El uso del teléfono móvil en los centros educativos

Sería importante una regulación que fije unas bases generales, para que no recaiga toda la responsabilidad en los centros educativos y en particular sobre los docentes.

Coincidiendo con la prohibición del móvil en los centros educativos en Francia a menores de 15 años, se ha generado un debate en torno a su uso en los ámbitos educativos españoles. Es innegable el uso extendido, y debemos tener en cuenta los datos del Instituto Nacional de Estadística, que afirman que el 25% de los niños de 10 años tiene teléfono; a los 11 un 45,2%; a los 12, un 75%. Llegando al 90% a los 14 años.

Según la ministra de Educación, Isabel Celaá,  el Gobierno estudia la posibilidad de prohibir el uso de los móviles en los centros educativos con el objetivo de disminuir la adicción digital de los estudiantes. Reconoce que se han encontrado opiniones diversas y que lo van a estudiar con expertos.

Actualmente la normativa en nuestros centros es a nivel interno, en aras de la autonomía de centro, regulando de una forma u otra el uso del móvil. A nivel autonómico, como en Castilla-La Mancha, hay una normativa del 2014 en la que el uso de los teléfonos queda restringido, salvo en los casos previstos expresamente en el proyecto educativo del centro o en situaciones excepcionales, debidamente acreditadas.

Desde la Fundación ANAR alertan, además, de que su uso a una edad temprana puede fomentar el acoso escolar o el sexting (compartir información íntima mediante mensajes de texto, fotos o vídeos).
Evidentemente el tener el móvil en clase va a generar un estado de nerviosismo, aunque no se utilice, puesto que la tentación de mirarlo va a estar siempre presente, generando una distracción no deseada en nuestros alumnos.

Además de otra serie de factores negativos a la conclusión que han llegado los expertos es el símbolo de estatus provocado por el tipo de dispositivo que posea cada uno, y finalmente la conducción al sedentarismo, fruto de la obcecación a estar pendiente continuamente del mismo.
Por otro lado, los expertos ven positivo su empleo desde el punto de vista pedagógico en aspectos tales como el aprendizaje individualizado, la búsqueda de información en internet y uso de herramientas educativas tecnológicas, así como el aumento de la motivación y participación en el alumnado.
Sean cuales sean las ventajas o desventajas sería importante una regulación que fije unas bases generales, para que no recaiga toda la responsabilidad en los centros educativos y en particular sobre los docentes. Así se evitaría posibles roces y malentendidos entre alumnos, padres y profesores.

*Presidente de Educación en la Comunidad Valenciana del sindicato CSIF.

 

 

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