23 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El proyecto de no tener proyecto

El Madrid tiene un único objetivo: ganar. Lo demás no importa.

El Madrid tiene un único objetivo: ganar. Lo demás no importa.

A fuerza de pura suerte, insistencia y potencial económico, de vez en cuando surgen algunos versos de Lorca en forma de orejonas, pero la inmensa mayoría de las veces no pasamos de Maluma.

Me sorprende la sorpresa, valga la redundancia, del aficionado medio madridista (de los pies) ante la marcha, el juego y los resultados del equipo de sus amores. Mi memoria útil a largo plazo comienza más o menos en 1992 y desde entonces solo recuerdo una vez, una única vez, en la que en el Real Madrid de fútbol hubiera algo parecido a un proyecto deportivo. A un gran porcentaje de lectores le dolerá reconocerlo, pero se trata de José Mourinho.

Al margen del portugués podríamos también destacar la primera etapa de Fabio Capello, que vino con un proyecto a tres años. Inolvidable esa primera rueda de prensa en la que dijo que venía para ser campeón de España en la primera temporada, de Europa en la segunda y del mundo en la tercera. Su proyecto se cumplió, pero seis meses después de aterrizar en la capital él ya había decidido que no quería participar del circo que le circundaba. Por lo tanto, Capello tampoco cuenta. Como tampoco lo hace su segunda etapa, consistente más en un exorcismo para quemar fantasmas del pasado que en un proyecto consistente.

El Madrid es como el que sale a ligar sin ducharse, se presenta a los exámenes sin estudiar o empieza su rutina del gimnasio sin calentar. Y como es guapo, listo y fuerte, se cree que lo está haciendo todo de puta madre.


El resto de temporadas responden a parches, azar , modas o directamente chapuzas. El Madrid solo tiene un proyecto: fichar a los mejores y esperar a que todo funcione. A veces funciona y otras, la mayoría, obviamente no. En el Madrid se lleva aporreando el teclado desde hace décadas esperando con ilusión a que salgan poemas de Lorca. Y sí, a fuerza de pura suerte, insistencia y potencial económico, de vez en cuando surgen algunos versos en forma de orejonas, pero la inmensa mayoría de las veces no pasamos de Maluma. El Madrid es como el que sale a ligar sin ducharse, se presenta a los exámenes sin estudiar o empieza su rutina del gimnasio sin calentar. Y como es guapo, listo y fuerte, se cree que lo está haciendo todo de puta madre.

Me sorprende la sorpresa, vuelvo a reiterar, de que esto produzca alteraciones en el estado emocional de sus aficionados (entre los que me encuentro, aunque últimamente acudo a clase solo como oyente), porque el Real Madrid es esto. Un club con único objetivo: ganar. Nada de lo demás importa. No se puede mencionar la palabra proyecto porque no lo hay. Lo que hay son personas. El Madrid es un club de personas, de protagonistas. Más que eso, el Madrid es un club de jugadores. Son los jugadores los dueños de todo. Y esto no está ni bien ni mal, pero lo que no se puede hacer es negar la evidencia y tratar de ganar un partido de tenis a una pared.

Esto es lo que hay y esto es lo que siempre ha habido. Así que puestos a elegir, a muerte con Zidane, que seguramente sepa más de fútbol que todos nosotros.

Solo queda sentarse y esperar a que las piezas encajen en Champions o Copa. O pedirle a Mourinho que vuelva.

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