14 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pedro Sánchez romperá su promesa y no se irá si pierde: tiene una idea mejor

Pedro Sánchez la semana pasada en el Círculo de Bellas Artes.

Pedro Sánchez la semana pasada en el Círculo de Bellas Artes.

Le va la marcha, todos lo saben. “Está desaforado”, señalan desde su entorno. “Vuelve a lucir sonrisa de Photoshop”, dice una diputada. Se sabe fuerte surfeando la ola de la militancia.

No deja de sorprender que un político que quiso proclamarse candidato a la Presidencia del Gobierno delante de una inmensa bandera de España sobreimpresionada en una pantalla, un líder que buscó ofrecer una imagen de moderación, alguien, en fin, que hizo suyo el pragmatismo socialdemócrata, quiera ahora convertirse en aspirante a la Secretaría General del PSOE de la mano de Podemos y agitando la España plurinacional.

El cambio de Pedro Sánchez desde hace casi tres años a hoy puede dividirse en dos tramos: el de un socialista liberal de centro-izquierda, aquel mismo que pronosticaba en sus manos un giro en el que se reconociesen todos los españoles, y el del mártir que marca por igual como sus grandes enemigos el capitalismo y el PP.

Pero Sánchez ha dejado caer miguitas de pan sobre sus verdaderas intenciones en la puesta de largo de su proyecto la pasada semana, en un abarrotado Círculo de Bellas Artes. “Este proyecto es un primer paso. No acabará cuando ganemos las primarias. No presentamos este proyecto para ganar las primarias, sino para (…) sentar las bases para volver a gobernar, volver a convencer a los millones de progresistas que no se resignan”, dijo el exsecretario general.

Las alarmas suenan dentro de la mayoría que representa la gestora capitaneada por Javier Fernández, cada día con mayores ganas de cerrar la interinidad. “Blanco y en botella”. No tienen dudas: “Pedro va allanando el camino para implantarse como corriente interna, aunque pierda las primarias”.

¿Pretende Sánchez crear una corriente crítica dentro del PSOE si pierde las primarias? Eso sospechan muchos

En el cuartel general del PSOE empiezan a manejar tal análisis de futuro como el más probable. El establecimiento de Sánchez como estructura organizada, “Somos socialistas”, aglutinadora del antisusanismo como una suerte de partido dentro del partido. Ello, claro, no gusta a quienes tienen como aspiración cerrar heridas tras un Congreso federal para recuperar una formación política mayoritariamente homogénea. Porque, a ojos de otros dirigentes más pesimistas, tal herramienta en manos de Sánchez podría provocar incluso la tan temida escisión del PSOE que nadie desea ni siquiera mencionar, pero que no es imposible. Tal cual.

Todos lo saben: a Pedro Sánchez le va la marcha. “Está desaforado”, señalan desde su entorno. “Vuelve a lucir sonrisa de Photoshop”, dice una diputada socialista. Seguramente se sabe fuerte surfeando la ola de la militancia. Hace siete días, tras finalizar el acto de presentación en el Círculo de Bellas Artes, el exlíder compartió un catering con un puñado de elegidos, los VIPs que previamente había sentado en primera fila. Y el “voy a ganar” no dejó de salir insistentemente de su boca. Casi tantas veces como que es el candidato que pelea a pecho descubierto contra el establishment para que se respete el derecho de la militancia. 

No parece sencillo que el PSOE pueda evitar la colisión frontal. Porque, además, nadie puede asegurar que las tensiones actuales, agitadas por el proceso de primarias, terminen una vez que voten los militantes. Más bien todo indica que solamente son el preludio de una ruptura de consecuencias incalculables entre un socialismo español responsable, un partido de gobierno, al estilo de Díaz, y otro podemizado, plurinacional, capitaneado por Sánchez, que hace guiños descarados al nacionalismo independentista y se considera la única opción de recuperar la democracia para que funcione de acuerdo a los intereses de la mayoría. O uno u otro. Ambos, juntos, al menos a día de hoy, no parecen poder convivir en el mismo partido.

Comenta esta noticia
Update CMP