22 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El peor enemigo de Pedro Sánchez hace saltar por los aires su plácida campaña

Toda campaña tiene un punto de inflexión, y el de las elecciones del 28-A fue este Viernes Santo. El candidato socialista tiene siete días para corregir un error que puede ser letal.

El mayor enemigo de Pedro Sánchez en esta campaña es él mismo, sus propios errores más que los aciertos de lo demás.

Tan convencidos estaban de ello Iván Redondo y el resto de su equipo electoral que diseñaron para él una campaña en pequeñas dosis: pocas intervenciones y fáciles. Y a sentarse a ver el cadáver del enemigo pasar.

Todo iba como la seda, con Sánchez aprovechando el viento de cola de un Pablo Casado hiperactivo y un Albert Rivera algo descentrado, hasta que los debates se cruzaron en el camino del candidato socialista. 

Toda campaña tiene un punto de inflexión y el de ésta se produjo este Viernes Santo, una vez que Sánchez tuvo que oficializar su derrota con un lacónico "qué remedio". Así es como él afronta los dos debates de la próxima semana, como un trago que irremediablemente tiene pasar y que le puede dejar la más amarga de las resacas en las urnas.

La euforia que acompañaba a la expedición socialista hasta esta semana ha cambiado en las últimas horas por la preocupación, porque el vodevil de los debates ha mostrado la peor cara de Sánchez; esa que precisamente más le interesaba esconder en campaña.

La de un presidente que instrumentaliza las instituciones en beneficio propio. El Congreso, utilizando la Diputación Permanente para aprobar decretazos; el CIS, creando en la opinión pública la ilusión óptica de que lleva tanta ventaja que podrá elegir socios; y ahora TVE, obligando a su administradora única a poner la televisión pública al servicio de la causa sanchista. 

Se suponía que Sánchez iba a ir al debate, o a los debates, con una ventaja sobre el resto de candidatos: la de ser presidente. Pero el ir a rastras le supone ir previamente derrotado. Ahora tendrá que remontar en los platós de TVE y Antena 3, si es que remonta. 

A mayores, este Viernes Santo dejó otra pésima noticia para la campaña de Sánchez. El abrazo del oso que Oriol Junqueras le dio desde la cárcel de Soto del Real al prometer que ERC hará lo posible para evitar "un gobierno de extrema derecha". 

Con todo lo que está peleando el socialista por alejarse del apoyo tóxico de los independentistas hasta que cierren las urnas el 28-A por la noche, el líder de Esquerra vino a recordar a los españoles que Sánchez contó, cuenta y contará con ellos. 

Precisamente el día, además, en el que la número dos de ERC, Marta Rovira, y el coordinador general de Bildu, Arnaldo Otegi, suscribían un acuerdo en Ginebra (donde ella se encuentra huida), para mayor vergüenza de los socialistas.   

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