La incineración de los obesos y la epidemia de ignorancia que nos asola

Usando textos de Joaquín Sabina, podemos afirmar que “ hubo una epidemia de ignorancia en la ciudad”, y ampliándola, por ende, a toda la Comunitat Valenciana.

El pacto del botánico, ensaladilla rusa o macedonia frutal o como guste llamarle, querido lector, camina de victoria en victoria hasta la derrota final. Mientras Puig afirma que ha estado muy cómodo con el gobierno “gin tonic” (por aquello de los botánicos), rehusaba contestar si repetiría pacto con Compromis tras las próximas elecciones y obviaba cualquier referencia a los procesos de corrupción en su gobierno con la excusa de que el PP era mucho más corrupto, cosa cierta pero que no justifica absolutamente nada, la Vice Presidenta Señora Oltra afirmaba que si el Interventor del Ayuntamiento de Alicante firma una orden de pago, es absolutamente legal el procedimiento, obviando que la orden de pago se realizaba a Ismael Vicedo, pareja de la concejal María José Espuch y único responsable de L’escola Valenciana en Alicante y al que se le han adjudicado diversos trabajos. Sin concurso ni invitación, sencillamente de forma digital. Mientras Su Eminencia Reverendísima, el Conseller transparente mira hacia Santomera.

Mientras hay institutos de enseñanza superior donde los alumnos no han tenido clase de matemáticas pues el profesor se jubiló en septiembre y no han contratado a uno nuevo, y esto es frecuente, el Conseller Marzá afirma que la educación pública marcha estupendamente. Únicamente el tres por ciento del profesorado está capacitado para dar clases en inglés y no hay suficiente profesorado de valenciano. Severo Ochoa, Albert Einstein, Max Planck, Marie Curie y demás genios de la ciencia no podrían dar clases en institutos y universidades valencianas por el tema de “L’ús i ensenyament del valencià”. 

En un centro de acogida de Moraira ha tenido que intervenir la GC y la Policía Local puesto que los menores que proceden del centro de Bunyol amenazaron a un vigilante con un vidrio procedente de una ventana que previamente rompieron. El Alcalde de Teulada le escribió a Oltra informándole de los sucesos y su traslado a la fiscalía de menores. Oltra mira hacia otro lado, algo similar cuando se publicaron las fotografías de un anciano internado en un centro de la Generalitat y atado a la cama cayó al suelo y estuvo toda la noche sin ningún tipo de ayuda.

Pero donde la situación es “eventualmente chocante” que diría un portugués, es en la Consellería de Sanidad. La anterior consellera, no sólo compraba lencería y hamburguesas con dinero público sino que transformó dicha Consellería en una agencia de colocaciones y empleo. Familiares en diversos grados como contratados, enchufados, asesores y demás componendas. Cortó la colaboración público privada en materia de salud, anulando las concesiones de Ribera Salud y cuantas más existiesen cuando dicha colaboración estaba funcionando razonablemente bien. El resultado ha sido un aumento espectacular de listas de espera. Su sucesora no sale mejor parada ya que en el Hospital Comarcal de la Vila Joiosa ha aparecido un brote de sarna, parásito clásico de la miseria de nuestra posguerra y en el Hospital Clínico de Sant Joan d’Alacant han tenido que cerrar la mitad de los quirófanos por presencia de hongos y otros contaminantes. La Consellera Barceló saca pecho y no pasa nada.

Pero donde se ha llegado al ridículo más absurdo, ha sido en el proyecto legislativo que contemple la incineración de los cadáveres.

En efecto, en el articulado de dicho proyecto se recogen cuestiones de un gran sentido común, por ejemplo, no incinerar ataúdes que contengan herrajes de plomo o zinc, o bien elementos tales como plásticos, resinas y otras sustancias potencialmente tóxicas a la hora de su combustión.

Si un cadáver presenta en la dentadura implantes o caries tratadas con mercurio, es lógico que eliminen previamente esos metales que tras su combustión pueden pasar al medioambiente y originar lo que comúnmente se denomina contaminación difusa.

Pero prohibir a los “gordos” que sean incinerados alegando que consumen el doble de energía que los delgados me parece una estupidez de tal tamaño que justifica el título de esta pastoral.

Desconozco el consumo energético en Kilojulios para incinerar un cadáver de 100 kilogramos de peso, pero por la misma razón se debería prohibir la construcción de grandes edificios u hospitales debido a que consumirían cantidades ingentes de kilojulios para calefacción o refrigeración. Asimismo habría que impedir las inversiones en instrumentación avanzada para diagnósticos de enfermedades por su gran consumo y si rizamos mucho más el tema, habría que prohibir que volaran los aviones pues para transportar a 200 personas se necesita mover un avión que pesa más de 200 toneladas métricas.

Asimismo la normativa contempla la no existencia de núcleos urbanos a menos de 200 metros lo cual me parece una estupidez pues un día de viento ligero, las partículas emitidas por los hornos crematorios pueden alcanzar varios kilómetros.

Por tanto, la Consellería de Sanidad ha hecho marcha atrás y ha cambiado el borrador del proyecto, pero para que no digan que únicamente nos dedicamos a criticar, aquí le dejo a doña Ana Barceló algunas reflexiones que pienso pueden ser interesantes:

La tecnología está lo suficiente avanzada para instalar electro filtros o sistemas similares para evitar que sustancias tóxicas procedentes de la incineración alcancen la atmósfera y entren el proceso de “contaminación difusa”. Esa tecnología se aplica desde hace muchos años en fábricas de cemento y otros productos que pueden ser potencialmente muy contaminantes.

Retirar previamente cualquier tipo de metal, resina, plástico u otras sustancias potencialmente contaminantes en la combustión

Al igual que si el fallecido era donante de órganos sufre un proceso de extracción de los mismos, se procederá a eliminar del cadáver aquellas sustancias que al combustionar originen compuestos tóxicos.

Y fundamental, situar los crematorios en polígonos industriales que cumplan la normativa vigente en materia de “actividades molestas, nocivas, insalubres y peligrosas”.

Y me permito, doña Ana Barceló, humildemente pedirle que deje en paz a los “gorditos”, especie digna de protección especial pues no sólo son cariñosos y amables sino también saben donde se comen las mejores tapas, el mejor cochinillo y el mejor vino.

Juan Navarro. Doctor en Ciencias.

 

 

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