18 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El Rey pasea por España entre aplausos, ¿podría hacer lo mismo Sánchez?

El Rey, en Canarias

El Rey, en Canarias

Quien tiene un problema de aceptación popular no es la Monarquía, sino el Gobierno: Felipe VI recibe sonrisas cuando sale a la calle; Sánchez o sus ministros reproches contundentes.

 

 

Pablo Iglesias e Irene Montero disponen de un amplio despliegue de la Guardia Civil para evitar la molestia de las protestas que, sus propios vecinos, organizan en su urbanización en la Sierra desde el comienzo de la pandemia.

E incluso han interpuesto una denuncia contra una concejala de VOX por participar en ellas: el domicilio privado quedar siempre al margen de las quejas, aunque es irónico que quienes más sostuvieron lo contrario sean ahora los primeros en lamentarlo.

Otro ministro que ha sufrido la indignación de la ciudadanía es José Luis Ábalos, receptor de las protestas de comerciantes de la madrileña estación de Atocha que se sienten arruinados y abandonadas por la Administración. Como tantos otros en toda España. 

 

 

La comparación entre cómo vive el Gobierno la terrible resaca de la pandemia, que no ha terminado pero se ha minimizado, y cómo lo hace el Rey Felipe, es elocuente: los ministros han crear una fortaleza a su alrededor o sufrir las quejas directas; el Jefe del Estado se paseó por Canarias entre aplausos y sonrisas y va a hacer una gira por toda España con el loable objetivo de insuflar ánimos a los españoles.

La Corona no sobra

Que con ese contraste una parte del Gobierno haya puesto al Monarca como objetivo político y la otra no haga demasiado por evitarlo demuestra hasta qué punto la campaña procede más del sectarismo ideológico que del sentir de la ciudadanía, que siempre deja claro a quién  prefiere jalear y a quién abuchear cuando el contacto con todos es directo.

El Rey no tiene que esconderse de nadie. El presidente y sus ministros, sin embargo, no tienen fácil salir a la calle, más allá de instancias oficiales y reuniones institucionales, sin recibir la indignación popular por su gestión. Pero alguno sostendrá aún que, quien sobra, es la Corona.

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