Las lecciones del coronavirus

Salvador Illa y Pedro Sánchez.

Salvador Illa y Pedro Sánchez.

Como en todas las crisis, es posible encontrar oportunidades si uno se lo propone (ya saben aquello de los que corren cuando sopla la tormenta y los que, en su lugar, construyen molinos).

En primer lugar, el coronavirus ha infectado mortalmente al populismo progre y alumbra la esperanza de que España pueda recuperar la cordura. De la izquierda ya se sabía todo. Quien tuvo ojos para ver y oídos para escuchar, lo supo: que eran mentirosos. Pero también que eran ineptos - solo hay que fijarse en cómo destruyeron las economías de la Europa del este. La desastrosa gestión de Pedro Sánchez revela la incompetencia e improvisación de un gobierno física y metafísicamente imposible, erigido sobre la ridícula peana del independentismo. Desgraciadamente no es verdad que lo peor está por llegar. Lo peor ya había llegado y era Pedro Sánchez. Lo peor era el PSOE.

Nadie nace a la vida con manual de instrucciones y ello no impide distinguir un listo de un necio

Dijo el Presidente del Gobierno, en su alocución de 17 de marzo, para excusar su propia responsabilidad, que nadie tenía manual de instrucciones. Nadie nace a la vida con manual de instrucciones y ello no impide distinguir un listo de un necio. Llegará el momento de ajustarles las cuentas, pero ahora es tiempo para la unidad de la nación, tiempo para afirmar la íntima confianza en nuestras capacidades.

Desde comienzos de la democracia ningún presidente ha conseguido superar una crisis de tan hondo impacto como la que estamos viviendo hoy. Incluso Rajoy, que lo hizo razonablemente bien en lo económico, pagó el precio por su cobardía en la crisis catalana. Pero si Pedro Sánchez saliera bien parado, entonces obtendrá las mayorías necesarias y no necesitará refocilarse en las miasmas de la charca populista. Si sale mal, por el contrario, sus rivales en Ferraz no tardarán en acuchillarle y el PSOE tendrá de nuevo una oportunidad de volver a su alma del 78. Tal vez, entonces, quepan los consensos que permitan rediseñar el país del futuro, comenzando por la reforma de la Ley electoral, que evite que los sucesivos gobiernos nacionales sean rehenes de los traidores a la nación.

Porque la memoria es olvidadiza y la gratitud efímera, los ciudadanos repararán de nuevo en lo valiosos que son los empresarios, criminalizados por el social-comunismo, y comprenderán que sólo generando riqueza se puede repartir.

El coronavirus también tendrá un hondo impacto en la microeconomía. No solo, obviamente, por las consecuencias dramáticas para la vida de muchas personas, como consecuencia de la enfermedad y la recesión que la seguirá inevitablemente. Al menos durante un tiempo, porque la memoria es olvidadiza y la gratitud efímera, los ciudadanos repararán de nuevo en lo valiosos que son los empresarios, criminalizados por el social-comunismo, y comprenderán que sólo generando
riqueza se puede repartir. Ali Baba y sus cuarenta ministros son prescindibles: las empresas, no. Con esta crisis, muchos empresarios han entendido también que era necesario salir de su zona de confort, inventar nuevas formas de trabajo y economía, desprenderse de lastres del pasado. En la noche de San Juan no sólo se queman los trastos viejos, sino que se vislumbra el futuro en el flamear de las llamas.

Finalmente, la crisis puede cambiar el orden geopolítico. En China comenzó el coronavirus. Pero este país tiene ahora una oportunidad trascendental para revertir esa crisis reputacional, si prohíbe a los suyos aprovecharse del indefenso, del débil, del Cándido: del Ministro de Sanidad español. China será la primera en vencer la pandemia y será también la primera en darle al mundo una vacuna. Frente a ello, la UE desunida e insolidaria vive quizás su definitiva descomposición y Estados Unidos hace mucho tiempo que renunció a su liderazgo. China puede convertirse en la nueva gran potencia: solo ella tiene recursos para hacer un plan Marshall que permita reconstruir molinos en el mundo, cuando cese la tormenta.

Posdata: Mientras farfulla el telepronter, al papanatas se le advierten todos los signos de la angustia en el rostro angosto e insustancial. Con el fin trágico de tantas vidas, Pedro Sánchez asiste también al final de su propia carrera política. Pero a diferencia de los ciudadanos que mueren en los pasillos, ellos tienen asistencia privilegiada y las mejores clínicas privadas. Aristocracia roja, aristocracia de salón. Con ellos se manifestaba gallardamente, pancarta en ristre, Salvador Navarro.

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