En defensa del gris

El problema de la política española es que hemos pedido los grises. O estás conmigo o estás contra mí. O eres independentista o nacionalista español, y así todo.



Ni todo es blanco ni todo es negro, en medio hay un sinfín de grises que son los que cosen, armonizan y los que unen sociedades y familias, pueblos y naciones, personas, en definitiva. Ni podemos saber de todo ni debemos creer que no tenemos limitaciones, porque las tenemos por suerte.

Asistimos a una política líquida desagradable. Los escupitajos, los insultos y el populismo carcomen nuestras instituciones generando más desencanto entre la ciudadanía que aún presta atención a la política. Estamos pues aderezando un caldo de cultivo para partidos extremistas y antisistema que amenazan con romper ese sueño colectivo que es Europa y que tanto ha costado de construir.

En parte, y sólo en parte, el problema de la política española es que hemos pedido los grises. O estás conmigo o estás contra mí. O eres independentista o nacionalista español, y así todo. Nos obligan a posicionarnos vehementemente para encasillarnos. Y no, quienes han hecho país han sido los generosos, los del debate elevado y nunca los populistas ni los autoritarios. Hemos perdido el “no lo tengo claro” o el “no tengo una posición al respecto” por insultos y griterío. Y eso no es hacer política, al menos de la buena.

Reivindicar los grises en estos días de tensión alta y debate político bajo es una obligación de todo ciudadano que quiera a su gente, que no es otra cosa que querer a su sociedad, llámese país, región o pueblo.

El gris es ese color que une y construye puentes, el que hace avanzar, pues al fin y al cabo sienta las bases de la convivencia entre extremos que, a priori pueden parecer alejados aunque el tiempo demuestre que la vida institucional haga extraños compañeros de cama. Es el gris y nunca el negro o el blanco el que hace que una sociedad avance. ¿O es que acaso la Constitución Española no es una paleta de grises con aportes de todos lados?

Navegar en el gris, dudar, dejarse convencer e intentar convencer con la palabra, debatir y reconocer un error a tiempo no son sino las únicas maneras de avanzar en sociedad, sin dejar fuera a nadie y creando sociedades sanas que afronten los retos que el siglo XXI nos presenta a millones de jóvenes.

Defendamos el gris.

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