22 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pablo Iglesias toca fondo en Podemos y se desatan las dudas sobre su futuro

Pablo Iglesias, en la tribuna del Congreso.

Pablo Iglesias, en la tribuna del Congreso.

La mala racha del líder de Podemos ya dura demasiado. Las encuestas le dan la espalda y no deja de sumar fracasos políticos. El último, su pretendida asamblea de parlamentarios.

Los clamorosos fracasos de, primero, Puerta del Sol de Madrid y, segundo, Zaragoza, no le van a cambiar ni un milímetro sus obsesiones políticas; Pablo Iglesias, el aún líder máximo de Podemos, se cree “ungido de una obligación de destino en lo universal”. El cronista excusa decir que el entrecomillado no le pertenece, es de la cosecha de un militante de izquierda de toda la vida que, en palabras suyas “no desearía morirse sin que en España gobernara de una vez para siempre la izquierda real”.

Iglesias ya no es un agitador de masas. Sus convocatorias populistas más que populares apenas concitan el interés de trescientas, a lo más quinientas, personas, la mayoría de los cuales son rectamente unos paniaguados del jefe leninista. Al decir del informante al que me refiero, Iglesias está siendo desbordado por la realidad, sus improvisadas ideas sobre Cataluña (la mayoría de las cuales son estupideces púberes) no cuajan en el Principado.

Sus interlocutores sediciosos le despachan con un desdeñoso: “¿Y éste de qué va?”, que le dejan realmente atónito porque -tampoco las próximas son palabras del firmante- en su “infinita soberbia” no concibe que la gente no se postre de hinojos ante su megalomaníaca personalidad. Lo cierto, continúo con citas textuales, es que Iglesias “está fuera de objetivo”, lo que debe significar que ya no aparece en foto alguna, porque los interlocutores a los que tanto mima, sencillamente no le toman en cuenta.

Iglesias, alumno o profesor, no se sabe, del dúo Chavez-Maduro, ha fracasado estrepitosamente en ese ingenio de forzar una asamblea de notables comunistas para sustituir a las democráticas Cortes Generales

El aún líder del leninismo español ha perdido definitivamente pie en Cataluña porque su intención, aquella que defendió en el domicilio del troskista (así le define el exministro catalán Josep Piqué) Jaume Roures del que hablaremos inmediatamente en esta crónica, era formar con toda la rapidez posible un conglomerado “izquierdoseparatista” con un único fin: desalojar al precio que sea al Partido Popular del poder. No ya a Rajoy que desde luego, sino a todo lo que representa la derecha o el centro derecha clásico español.

Pinchazo: aspecto que registraba este domingo la asamblea organizada por Podemos en Zaragoza sobre el 1-O.

 

Roures ha estado y está en esta operación después, claro, de haberse favorecido con las inmensas bagatelas de comunicación que el más tonto PP que se recuerda le ha venido ofreciendo gratis total. Los que muy ingenuamente pensaron que Roures era un simple comerciante audiovisual estaban muy mal informado; Roures hace tiempo que tiene en mente una sociedad muy diferente a esta de la que disfruta y con la se enriquece. Roures tuvo un primer mentor en Madrid; nada menos que el expresidente del Real Madrid ya fallecido Ramón Mendoza con el que muy probablemente, tuvo intereses en la antigua Unión Soviética, intereses que Putin, baranda del KGB durante mucho tiempo, tenía perfectamente identificados.

Pero volvamos al caso. Junqueras y este Roures, anfitrión vespertino de Iglesias en Barcelona, no le han tomado en cuenta al aún líder de Podemos. Su apuesta por un tripartito en el que también quepan los restos socialdemócratas de ese enorme desleal que es Pedro Sánchez, tampoco tiene mucha venta en Cataluña donde están a lo que están: en la independencia y luego ya se verá, si es que se ve alguna vez.

Toda su estrategia consiste, también en palabras del antedicho izquierdista-de-toda-la-vida en forzar a que el PSOE del infiable Sánchez “se decida cuanto antes o por papá o por mamá”, o sea o por ellos, los leninistas feroces de ahora mismo, o por el Partido Popular. Ya se sabe que, puestos a elegir, el secretario general (“en mala hora” como suele denunciar Rubalcaba) se decidirá siempre por los actuales discípulos de Lenin porque él coincide con Iglesias, ce por be, en la gran aspiración de arrojar al Partido Popular a las tinieblas exteriores del nuevo sistema en el que toda idea liberal o conservadora debe ser proscrita porque así lo manda la dictadura del renacido proletariado.

Ahora bien, el consejo de los congéneres de Iglesias que todavía le encuentran útil para algún servicio, es que el aún líder se dé prisa en conformar políticamente sus ambiciones, porque como siga pegándose los castañazos populares que se está pegando en forma de desafección por sus soflamas públicas, Iglesias puede comenzar a entonar su queridísimo “tic-tac” del regreso a los pasillos de la Universidad Complutense.

Iglesias, alumno o profesor, no se sabe, del dúo Chavez-Maduro, ha fracasado estrepitosamente en ese ingenio de forzar una asamblea de notables comunistas para sustituir a las democráticas Cortes Generales en las que todavía está sencillamente para montar numeritos de circo político. Iglesias empastela sus acercamientos a los independentistas catalanes con halagos al conocido “seny”, al sentido común, una característica que ya no existe porque lo evidente en la Cataluña rebelde de ahora mismo es la “raixa” o sea el arrebato incontrolado, la rabia contra todo lo que suene a español para qué vamos a engañarnos.

Sánchez coincide con Iglesias en la gran aspiración de arrojar al PP a las tinieblas exteriores del nuevo sistema en el que toda idea liberal o conservadora debe ser proscrita

Es curioso: el gran éxito de Iglesias estriba en que por supuesto no se halla en el bando de los constitucionalistas en el que hay que suponer, depende de los días, que todavía se encuentra Sánchez, pero tampoco en el de los sediciosos que sencillamente dicen que no le necesitan para nada. Estos se quedan con Colau y su embrión de partido que quiere hacerse con el santo y la limosna una vez que, muerto el referéndum, la alcaldesa de Barcelona se atreva a cruzar el Ebro y empezar a presentarse como el factor aglutinante de toda la nueva ultraizquierda española.

Por todo esto el porvenir como líder de Iglesias es más negro que el de la Falange Auténtica, si es que todavía sigue vigente este partidillo totalitario.

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