La docencia: una labor tan vocacional como pasional

El carácter vocacional de la profesión docente y la pasión con la que es necesario ejercerla choca, en muchas ocasiones, con la falta de reconocimiento social que perciben muchos profesional

Cada año vuelve la ilusión de todo docente por retomar nuevamente la labor educativa. Una profesión muy vocacional, muy pasional pero sobre todo muy emotiva porque nos relacionamos diariamente con unas personas muy especiales como son l@s niñ@s con sentimientos y emociones que plasman con gran sinceridad.

Una vez en al aula, el docente se encuentra con esa realidad, a veces no tan deseada, condicionada por factores como la elevada ratio, la diversidad del alumnado, la problemática que presentan muchos alumn@s de diferente índole así como también los recursos insuficientes tanto a nivel tecnológico como personal que ofrece nuestra Administración.

A estos factores podemos añadir uno más, muy de actualidad, como es la necesidad de dar un giro al proceso de enseñanza-aprendizaje donde el docente hace partícipe al alumnado de su propio aprendizaje, implicando un cambio en la concepción de la enseñanza que en ocasiones requiere de una formación que se hace más que necesaria. Todos estos factores hacen de la docencia una tarea más ardua de lo que parece desde el exterior e incluso de lo que espera el propio docente.

Es, por tanto, necesario e importante valorar esta gran profesión que representamos porque un docente, a pesar de las circunstancias en las que se encuentre, intenta siempre sacar toda su creatividad y originalidad desde el momento que entra por la puerta de su aula y de su centro hasta que sale de ellas. Siempre con la intención de motivar al máximo a esos pequeños observadores, de involucrarlos en las mismas con la intención de llegar a todos los niveles de aprendizaje que conviven dentro del aula, con la intención de atender todas las necesidades de su alumnado y todo ello, haciendo uso de los pocos recursos de los que se dispone.

 Tal vez, el gran reto con el que se encuentra el docente sea el cómo hacer frente a todos estos factores ya mencionados día tras día, curso tras curso puesto que ello requiere de una formación centrada en ofrecer recursos para organizar el aula, en proporcionar estrategias para gestionar los comportamientos que surgen en la misma, en alcanzar un nivel más avanzado en algunas parcelas determinadas…

Toda esta preparación habría que dirigirla hacia un enfoque más práctico y no tan teórico sobre cómo enfocar los esfuerzos y el trabajo para obtener el mayor rendimiento del alumnado atendiendo a cada uno de ellos según sus necesidades, sus circunstancias personales… y hacer frente a las situaciones que se planteen. Y, sobre todo, en un requerimiento masivo a la Administración para que tenga en cuenta todos estos factores que obstaculizan una labor como la nuestra, donde hay tanto en juego.

En conclusión, es fundamental no perder el valor por esta gran responsabilidad que ejercen los docentes, por en ese trabajo donde solo se ven, en ocasiones, los aspectos secundarios y, por tanto, menos relevantes que genera ese olvido hacia la verdadera tarea que tiene encomendada y que lleva a cabo el docente. Esa sensación que a veces invade la mente de un docente con ideas erróneas de no sentirse valorado. Resulta, por tanto, indiscutible que el docente es una pieza clave en el ensamblaje de esta sociedad, presente y futura. Es la persona que ejerce de guía durante el proceso de enseñanza-aprendizaje de multitud de alumn@s y por tanto, la base de ese futuro que está por llegar.

*Maestra y delegada sindicato CSIF Educación

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