Peter Lim gana en Balaídos

Con el pulmón del Planeta ardiendo, resulta una desmesura seguir utilizando la palabra ‘incendio’ para referirse al fútbol, pero haremos honor al habitual tópico del periodista deportivo.

Aunque sea, para entretenernos con lo frívolo, mientras el mundo se acaba. El mundo se acabará, pero con Marcelino, será siempre con un 4-4-2.

La incendiaria rueda de prensa de Marcelino de este viernes, evidenciando su ruptura con Peter Lim, precedió a un partido digno de la peor toxicidad y depresión en Vigo. El próximo suceso, puede ser el inminente adiós de Rodrigo al Atlético de Madrid. Él quiere y Lim quiere. Es más, el jugador movió ficha antes que nadie. En Balaídos fue suplente durante buena parte del encuentro y todo el mundo lo relacionó con la ausencia de Correa en la convocatoria de Simeone.

La estética de rentrée que nos acompaña a todos en estas fechas nos exige nuevos retos y miedos. En el caso del Valencia, este jueves participará en el sorteo de la Liga de Campeones sin haber chutado ni una sola vez a puerta durante la segunda parte en un campo como el del Celta de Vigo.

Del Valencia sólo pueden salvarse 20 últimos minutos de la primera parte, con tímidas ocasiones de Wass y Guedes. Sucedió después del gol sutil y vacilón del ‘Toro’ Gabriel Fernández en el minuto 15, como culminación de una jugada de tiralíneas del equipo gallego, ante la pasividad del mediocampo, la defensa, y del propio Cillessen.

En ataque, el Valencia no tenía ninguna creatividad, con un Parejo que tenía que acudir a recibir el balón en la propia defensa, a la altura de los centrales. Denis Suárez, quien rechazó al Valencia, después de que el club en sus informes pusiera en tela de juicio su vida privada, fue el mejor del partido en Balaídos. La suerte ha dejado de sonreír. Tan sólo apareció para que Cillessen atajara un penalti al propio Denis en el minuto 92, pero ya no sirvió para nada. El portero holandés conocía bien a Suárez de los entrenamientos en Barcelona.

El gol, queridos lectores, la diferencia entre cantar al amor y hacerlo. La fortaleza del Valencia de Marcelino, o la suerte-parientes cercanos- se medía por su capacidad para marcar goles en los últimos minutos. Lo vivimos decenas de veces durante la segunda vuelta de la temporada pasada. La convicción propia era tan poderosa que vencía la voluntad del rival. Ahora, con la suerte en el descuento sólo se ataja un penalti que no sirve para nada.

La temporada comienza igual que la pasada, en la que se empató en casa con el Atlético de Madrid y se perdió en el campo del Espanyol. Rivales directos como el Sevilla ya están a seis puntos. La diferencia es que la paciencia del año pasado ya no se mantendría. El ganador no ha sido el Celta, sino Peter Lim, en su pulso con el entrenador y el director general. Se intuye una semana fallera en la última semana de agosto. Y disculpen de nuevo la triste metáfora del fuego. Permanezcan atentos. Claramente.

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