23 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Prisión permanente revisable no: perpetua para asesinos y violadores de niños

Ana Julia Quezada, asesina confesa del niño Gabriel

Ana Julia Quezada, asesina confesa del niño Gabriel

El autor defiende la cadena perpetua, sin revisión, para asesinos y violadores de niños. Y no lo considera venganza, sino justicia elemental por la dignidad de los padres de las víctimas.

 

 

Detesto la cobardía en los políticos, sobre todo la que nace del miedo al qué dirán desde la potentísima maquinaria de adoctrinamiento progre, que domina prácticamente todo el espectro cultural, académico y mediático sin tolerar disidencias: mucho cuidado con lo que dices que te llamo facha

Así que no entiendo por qué si eres un político o tertuliano no progre, tienes que autocensurarte y hacer cesiones ante la supuesta superioridad intelectual y ética de una izquierda que en España cada día que pasa pierde un poquito más el norte.

Como quiera que yo no soy ninguna de esas dos cosas —ni tertuliano, ni político—, no necesito gracias a dios camuflar semánticamente mis sentimientos y pedir la prisión permanente revisable.

Yo puedo decir la verdad, puedo expresar lo que siento, y lo que siento es que una persona que es capaz de asesinar a sangre fría a un niño, dándole primero un golpe con un hacha para luego asfixiarle, meterle en un agujero de tierra que había ya cavado antes del asesinato, y luego pasearle desnudo en un maletero para intentar escapar de la acción de la justicia no merece volver a ver la luz del día en libertad, nunca, se reinserte o no; concepto éste por otro lado imposible de asegurar como se ha demostrado tantas veces.

Pero el amo del tinglado mediático tenía otros planes para sus súbditos, así que desde el primer momento a través de su “portavoza” dejó claro cuál debía ser el mensaje que luego repitieran cual mantra mansoniano uno de tras de otro todos los tertulianos afines, acólitos de las redes y su prole política, que incluye también ya de facto a todos los desnortados socialistas mal guiados por un esperpento de líder.

Dos eran las ideas que las ovejas debían repetir en los siguientes días como papagayos:

La primera que la prisión permanente revisable no había evitado la muerte del pequeño Gabriel, que no estaba demostrado que tal medida evitara muertes.

Por supuesto que no querida “portavoza”, ¿es que los 25 años de prisión que había antes de la modificación del código penal para este tipo de actos atroces las evitaban? Pues deroguemos los 25 años…

Dignidad

Y ahora dígame usted, ¿qué pena evita muertes? Los asesinatos existirán mientras haya personas malvadas, que mucho me temo, será siempre. Como quiera que no existe pena posible que los evite, lo menos que podemos hacer es justicia. Y como con el niño ya no podemos, al menos démosle dignidad a los padres.

 

Los dos machos alfa piden la perpetua para los dictadores de Argentina y aquí dicen que la revisable atenta con los derechos humanos

 

En EEUU un condenado por este tipo de crímenes entra en la corte penal con un mono naranja, la cabeza rapada y esposado al cuello de pies y manos para limitar sus movimientos. Es la manera que la justicia administrada en nombre del pueblo le dice a los padres de la víctima presentes en la sala: no podemos devolverte a tu hijo, pero mientras estés aquí al menos podemos devolverte la dignidad, vosotros iréis con la cabeza bien alta, y el asesino la agachará al pasar a vuestro lado.

En España en la Audiencia Nacional se ha tenido que construir una mampara para que los terroristas no interrumpieran el juicio con sus insultos y amenazas, mientras en la misma sala los padres de los asesinados lloran en una esquina con el sentimiento de humillación y desprotección escrito en su rostro. No tenemos dignidad.

¿Venganza?

El segundo mantra que todos los esclavos del amo tenían que repetir a una voz suya es que pedir la prisión permanente revisable era venganza y no justicia.

Pues no, mentira. Venganza sería darle un hacha a la madre y permitir que hiciera con la asesina lo mismo que ella hizo con su hijo, eso sería venganza.

Una sentencia dictada al amparo de un tribunal de justicia en el ámbito de una ley que tienen la mayoría de las democracias occidentales no es bajo ningún concepto venganza.

Pero lo mejor de todo es que desde la atalaya de superioridad en la que hemos subido a estos jóvenes revolucionarios, la mayoría analfabetos, se permiten decidir nada más y nada menos qué es justicia y qué no lo es, casi nada.

Llevamos siglos legislando en derechos humanos sí, pero siempre de los delincuentes. Hemos pasado de las mazmorras a los trabajos forzados hasta llegar a las cárceles con piscina. De la pena de muerte a la cadena perpetua hasta llegar a que un condena revisable para un asesino o violador de niños sea una venganza. Hemos supeditado el elemento fundamental de la pena: la retribución, que pague por lo que ha hecho, a el concepto guay de la reinserción, sin pararnos a pensar que quizá no todos los delincuentes son reinsertables, y digo más, que quizá incluso habiéndose reinsertado no nos debamos plantear ni siquiera que todos puedan volver a vivir en libertad.

¿Pueden sus víctimas? ¿Alguien que mata a sus dos hijos cortándoles la cabeza con una sierra mecánica puede volver a la calle libre si alguien decide en un informe técnico que está reinsertado?

Conmigo que no cuenten, me da igual que me llamen facha, ya casi estoy intranquilo cuando acaba el día y un tonto útil de estos del rebaño no me lo ha llamado.

Para hablar de derechos humanos primero habrá que ver si estamos ante un ser humano. ¿Qué humanidad puede haber en asesinar o violar a niños indefensos para luego hacerlos desaparecer ante el sufrimiento de sus padres?

En caliente, sí

¿Legislar en caliente?, claro que hay que legislar en caliente, no se hace justicia para que los progres de salón se sientan a gusto en el sofá de sus casas, se hace justicia para reconfortar a unos padres que a partir de ese día ya estarán muertos en vida hasta que les llegue el final, con lágrimas perpetuas en los ojos de mil noches sin dormir. Se hace justicia para reconfortar a quién sufrió la injusticia.

Los dos machos alfa de la izquierda, Iglesias y Garzón (a Sánchez por motivos obvios no lo contamos ni como izquierda, ni como macho alfa), que hace cuatro días apoyaban la imposición en Argentina de la cadena perpetua a responsables de la represión en la dictadura de aquel país como un hecho de “memoria y justicia”, y pedían que cundiera el ejemplo en España, hoy, siguiendo los principios éticos de la escuela marxista grouchiana, hablan de que la prisión permanente revisable es incompatible con los derechos humanos.

A mí, repito, podéis llamarme facha, al fin y al cabo casi la totalidad de las personas que utilizan ese insulto no son conscientes de lo que Churchill ya predijo hace décadas: “los fascistas del futuro, se llamarán así mismo antifascistas”.

Me da exactamente igual lo que me llaméis, yo no pido ni 25 años, ni prisión permanente revisable ni ostias. Yo para estas alimañas pido cadena perpetua. Debo ser una mala persona, un tío malvado entre tanto progresista valedor de los derechos humanos.

 

 

 

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