06 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La "bala de plata" que Rajoy se plantea usar contra Sánchez

Rajoy durante una visita a un mercado de Mallorca.

Rajoy durante una visita a un mercado de Mallorca.

Disparar o no disparar, he ahí la cuestión. Egoístamente al candidato del PP le interesa que el socialista quede por delante de Ciudadanos en las elecciones, pero hay otro lado de la balanza

Bendita campaña. Seguramente Mariano Rajoy no imaginaba que seis días antes de las elecciones iba a tener una bala de plata en el cargador lista para usar contra Pedro Sánchez... si así lo quiere.

La ruina de Sánchez, agravada por su actuación en el debate del lunes y por la no menos mala gestión que el PSOE ha hecho de esa derrota televisiva ante 9,2 millones de espectadores, ha causado que más que nunca todas las miradas estén puestas en el duelo definitivo del día 14 entre el candidato popular y el socialista.

¿Es mejor que Rajoy deje "vivo" a Sánchez por puro egoísmo?

Y, por añadidura, ha creado un dilema al comité de campaña del PP: ¿Debe Rajoy dar la puntilla a Sánchez o es mejor dejarle salir con vida por puro egoísmo, porque al PP le interesa que el PSOE y no Ciudadanos quede segundo el 20-D? Porque, aunque el líder de los populares y los suyos no lo hayan reconocido en público ni lo vayan a hacer, internamente saben que Albert Rivera ha desbancado al socialista como principal rival en los comicios.

El debate está servido en los corrillos populares, aunque la decisión de la estrategia corresponde únicamente a Rajoy. Como suya y sólo suya fue la decisión de negarse al debate a cuatro (en contra incluso de la opinión de parte de sus asesores) y aceptar únicamente un cara a cara con el de momento líder de la oposición, que se lo tendrá que jugar todo a esa carta.

Sólo Pedro Arriola y Carmen Martínez Castro, las dos personas con las que el presidente va a preparar con suma discreción el debate (como en las dos ocasiones anteriores, 2008 y 2011), están en condiciones de aconsejarle en una u otra dirección. A mayores de ellos, ni siquiera el director de la campaña, Jorge Moragas, lo está. 

La opinión mayoritaria, no obstante, es que aun sin recurrir a golpes bajos Rajoy no debe mostrar la más mínima condescendencia hacia Sánchez; como no la mostró hace cuatro años hacia un Alfredo Pérez Rubalcaba que llegaba a las elecciones con la sola incógnita de saber por cuánto sería la derrota.

Entonces Rubalcaba cometió un error garrafal al dar por hecha la victoria del popular y asumir su papel de líder de la oposición ya en el debate, antes de tiempo. Esta vez Sánchez no cometerá ese error, pero puede que el nerviosismo de saberse ante al abismo le haga dar cualquier otro paso en falso.

Tan desesperado está el candidato socialista que este miércoles su equipo cambió sobre la marcha el eslogan de campaña. De Un futuro para la mayoría a Un presidente para la mayoría, para dejar claro quién debe proporcionar a España ese futuro. El lunes a Sánchez no le quedará más remedio que salir al ataque con todo. Y Rajoy le estará esperando.

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