20 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El viaje de Albert Rivera a Venezuela se vuelve en contra de Pedro Sánchez

El líder de Ciudadanos no se fue de vacío a Caracas. Su inteligente forma de preparar la visita en plena precampaña electoral ha rebotado de manera fulminante en la imagen del socialista.

La opresión de las libertades y la equivocada política de Nicolás Maduro han llevado al régimen a su fase terminal. El chavismo ha dado muestras de su preocupación por el interés mediático que ha despertado la visita de Albert Rivera. De hecho, las amenazas previas a su llegada de expulsarlo del país, echando mano incluso del muy revolucionario recurso de la conspiración o unas oportunas dificultades técnicas surgidas en la emisión a su paso por la Asamblea Nacional, fueron muestras de su desesperación en vista de que el viaje multiplicaba el foco sobre la grave crisis política, económica y humanitaria que hoy padecen los venezolanos.

El sistema chavista está colapsado y no necesita decretar estados de excepción, sino un cambio democrático profundo. Cualquier observador ecuánime así lo defiende. Hoy el país depende más del exterior que nunca. Incapaz de atraer nuevas inversiones extranjeras, por la inseguridad jurídica y por la flagrante falta de libertades, asfixiado también por la propia  incompetencia y el sectarismo de sus mandatarios, Maduro, sin embargo, apuesta por el hostigamiento a la oposición, incluso encarcelando a sus representantes políticos, para que nada cambie. Es su desesperada y suicida manera de intentar seguir mangoneando el país. El líder de Ciudadanos ha repudiado de forma reiterada y en términos inequívocos a tan desquiciado régimen. La estancia en el país está permitiendo a Rivera mostrar públicamente la solidaridad con sus víctimas, que a la postre no es otro que el conjunto del pueblo venezolano, tan ligado con el español por tantas razones.

Rivera tuvo la prevención de dejarse asesorar por el ministro García-Margallo, a petición del cual se reunió con el ex presidente Rodríguez Zapatero

Apelaba Rivera a los parlamentarios ante la cámara Legislativa a tomar las riendas de su futuro y reivindicar la salida de los presos políticos, la ayuda humanitaria y el respeto a sus leyes. Un futuro, según sus aplaudidas palabras, sin vencedores ni vencidos. “Tiene que haber un pueblo unido, un pueblo que mira hacia adelante, que pasa página, para empezar a hacer cosas distintas”. En esa línea, el presidente de la formación naranja puso como ejemplo la Transición española y pidió a los venezolanos no confundir el enemigo y contar con España “que nunca les va a abandonar”.

A pocas horas de partir hacia Caracas, Rivera tuvo la prevención de dejarse asesorar por el ministro de Exteriores español, José Manuel García-Margallo, a petición del cual se reunió con el ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de vuelta precisamente del país latinoamericano. En esa cita, valoraron los pros y los contras del periplo. Un viaje muy arriesgado, sin duda. Ambos le instaron a dejar abierta la puerta a contactos con representantes de Maduro hipersensibles a todo tipo de respaldo internacional a la disidencia. Y así lo hizo. Una actitud inteligente. De igual manera, asesorado además por Felipe González gracias a un amigo común, ha puesto especial cuidado en tener encuentros con todos los sectores de la oposición, “unidos” en la Mesa de la Unidad Democrática.

La colaboración desplegada con Rivera ha contrastado con el desinterés mostrado por Pedro Sánchez

La presión sobre el régimen bolivariano y el respaldo a una oposición, con buena parte de sus líderes víctimas de graves violaciones de los derechos humanos, resultan de vital importancia. La colaboración desplegada por el Gobierno del PP, en el centro de los inaceptables y groseros ataques de Nicolás Maduro, y por dos ex presidentes socialistas con Albert Rivera ha contrastado con el desinterés mostrado por Pedro Sánchez con quien fuera su socio de investidura. Ni siquiera ha mediado una llamada.

Sea como fuere, una nueva era va a acabar abriéndose en Venezuela con la restitución plena de los valores democráticos. Los chavistas se encuentran a un paso de convertirse en polvo de la Historia. Las largas colas de los ciudadanos para tratar de adquirir productos de primera necesidad son, por desgracia, el catastrófico día a día de Venezuela. Ante ese escenario, España debe implicarse a fondo para ser un aliado preferente de ese país. El paso de Rivera sube un peldaño más en el apoyo al amigo venezolano que soporta un drama humanitario inaceptable desde cualquier punto de vista.

 

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