11 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Hablar de una tesis no enturbia la democracia; plagiar sí, presidente

Sánchez lleva 48 horas haciéndose el ofendido, cuando lo que ofende es cómo llegó a doctor y cómo alcanzó el poder. Las explicaciones que él pide se las debe, en realidad, a los ciudadanos.

 

 

Pedro Sánchez lleva desde el viernes haciéndose el ofendido por las noticias que demuestran la existencia de copias y plagios en la tesis doctoral que aprobó, en 2012, con la calificación de cum laude. Y remató esa injustificable actitud, complementada con el anuncio reiterado de acciones legales contra medios de comunicación, asegurando en una entrevista de Ana Pastor en La Sexta que discutir sobre su trabajo doctoral "enturbia la democracia".

Para el presidente, todo lo que le molesta, afecta o perjudica a él es por definición negativo para el sistema democrático y, sensu contrario, todo lo que le beneficia y ayuda, tremendamente positivo. Vale para su controvertida tesis como sirvió para justificar su acceso a La Moncloa o el asalto por decreto a RVE o el bloqueo del Senado a efectos de aprobación del techo de gasto.

Quienes han de ofenderse son los españoles, pues, que tienen un presidente al que no eligieron, con unas compañías políticas que rechazan

Por alguna extraña razón, en todo caso falsa y peligrosa, Sánchez se comporta y piensa como si el estado natural de las cosas, presidido por el equilibrio y la justicia, fuera aquel que mejor se acopla a sus intereses, y no el que definen las normas, usos y costumbres del juego democrático.

Sin las urnas

Alguien que considera perfectamente válido gobernar sin haber pasado por las urnas, negándose a consultarlas y gracias a partidos como Bildu o PdeCat; carece de la autoridad que, en democracia y como premisa elemental, sólo conceden los votos de los ciudadanos: en España, por dos veces en seis meses, le concedieron a él los peores resultados históricos del PSOE.

 

 

Sorprende que con ese bagaje tan cuestionable, se atreva además a discutir la necesidad de hacer prospecciones sobre su ejemplaridad, la única bandera verosímil que ondeó para hacerse con un poder negado por las urnas y mediante unos pactos tan sonrojantes. Y si escama en general, también lo hace para el caso particular de su tesina.

 

Se ofenda lo que se ofenda Sánchez, está ya demostrado que incluye una prolija producción ajena y que fue examinada por un tribunal del que formaba parte un amigo con el que escribió varios artículos, incluidos a más inri en su trabajo. Que sea un 13% o un 30%, como sostienen distintas fuentes, es menos importante a efectos éticos y políticos aunque tenga relevancia académica, pues la dignidad de la presidencia no depende de la cuantían del abuso, sino de su naturaleza.

Si se demuestra todo...

Quienes han de ofenderse son los españoles, pues, que tienen un presidente al que no eligieron, con unas compañías políticas que rechazan, sin fecha conocida para legitimar o desechar al Gobierno resultante y con la sospecha, más que justificada, de que el supuesto campeón de la transparencia tuvo una ayuda decisiva para doctorarse en una universidad privada dirigida por un compañero de partido.

Si finalmente todo esto se demuestra cierto, a Sánchez no le llegarán con disolver las Cámaras y convocar Elecciones. Tendrá que dimitir primero, con todo el oprobio político que su actitud se merecería en ese caso.

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