La tensa espera en Ciudadanos hasta el congreso de marzo

Las discrepancias entre los diversos sectores pueden convertir en insoportable la larga espera

Ha pasado más de medio año desde las últimas elecciones locales y en la sede autonómica de Ciudadanos todavía ondea el cartel de ´Fernando Giner ¡Vamos!' . La cuestión podría parecer anecdótica de no ser porque si ha existido el planteamiento de quitarlo. No obstante, ante la duda de si podría herir susceptibilidades o de si podría provocar enfrentamientos en la actual tensión interna del partido, han preferido mantenerlo a pesar de que ha quedado desfasado.

"La paciencia no es solo la capacidad de esperar, es cómo nos comportamos mientras esperamos". La frase de la televisiva Joyce Meyer, autora de decenas de libros sobre la vida cristiana, bien podría trasladarse al día a día de algunos partidos políticos y a ese comportamiento mientras esperan. Porque, en la actualidad, todos están esperando. En la mayoría de los casos, a saber si Pedro Sánchez logra ser investido presidente y el PSOE mantiene el gobierno. Pero en una minoría, y en especial en uno, Ciudadanos, la espera es la de la propia subsistencia. 

Si recurrimos a un símil médico, podríamos señalar que está en la UCI aguardando un transplante urgente. En su caso, el de una líder carismática que sustituya al presidente caído. Lo mejor para Ciudadanos, y lo inhabitual en el panorama político, consiste en que disponen de esa persona, que cuentan con una Inés Arrimadas a la que la militancia adora y cuyo tirón electoral ya demostró en las últimas elecciones autonómicas en Cataluña. Lo peor para la formación lo constituye el hecho de que hasta marzo, dentro de más de tres meses, no se producirá ese ´transplante´, ese relevo. Y el paciente lo necesita con urgencia.

Ciudadanos se está agrietando día a día, y la Comunidad Valenciana supone un buen ejemplo de la situación. Ante la falta de una ejecutiva nacional fuerte, o ante el hecho de haber refrendado al antiguo Comité Permanente en forma de Comisión Gestora, los bandos comienzan a extender sus tentáculos y a no mostrar empacho en exhibir sus diferencias ni sus enemistad creciente dentro del mismo partido.

Todo ello detrae energías y descentra en el papel de oposición. Lo estamos viendo en el propio grupo de Les Corts, con un síndic, Toni Cantó, casi desaparecido esta semana después de una quincena de actividad frenética en la que quería estar incluso donde ni le llamaban ni contaban con él. Eso a costa de faltar a otras citas a las que sí se había comprometido. 

Esa hiperactividad y, sobre todo, la petición pública por parte de Cantó de unos cambios que no se han producido, han reabierto unas heridas que en Ciudadanos nunca restañaron. Tanto desde Organización como desde Acción Institucional se habían limitado a convivir con el síndic, sin más. Eso sí, trataban de disimular la antipatía que les generaba la pretensión de mando del candidato impuesto por el presidente nacional, Albert Rivera, y guiado por el secretario general, José Manuel Villegas

Pero tras las andanadas públicas de Cantó, incluida la despectiva pregunta retórica referida a Fernando Giner, el alcaldable por Valencia, de ¿quién es el portavoz?, ya nadie oculta, dentro del sector orgánico-institucional, el desagrado con el síndic, que ha buscado en Les Corts su guardia de Corps. Entre sus apoyos destaca Fernando Llopis dirigiendo la batura del grupo de Ciudadanos y coordinando su actividad. Y también cuenta con la lealtad de la bregadora diputada Mamen Peris, que le llevó incluso a abstenerse públicamente en la votación del consejo general del pasado sábado para refrendar la gestora. Rut Merino o Emidgio Tormo son otros de sus báculos frente a un creciente número de críticos internos en el propio grupo en Les Corts.

La pregunta consiste en si serán capaces ambos sectores de aguantar tres meses más en esta situación de desconfianza y pugna interna. Si en las tres semanas cortas que han trascurrido entre las elecciones del 10 de noviembre y el consejo general del 30 las posturas se han tensado; ahora, con tres meses por delante, la situación puede llegar hasta el límite y llevar al grupo de Les Corts a resquebrajarse. O a producir las primeras fugas en un partido que, de no apuntalarse rápido, corre el peligro fragmentarse en numerosos grupúsculos e incluso de desmoronarse.

Mientras el resto de formaciones políticas tiene la mirada puesta en la investidura, Ciudadanos la posa en sus circunstancias internas y en cómo llegará a marzo. De estos tres meses, y de cómo sepa mantener prietas las filas y no demasiada desmoralizada a su militancia (el cómo nos comportamos mientras esperamos de Joyce Meyer) dependerá que el congreso de marzo pueda servir para revitalizar el partido o que, por el contrario, cuando se produzca esa cirujía política, el ´trasplante´ llegue demasiado tarde.

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