Septiembre en la diversidad funcional: mes de reencuentros y trabajo duro

Los profes/educadores de personas con discapacidad son como una gran familia, que en estos primeros días de curso tratan de que no quede un cable suelto

Mes de septiembre majestuoso, mes que tiene dedicada una canción funk para la posteridad, mes de vuelta de esas merecidas vacaciones, nuevos comienzos, retos, ilusiones y esperanzas. La vuelta a las aulas con aquellos profes-educadores-trabajadores que fueron o son como tu familia, gente responsable que protege a esas personas más vulnerables que necesitan a un guía, a alguien que les enseñe el camino para no perderse. Esas personas que llevan dentro de sí misma la palabra “ayuda” y que comprenden perfectamente el hábitat donde trabajan. Por eso están ahí.

Para el sector de la discapacidad las cosas no son tan fáciles. Por un lado están los usuarios, que tienen ganas de ver a sus compañeros, monitores que esperan con expectación las nuevas faenas, las nuevas estrategias y planes de enseñanza, a su vez, nos cuentan sus vacaciones y experiencias con ilusión.

Por otro lado, poco a poco, casi sin darse cuenta, se van introduciendo de nuevo en su bendita rutina diaria, esa que les hace llevar una vida ordenada, satisfactoria, entendible, armoniosa y feliz en las que son parte de todo y donde se empieza a trabajar en conjunto, con sonrisas y alegrías por doquier. Incluso se hacen más responsables, cuestión agradable y la mayor recompensa para un educador.

Por otro lado están  los profesionales. Para éstos es tiempo de preparación, también son tiempos de comienzos, el equipo terapéutico ya ha realizado previamente su reunión para tratar el funcionamiento del curso, no dejan ningún cabo suelto, se programan todo tipo de actividades, el trabajo de subcontratas, senderismo, el deporte semanal, fútbol, baloncesto, atletismo, pero son conscientes también de -lo que se van a encontrar- en bastantes casos (afortunadamente son los menos), y es el estado en que regresan algunos usuarios a estos centros.

No obstante, con previsión, preparación e ideas previas se preparan los centros para conseguir la armonía en los grupos. Trabajo pasional, duro en muchas ocasiones, donde las sorpresas pueden aparecer.

Estos profesionales sienten lo que hacen, si no sería imposible estar allí. Son personas de otra pasta, su caldo de cultivo es restablecer la normalidad de las cosas, la comprensión, los apoyos incondicionales, y también el cariño.

Casi todas las personas con algún tipo de discapacidad llevan un tratamiento acorde a su enfermedad, medicación pautada por su psiquiatra o médico de cabecera, con esto, ellos pueden llevar una vida normal, tranquila, sin altibajos que les permite integrarse perfectamente en la sociedad, algunos realizan recados, utilizan el transporte público, realizan otro tipo de actividades lúdicas fuera de los centros, y otros tal vez no, pero nos encanta observar como todos vuelven a sonreír y como nos miran con ilusión. Nos encanta que aprendan a vivir.

Y todo iría fenomenal. Y aquí es donde viene el problema… es que algunos vienen sin haberse tomado la medicación durante las vacaciones o habiéndola tomado mal, es decir, no de un modo frecuente de suministro…"hoy no me acuerdo”, “mañana se me olvidan en casa”, “hoy no se la doy” y así sucesivamente.

Las familias están cansadas, agotadas, estresadas, pero entendemos que están siempre pendientes de sus familiares o tutelados, pero llega un momento en que tampoco controlan la medicación… los ven más o menos bien, gracias a la pauta diaria de todo el curso. La realidad es que se auto engañan, pensando que no pasa nada. Pero sí que pasa.

El puzzle va perdiendo piezas, y vienen los desajustes emocionales, altibajos y crisis de ansiedad incontrolables, unos estados imprevisibles en ocasiones y es tarea de los profesionales a base de terapias individuales, de grupo, paciencia, cariño, tacto, equilibrio, juegos, entretenimientos, trabajos, y la profesionalidad.

Por eso es importante realizar entrevistas con los familiares para hacerles entender que hay que empezar de nuevo, hay que retomar aquellas recomendaciones médicas y volver a recomponer las piezas del puzzle que se habían perdido, puzzle que una vez completo vuelven a ser las personas maravillosas que siempre fueron.

La disciplina médica hay que cumplirla, las recomendaciones de aquellos equipos de trabajo también, así evitamos casos en ocasiones dramáticos que alteran a todos nosotros y que nos desestabilizan. Es importantísimo que se sometan a los tratamientos y que entre todos reine la reciprocidad y el entendimiento. Recuerden que todos somos un equipo.

Echo de menos a todas estas personas.

Recordemos la gran y poco reconocida labor de los profesionales del sector. A todo ese conjunto de almas les doy las gracias desde aquí.

*Grupo EmeDdona.

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