15 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El independentismo delira y se enfrenta en público como nunca

 

 

La propia transformación de la Diada en un aquelarre independentista es una prueba, bochornosa, de la naturaleza del independentismo, cuyo único resultado práctico ha sido la triste división de la sociedad catalana.

La usurpación de una fiesta de todos, con la exclusión agresiva de la mayoría de los catalanes, exhibe los verdaderos valores supremacistas de un movimiento que, además de ilegal, es profundamente antisocial y persigue a los suyos si no portan su bandera frentista.

Pero además, la Diada ha servido para algo más que refrescar los delirios del separatismo, convencido pese a las evidencias de que está siendo perseguido por sus opiniones y aspiraciones democráticas: hay que estar muy envenenado para intentar huir de la misma Europa por la que mueren ahogados tantos inmigrantes deseosos de llegar.

Rescatados

Y hay que estar muy alejado del raciocinio más elemental para despreciar al país que, más allá de lazos culturales, legales, históricos y sociales; paga desde el FLA y otros mecanismos económicos de rescate las nóminas de los funcionarios o las pensiones de los jubilados catalanes.

El independentismo construye una República inviable y sectaria mientras, en realidad, se pelea por retener o abordar el poder autonómico

El nacionalismo catalán no solo es anticonstitucional, también en un alocado sainete de personajes que provocan un daño objetivo a los ciudadanos mientras, eso sí, sus estandartes mantienen un estatus de privilegios económicos resumidos en el formidable salario de Quim Torra, uno de los mayores de cualquier cargo público en España.

La República imaginaria

Pero además, en esta ocasión, la Diada ha sido el pavoroso escenario para visibilizar la fractura dentro del nacionalismo, con dos facciones enfrentadas y dispuestas a aniquilarse para, vaya paradoja, hacerse con el control autonómico de Cataluña.

Porque el pulso entre Junqueras y Puigdemont, vestido de un enfrentamiento en clave independentista, es en realidad una pugna por gobernar la Generalitat tras las próximas Elecciones Autonómicas, previstas para 2020 si no hay adelanto.

Todo lo que dicen y hacen obedece a ese objetivo, que les retrata a ambos; mientras construyen una República imaginaria, inviable y sectaria, en realidad quieren gestionar el presupuesto de una Comunidad puntera española. Lamentable.

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