La semana en que Puig acentúa su perfil político y relaja el institucional

La reunión de Barceló y Puig

La reunión de Barceló y Puig

El presidente ha optado por rebajar su agenda y centrarla en reuniones con cargos de su partido. Mientras, Les Corts sigue en su particular clase burbuja, como si no hubiera pandemia

El 9 d´Octubre es el día de la Comunidad Valenciana, sí, pero también la jornada institucional por antonomasia. Incluso este año de letal pandemia en que la actividad pública se ha rebajado y en que la clásica procesión cívica con el portador de la Senyera como abanderado (en Narciso Estellés, de Ciudadanos, recayó la misión), posiblemente el acto más popular, se ha suprimido.

En cualquier caso, constituye el día en que el presidente de la Generalitat más puede ejercer, institucionalmente, como tal a nivel autonómico. Y apenas tres jornadas después lo puede hacer en la habitual cita de mandatarios regionales en Madrid para festejar el 12 de octubre. En ambos actos estuvo el president Puig, por supuesto.

Y quizás ahíto de tamaña tarea de adalid y embajador de la Comunidad Valenciana, el molt honorable ha optado por rebajar su agenda el resto de esta semana y centrarla en temas más propios de su segundo rol, el de secretario general del PSPV, en un curso político que sabe, además, clave para su futuro y el de su formación porque afronta en 2021 los procesos de renovación interna u orgánica.

El martes 13, primer día laborable de la semana, Puig liberó su agenda para limitarla a una genérica reunión, a las 12 horas, con expertos en diferentes materias para analizar la evolución ante la pandemia. El miércoles tuvo, oficialmente, tres citas: dos de ellas de esas que quedan en un punto intermedio entre cuestiones de partido e institucionales.

La primera, con la consellera de Sanitat, Ana Barceló, a la que protege continuamente a pesar de las múltiples contradicciones en las que caído (la Comunidad Valenciana fue con retraso en la superación de fases en la nueva normalidad) y de que las listas de espera estén más que disparadas. Y la segunda, con el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo.

Una buena forma de acercarse a Madrid para que no vuelva a ocurrir como en la citada vuelta a la normalidad, donde la comunidad que alberga la capital, la catalana y la castellanoleonesa se quedaron a la cola junto a la valenciana (esta última, la única de las cuatro con gobierno socialista) en una decisión que el propio Puig calificó de "política". Por aquel entonces todavía se creía que se había configurado realmente un comité de expertos que decidía y no era simplemente el ministro Illa.

 

Y el jueves 15, una sesión rápida de control en Les Corts, en la que el president anunció el autoconcierto o refuerzo voluntario de personal sanitario por las tardes, una medida que existe desde hace más de una década y que solo faltaba actualizar. Eso, mientras recurría al mantra ya habitual de aludir a Madrid siempre que quiere atizar al PP, aunque sin nombrar a su presidenta. La táctica nacional de degaste de la máxima mandataria madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que constituye uno de los principales nexos de unión entre PSOE y Unidas Podemos. Y a la que Compromís también se ha sumado llevándola al extremo cuando su síndic, Fran Ferri, en esa misma sesión, llegó a afirmar que "no nos haréis madrileños".

Para completar ese acercamiento político a Madrid (como sede del ejecutivo nacional, no como autonomía), visita del ministro de Agricultura, Luis Planas, a Valencia ese mismo jueves, lo que provocó la marcha precipitada de Puig de la citada sesión de control. Todo ello mientras el tripartito del Botànic rechazaba, en pleno de Les Corts, las enmiendas de la oposición a su propuesta de imponer el valenciano como requisito para trabajar en un puesto en la función público, tal como viene reclamando Compromís desde hace años.

Eso sí, de altos cargos políticos nombrados por los partidos no se habla en esa exigencia, como tampoco se les reclama que demuestren titulación universitaria alguna para poder acceder a sus puestos y percibir sus remuneraciones. No obstante, sí que lo piden a los empleados públicos. Como perfectamente define un proverbio precisamente muy castellano, "una cosa es predicar y otra dar trigo".

En definitiva, una semana política para el president Puig más descansada en el plano institucional después de la del 9 d´Octubre, con entrevistas con conmilitones, con fotografías con ministros, con las repetidas críticas a Madrid y con un sábado que remata estos días de mayor relajación con una presentación turística.

Mientras, la pandemia sigue demostrando su virulencia, aunque Les Corts se mantenga en esa especie de clase burbuja con lecciones ajenas al covid-19 y al desempleo y con un Consell más preocupado por exigir el valenciano a médicos y enfermeros.

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