20 de marzo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Un budista en la corte del rey Pedro

El presidente "bestializa" a la oposición para tapar la evidencia de que su Gobierno está atrapado por la debilidad y entregado a unas compañías que la sociedad española no digiere.

 

 

El presidente Sánchez ha recibido a Richard Gere en la Moncloa. En el afán por alejar la imagen de groupie del rural desfasado y cuarentón, obsesionado por hacerse una foto con la estrella de las carpetas del cole, se ha insistido desde Presidencia en que el motivo de la reunión era hablar de la gente sin hogar.

Sabiendo que sus únicos apoyos no dan bien en cámara, ¿qué otra vía le queda a nuestro inasequible galán para seguir protagonizando su gran papel?

Se conoce que en España los incontables voluntarios de las docenas de ONG dedicadas a combatir la exclusión social, las monjitas de los comedores sociales y los miles de asesores y funcionarios del Ministerio de Asuntos Sociales no son nada en comparación con la experiencia personal y directa que de ese drama puede ofrecer el magnífico American Gigolo.

Aunque lo que más sorprende es el mucho tiempo del que dispone nuestro presidente. Ayer era el selfie con el Máster del Universo-Trump; hoy, la recogida del autógrafo de su ídolo; anteayer, el vuelo presidencial con su chica al concierto de la banda más in; y mañana, tal vez el abrazo con Bono, haciéndole los coros en un revival de You Are The Word para ayudar a las víctimas de la pobreza energética. En realidad, tiempo para todo y para todos (naturalmente, siempre que creen currículum kennedianol) menos para Pablo Casado.

Nuestro presidente ha anunciado que no volverá a reunirse con el líder de la oposición por causa, y cito textualmente, de su “falta de respeto institucional”. Y es que Él ya no es Pedro Sánchez: Él es el Presidente, la Institución, el Representante de la Democracia Auténtica a la Que Hay Que Volver.

La bestialización

En los tiempos oscuros de la corrupción felipista, les bastaba con patrimonializar el Estado. Hoy, corregir la anomalía de una ciudadanía que hace dos años le dio el poder al centroderecha exige algo más: ocupar todo el espacio político. Y eso sólo es posible mediante la bestialización del contrario, hasta lograr excluirlo del repertorio respetable de las opciones de voto.

 

 

Por eso, sin solución de continuidad con la ruptura de relaciones declarada por nuestro intenso presidente, el ocurrente Tardà, bonachona cabeza de puente de la siniestra ERC, ha acusado a Casado de querer fusilar a los independentistas. Una vez más, la recurrente ecuación: PP igual a fascismo antisistema. En definitiva, el viejo y conocido cordón sanitario montado por el PSOE y los secundarios de siempre.

El terror

Pero es que asediado por los constitucionalistas (esos españoles que no se resignan a perder ni su tierra, ni su libertad -antaño llamados patriotas-) y sabiendo que sus únicos apoyos no dan bien en cámara, ¿qué otra vía le queda a nuestro inasequible galán para seguir protagonizando su gran papel?

El problema es que lo que empezó como una comedia se está transformando en un drama y amenaza ahora con convertirse en una película de terror. Y, mientras, los españoles, que nos creíamos meros espectadores, nos estamos dando cuenta de que quizá seamos los extras, y de que puede que la película no sea una película sino un puñetero documental.

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