25 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Por qué la vida del pequeño Aaron no vale una condena permanente revisable?

El pequeño Aaron en brazos de su padre biológico.

El pequeño Aaron en brazos de su padre biológico.

Arranca el juicio contra un hombre que mató al hijo de dos años de su novia por orinarse encima. La madre se enfrenta a la misma condena por permitir la muerte y el maltrato habitual.

Nunca poder traer niños al mundo ha sido sinónimo de ser buenos padres, sin embargo este axioma se multiplica por un millón en el caso de Cristina, una chica de 29 años de edad que hace dos asistió impasible a cómo su novio, de 25, acababa con la vida de su hijo, Aaron, de solo dos años de edad, sin que ella moviera un solo músculo para evitarlo.

“Cada uno tiene su manera de educar”, relató la madre después de ser detenida en el hospital de Elche para describir cómo su chico, José Antonio, se las gastaba con su retoño. El respaldo que la joven daba a su novio era mayúsculo, digno de una relación basada en tiempo de confianza mutua y años de convivencia. Pero la historia de Cristina y Jesús era bastante más prosaica.

Cinco meses antes de la muerte del pequeño, Aaron vivía con su madre y con su padre biológico, Félix, a cientos de kilómetros de Elche, en Alcobendas, Madrid. Sin embargo, hacía tiempo que Cristina había conocido a una persona a través del chat de un videojuego. A diario se escribía con José Antonio a espaldas de su pareja y en esas charlas ambos urdieron el plan de que Cristina cogiera lo necesario para abandonar al padre de su hijo y marcharse a vivir con él a Elche.

El 3 de abril sucedió. Cuando el padre del crío regresó aquel día a casa ya no había nadie. La llamada a Cristina fue inmediata y cuando esta le resumió lo que había decidido hacer los gritos y los insultos saturaron la línea telefónica.

Gran bronca

Y tuvo que ser una bronca de las grandes porque Félix acabó denunciado ante un juzgado de Violencia de Género, lo que le supuso una orden de alejamiento que le alejó cautelarmente de Cristina pero por extensión también de su hijo. Félix asegura que esa es la causa por la que él apenas pudo saber las condiciones de vida de su hijo de dos años ni cómo se comportaban con él su madre y el novio de esta durante los meses que no pudo verlo. De repente el novio del chat de Cristina se había convertido en tutor accidental del pequeño Aaron, en su referente y en su educador.

 

 

La siguiente llamada que recibió Félix llegó cinco meses después. El 13 de septiembre un facultativo del hospital de Elche le comunicaba que su hijo había ingresado inconsciente y que estaba en coma. Los doctores supieron que estaban ante un caso de maltrato infantil, pero es que además el pequeño cuerpo de Aaron les hizo sospechar que no era la primera vez que a ese niño al que trataban de salvar la vida le habían golpeado.

Esta vez era sin duda la más grave. El crío tenía un fortísimo golpe en la cabeza y graves síntomas de asfixia. Mientras los doctores se afanaban por ayudar a vivir a Aaron, también trataban de que su madre y el novio de esta les dieran información sobre lo sucedido. Primero arguyeron una caída accidental, sin embargo eso no convencía a los médicos dada la violencia del impacto en la cabeza.

Visto el escaso éxito de esa versión, José Antonio salió con que otros niños habían pegado al hijo de su novia. Nada, tampoco colaba. Así que llegó la tercera de las versiones, igual de mentirosa que las anteriores pero además literalmente increíble: unos encapuchados habían entrado en su domicilio con intenciones desconocidas y uno de ellos había golpeado al niño dejándolo inconsciente. Lo siguiente que hicieron los médicos fue llamar a la Policía. Detenidos.

Lo que viene a continuación define la monstruosidad de estos dos. José Antonio confesó ante los agentes pero a su manera. Les explicó lo sucedido aquella noche: "Fui a despertar al niño, se hizo pis. Yo le dije que eso no se hacía y fui a buscar la leche. Cuando volví, se había vuelto a mear. Entonces le di en el culo y después perdí la razón y le di en la cabeza. Él hizo un gesto como de dejar de respirar". Casi la verdad. Los forenses certificaron que la causa de la muerte de Aaron fue por asfixia. Así que José Antonio le dio muy fuerte en la cabeza y además con alguna maniobra violenta provocó que el niño no pudiera respirar.

 

Un extracto del escrito de la Fiscalía

 

El detenido siguió explicando que los golpes el pequeño los empezó a recibir prácticamente mientras su madre deshacía el equipaje que traía de Madrid. Eso sí, les dijo que era la primera vez que le pegaba tan fuerte. Además, el valiente añade un dato esclarecedor que introduce a la madre en escena: según el acusado era la propia madre la que consentía los malos tratos porque había delegado la educación del niño en su novio.

Según él, Cristina no se hacía con Aaron y a su parecer el niño de 24 meses de vida requería de severos correctivos físicos cuando se hacía pis, no quería comer o le costaba dormir, vamos, lo que viene siendo un niño de dos años de edad. ¿Era posible que Cristina hubiera decidido dejar en manos de un completo desconocido el destino de su único hijo? Sí, y para colmo, con el niño luchando por su vida en el hospital, ella puso todo su empeño en defender a su novio. Durante las horas más críticas la joven madre no se separó del verdugo de su hijo, llegó a verbalizar que cuando todo esto pasara lo que ella deseaba era renunciar a Aaron y que se ocupara de él otra persona. Tal vez haber pensado eso cinco meses antes hubiera salvado al pequeño.

En su declaración ante la policía Cristina justificó a José Antonio, dijo que no eras un maltratador y que su hijo era un trasto al que le venía bien mano dura. Vamos que José Antonio le hacía un favor al crío cuando le golpeaba día sí y día también.

Cuando los doctores detectaron síntomas de maltrato habitual en el cuerpo de Aaron los investigadores acudieron al lugar de residencia de la pareja y el niño para confirmar las sospechas de los facultativos. Los testimonios que allí recabaron no solo apuntalan esas sospechas sino que avergüenzan por el escaso compromiso que esos testigos asumieron con lo que estaba sucediendo.

Lo que relatarán estas personas en el juicio que ahora arranca será que escuchaban gritos de mucho dolor, llantos continuos, pero ni de hambre ni de sueño, sino de daño. Llantos que cesaban de repente, como si alguien tapara la boca del que intenta llorar. Eso, José Antonio, el hombre al que Cristina cedió la educación de su hijo, lo hacía cada día, hasta que uno de esos días “se le fue la mano”, como relató en su declaración la madre del pequeño.

 

Ahora madre y novio se sientan en el banquillo de los acusados. Fiscalía dice que por el asesinato y el maltrato habitual solicitará 28 años de cárcel para cada uno. Como ya ha aplicado un agravante asegura que el necesario para aplicar la prisión permanente revisable sería redundante, así que no lo hará.

No se preocupe si no lo entiende, se ajusta a Derecho, y académicamente es impecable, pero no, no es comprensible. Y menos cuando se lee al detalle el escrito de acusación de Fiscalía al que ha tenido acceso ESdiario y del que extractamos una parte vital para comprender la crudeza del caso.

Pero en este juicio también estará la acusación particular que representa al padre del niño y tras su dolor a toda la familia paterna. Ellos sí piden la prisión permanente revisable, que dejaría presos a los acusados hasta que se pudiera revisar su condena no antes de que pasen 25 años.

Ahora le toca a un tribunal decidir si elegir que un niño de dos años vive o muere y consentirlo sin levantar una mano para impedirlo bien vale no salir de la cárcel durante un cuarto de siglo como mínimo. Veremos.

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