Un nuevo caso Timple en Cataluña

Imagen junto a perro amordazado

Imagen junto a perro amordazado

No sólo se mata cuando se aprieta el gatillo. Se mata cuando no se evita el disparo y se mata cuando no se atiende a la víctima.

 

Sucedió el sábado.

A punto de celebrar el aniversario de la muerte de Sota, la perra tiroteada por un policía local en pleno centro de Barcelona y todavía con el corazón encogido por las terribles imágenes que desgraciadamente protagonizó Timple en Canarias, un perro al que unos desalmados precintaron las patas y el hocico, para posteriormente filmar su agónica asfixia sin el mínimo atisbo de compasión, tenemos que lamentar un caso  que parece un remix de los anteriores.

En la urbanización Sant Elies, de Sant Joan de Mediona, en Cataluña, un individuo amordaza a un perro con bridas y precinto y lo inmobiliza presionándole el cuello. Este se asfixia tras intentar, sin posibilidad alguna y mientras convulsiona, deshacerse de esas ataduras que terminarán costándole la vida.

La escena, tan preocupante como dantesca, transcurre mientras diversas personas, entre ellas agentes de los cuerpos de seguridad, se muestran pasivas ante el macabro espectáculo.

Todavía con incredulidad e impotencia, no puedo más que preguntarme, ¿a quiénes pagamos para que estén a nuestro servicio? ¿cómo es posible que, quienes deben protegernos, y que no se nos olvide, proteger también a los animales, puedan ser cómplices de la muerte de un perro? ¿qué debemos esperar de alguien que demuestra tan poca empatía, siendo capaz de presenciar el terrible sufrimiento de este perro, totalmente indefenso, sin actuar e impedir que termine muriendo?

No sirven las excusas, porque esa crueldad que hemos presenciado en las imágenes que se han hecho virales es totalmente injustificable.

No sólo se mata cuando se aprieta el gatillo. Se mata cuando no se evita el disparo y se mata cuando no se atiende a la víctima.

Lamentablemente dudo mucho que se depuren responsabilidades. Hemos asistido a otros casos en que a los pistoleros se les considera cuando no víctimas, héroes.

Y mientras, las verdaderas víctimas, siguen cayendo en nuestras calles, a manos de quienes deben protegerlas.

Quienes nos gobiernan siguen sin establecer protocolos para intervenir en casos en que hay implicados animales, sin dañarlos. Y, desde luego, no deberían poner en manos de individuos sin escrúpulos nuestra seguridad y protección. La incertidumbre y descrédito que imágenes como estas generan nos perjudican a toda la sociedad.

Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad que haya visto estas imágenes no podrá borrar de su recuerdo ni la agonía de ese animal, ni la pasividad de quienes dejan que muera. Tampoco podrá dejar de cuestionarse en manos de quiénes estamos.

Y estoy segura de que muchos agentes que sí se dejan cada día la piel por hacer de esta una sociedad mejor, y sí tienen en cuenta a los animales, estos días ven con una enorme tristeza como la indiferencia de la administración y la crueldad de algunos compañeros empañan su gran trabajo.

No me cansaré de decirlo. Hasta que no empaticemos con los más victimizables y actuemos con compasión hacia ellos, tenemos mucho de qué avergonzarnos como sociedad.

 

 

*Coordinadora provincial de PACMA en Valencia

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