge y peligro de la rediviva ultraderecha, con un lenguaje guerracivilista, es un ejemplo de lo primero. Y su desaparición de la escena pública ante la epidemia, de lo segundo. ¿Cómo es posible que todo un presidente dedique más tiempo a alertar contra el franquismo que a explicar qué esta pasando en España con esta enfermedad, por qué no se han tomado determinadas medidas y cuáles se van a tomar con urgencia?

 

 

¿Qué estarían diciendo y haciendo Sánchez y Podemos si el balance de contagiados y muertos hubiera coincidido con un Gobierno del PP? La sensación de que no se han tomado medidas que se acabarán tomando por razones estrictamente políticas, relacionadas con las pocas ganas de aplazar las manifestaciones del 8M, está más que justificada.

Italia enseñaba el camino

Porque no se pueden permitir aglomeraciones masivas en las principales ciudades de España, totalmente contraindicadas por los expertos, mientras se aíslan ya pueblos como el riojano Haro con un despliegue estético que recordaba al de Chernóbil.

España tiene ahora la misma situación que Italia hace dos semanas, lo que demuestra una evolución similar y otorgaba al Gobierno un testimonio anticipado preciso para poder adelantar medidas de contención que ha rechazado sistemáticamente. Si ahora las adopta finalmente, habrá que exigirle responsabilidades a Sánchez sin duda. Por negligencia premeditada y por una falta de liderazgo pasmosa.

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