21 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Iván Redondo, el ministro sin cartera que fabrica las "grandes ideas" de Sánchez

Pedro Sánchez y su jefe de gabinete, Iván Redondo, en un efusivo gesto en La Moncloa.

Pedro Sánchez y su jefe de gabinete, Iván Redondo, en un efusivo gesto en La Moncloa.

El jefe de Gabinete del presidente está detrás de la iniciativa para suprimir los aforamientos, cómo no. No tiene cartera pero manda más que si la tuviera, y Sánchez confía ciegamente en él.



No tiene nada de tonto. Domina la técnica de la comunicación, la puesta en escena y sabe calcular el impacto de una idea o de un discurso. Basta una frase breve para que todo lo demás pase desapercibido.

Quizás por ello, y bien consciente de su extrema debilidad parlamentaria, Pedro Sánchez le ha cogido y no le ha soltado. De modo y manera que, como aseguran algunos socialistas, Iván Redondo, jefe de Gabinete del presidente, se ha convertido en un superministro sin cartera.

Por su mesa pasa la agenda del jefe del Ejecutivo y él solito es todo un laboratorio de iniciativas. Poco tienen que ver con cuestiones de fondo, que para eso están los ministros.

La conmemoración de los cien días de Gobierno no ha sido una idea de la vicepresidenta, Carmen Calvo. Ha tenido el santo y seña de un experto de la puesta en escena, con frase que tapona todo lo demás. Hablar de conmemoración con 84 escaños y cuando hasta para respirar depende, por ejemplo, de los muy escasos escaños independentistas, no deja de ser un alarde que no se ajusta a los mínimos principios de ponderación.

Como si de la presentación de un videojuego se tratara, el presidente de Gobierno ha anunciado su propósito de llevar al Congreso la supresión de los aforamientos. Ha sido Ciudadanos quien ha hecho bandera de esta cuestión en Andalucía y el PP lo lleva en su programa electoral. No es pues una medida, en sí misma, estruendosa. Pero en política propuestas y tiempos, a veces, son dos circunstancias indisociables.

Iván Redondo, que sabe leer la prensa, que conoce bien el alcance y eco de las noticias, tenía el acto bien estudiado. No consta cuándo inició su preparación ni cuándo se le ocurrió la idea. Desde luego no es algo improvisado y, casualidad o no, habrá que reconocer que tanto el acto como la propuesta lanzada por el presidente no se han realizado en un momento inocuo.

 

Pedro Sánchez, este lunes durante el acto sobre sus primeros 100 días de Gobierno.

 

Dolido, no menos que Pablo Casado, por la polémica sobre su tesis, plantado por los independentistas en la propuesta de dialogo “dentro de la legalidad”, las permanentes y crecientes exigencias de Podemos para aprobar los Presupuestos, los aireados consejos de Pablo Iglesias para que hiciera publica su tesis y las ignotas negociaciones para sacar adelante los Presupuestos; sin olvidar Cataluña y las bombas láser que como son inteligentes no van a matar yemeníes, habían colocado -y ahí sigue- a Sánchez en una situación realmente difícil. Imposible sacar pecho ante tanta debilidad.

Es en este contexto en el que lanza la supresión de los aforamientos. Albert Rivera, satisfecho, dice que han logrado doblegar al bipartidismo y el PP afirma que de acuerdo pero que mejor esperar no sea que rectifique; es decir, que reflexione como quedó bien claro en la entrevista con Ana Pastor: no hay rectificaciones, hay reflexiones.

Lo cierto es que por aplaudida que sea la medida, la lanza quien solo tiene 84 diputados y para que la misma salga adelante, el PP es el partido imprescindible. Es más que probable, por no decir seguro, que la apoyará pero “si se suprimen aforamientos no solamente para el Congreso, para todos”. La propuesta popular no es descabellada. ¿Por qué unos sí y otros no?

Pero el presidente no tendrá que lidiar solo con el PP. Ahí está Podemos, que en coherencia con lo que ha defendido siempre, advierte de que cualquier modificación constitucional debe ser sometida a referéndum. Iglesias no ha improvisado. Lo ha dicho siempre.

Hay que reconocer, aunque sea una demasía, que Iván Redondo, el ministro sin cartera -al estilo de María Pico en el Gobierno de Mariano Rajoy-, ha realizado un novedoso formato para las conmemoraciones gubernamentales, pero lo que no podrá modificar de ninguna de las maneras es la minoría estrepitosa con la que Pedro Sánchez gobierna.

El debate jurídico sobre los aforamientos no es menor. Pero ese no es asunto de Redondo. Lo suyo es mecer la cuna del presidente para que las heridas de la batalla solo sean reflexiones.

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