20 de octubre de 2020 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

De Nenuca a Carmen, el discreto encanto de la matriarca de los Franco

La muerte de Carmen Franco abre una brecha entre sus herederos

La muerte de Carmen Franco abre una brecha entre sus herederos

La historia de Carmen se escribe entre algodones y discreción. Tras su muerte, queda un importante patrimonio para repartir que puede levantar rencillas entre los suyos. Se avecina tormenta.

Fue el verano pasado cuando a Carmen Franco le diagnosticaron un cáncer terminal. Lo aceptó con esa resignación que tanto alabaron en ella quienes la trataron en privado. Fueron pocos, muy pocos, tan solo la familia y un puñado de elegidos. Porque si algo tuvo claro esta mujer es que no debía abandonar el perfil bajo que escogió tras la muerte de su padre.

En medio de la discusión sobre quién sería su sucesor, Franco llamó a su hija a su despacho y le dictó el testamento que ella transcribió a máquina. Se lo dio para que lo guardara. Nadie supo lo que contenía hasta que Carmen, una vez falleció su padre, se lo entregó a don Juan Carlos. No es extraño, por tanto, que el rey emérito confesara en aquellos días de transición: “Los Franco sabían, porque yo se lo había repetido hasta la saciedad, que mi primera ocupación cuando estuviera a la cabeza del estado sería impedir por cualquier medio que se hiciera un memorial de agravios cometidos por el régimen franquista…”, recoge Pilar Eyre en La soledad de la reina (La Esfera)

La vida de Carmen estuvo marcada desde la cuna por un pestillo invisible que la separaba del resto de la sociedad. Creció a la sombra de su madre y no se le permitió apartarse de su lado. No fue a la escuela ni tuvo amigas. Su único novio fue el marqués de Villaverde, con quien se casó y tuvo una larga descendencia.

Carmen no disfrutó de un matrimonio feliz. Cristóbal pronto dio indicios de su gusto por las amistades femeninas y se vanagloriaba de sus aventuras ante cualquiera que quisiera escucharle. Mientras tanto, su mujer, miraba para otro lado. Tal como le enseñó su madre de pequeña, “El matrimonio es para toda la vida”. La vida licenciosa del marqués hizo que su suegro le retirara la palabra. Le dolía ver a su hija convertida en el hazmerreír del todo Madrid pero para él el vínculo matrimonial era indisoluble.

Al igual que la duquesa de Alba, Carmen Franco no fue una madre al uso. Sus compromisos sociales hacían que se ausentara de casa a la hora en que sus hijos regresaban del colegio. Los niños Martínez Bordiú crecieron al cuidado de las tatas. La propia Carmen reconoció que fue poco cariñosa con su prole porque lo de los besos y abrazos no iba con ella.

Una  de las grandes cualidades de Carmen fue que no se metía en nada. En relación a sus hijos, jamás les recriminó ni una sola de sus elecciones y estuvo a su lado cuando fueron mal dadas. Pasando de la opinión de su marido, no dudó en apoyar a su hija Carmen cuando decidió romper su matrimonio para irse con Jean Marie Rossi. Ella sabía, desde el principio, que lo de Carmen con Alfonso de Borbón estaba condenado al fracaso y también que la unión no se hubiera producido jamás de no ser por el empeño y la perseverancia de su marido, que se veía convertido en padre de la futura reina de España.

Los últimos años de la vida del marqués de Villaverde fueron complicados para su mujer, que tuvo que lidiar con el protagonismo de su esposo en las revistas del corazón por su amistad especial con una joven con quien no dudaba en pasar fines de semana en la casa familiar del pantano de Somosaguas. Mientras tanto, ella descubrió otra vida viajando. Le encantaba escaparse con sus amigas al extranjero donde pasaba completamente desapercibida y sin testigos de vista que fueran con el cuento a la prensa.

Los Franco lloran la muerte de su matriarca, una mujer a la que definen como única y especial. Sin demostrarlo, era el pegamento que unía a la familia cuando las rencillas saltaban. Las relaciones entre hermanos no son tan buenas como cabría esperar. El más temido por todos es Francis, hasta ahora gestor del patrimonio familiar cuyo valor, en la década de los setenta, se calculaba en cien mil millones de pesetas. Si tenemos en cuenta que la familia ha seguido en la rueda de los negocios, la fortuna de los Franco es inmensa.

El reparto del legado de Carmen Franco puede desatar encontronazos entre los suyos. Todos ellos y ellas forman parte del entramado societario. Sin embargo, es Francis quien ha estado a la cabeza de una organización que algunos han dado en llamar Los Franco S.A. título de un maravilloso libro de investigación que escribió Mariano Sánchez Soler y que los interesados en el asunto deberían rescatar.

 

 

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