30 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Hay que cerrar ya el país, cerrarlo de verdad y cerrarlo sin más demoras

Sánchez ha perdido semanas, cuando no meses, en tomar medidas que va a tener que adoptar: no hay alternativas y no existen ya las medidas tintas.

 

 

España tiene que cerrar, de verdad, con las excepciones elementales en servicios y suministros, y cerrar rápido. No tiene otra opción, y si se demora esa evidencia, se llegará igualmente a la clausura del país pero a un precio mucho mayor en términos de salud pública y vidas humanas.

No existe alternativa, y ya hemos perdido un tiempo precioso, fruto del irresponsable desprecio del Gobierno a las enseñanzas que venían de China e Italia, de los consejos de la Organización Mundial de la Salud y de las evidencias que iba ofreciendo la propia crisis sanitaria local.

Habrá tiempo de hacer ese balance y de exigir responsabilidades, que deben ser muchas y precisas, pero ahora toca concentrarse en la respuesta a la emergencia. Y aprender, una vez más, de la evolución que han experimentado otros países donde se han aplicado unas medidas u otras.

Hungría, Croacia, Rusia o hasta Alemania han sido eficaces en términos de contagio al aplicar medidas contundentes del cierre total de sus fronteras desde hace tiempo, algo que España ha tardado en decidir y limitó, ayer, al transporte terrestre.

 

 

Y China y Corea han reducido a la mínima expresión la transmisión del virus, al aplicar un confinamiento total combinado con pruebas masivas de detección de la enfermedad, para aislar a los infectados y cortar la cadena de transmisión: en el país de origen ayer solo se detectaron cuatro nuevos enfermos, lo que unido a la cifra de que 80.000 de los 175.000 enfermos detectados en todo el mundo ya han sanado.

España ya llega tarde a buena parte de eso, que podría y debería haber aplicado de disponer de un Gobierno con los ojos abiertos, valiente y unido. Y no esta orquesta desafinada que ha estado más pendiente de cómo afecta todo a Pedro Sánchez o cuáles son los equilibrios de poder interno que de situar una agenda sanitaria realista como única brújula.

Pero sí se está a tiempo de minimizar los daños humanos y de evitar el colapso sanitario, auténtico peligro para la salud colectiva y el tratamiento adecuado a los afectados. Y para eso, Sánchez debe dejar de espaciar las medidas y aplicarlas todas, a la vez, y sin excepción.

Las sanitarias, las económicas y las sociales. El panorama será tétrico, pero temporal: su alternativa es más funesta, más profunda y más difícil de recuperar.  No existe un Plan B que permita reconducir la alerta sin adoptar medidas traumáticas.

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