PP y Ciudadanos estrechan el cerco a Ribó por donde más le puede doler

Los dos partidos tienen claro que no pueden incurrir de nuevo en un error que les pasó factura en las últimas elecciones

Compromís basó su ascenso de 2015 en el desgaste del PP en la ciudad de Valencia y en la labor realizada por concejales y afiliados en asociaciones y colectivos de barrio. En 2019 cimentó su triunfo y la reedición de la alcaldía de Joan Ribó en votos cosechados en pedanías, distritos periféricos y barrios cercanos al centro (el PP mantiene su baluarte de Pla del Remei).

Esa labor constante, de zapa, no la supieron ver o, como poco, contrarrestar, ni los dos principales partidos en la actualidad de la oposición, Ciudadanos y Partido Popular, ni el mismo PSPV-PSOE, que pensaba que su alto predicamento en los distritos marítimos y su tirón nacional se extrapolaría.

Después de dos experiencias fallidas, tanto populares como ciudadanos tienen claro que su ascenso debe cimentarse en una labor constante en las barriadas, en estar al día de lo que ocurra e impulsar su visibilidad en ellas. Para lograrlo han dividido a sus concejales por zonas de Valencia.

En ese reparto de demarcaciones llaman la atención diversos factores. Por una parte, ambas formaciones consideran fundamentales los poblados marítimos para mejorar su respaldo. Los más de 60.000 habitantes y la singularidad de esta zona les ha inducido a destinar a sus principales abanderados.

En Ciudadanos se ocupa ni más ni menos que el propio cabeza de lista, Fernando Giner, de esta porción de la ciudad; mientras que por el PP lo hace su número dos, María José Ferrer de Sansegundo. La uno, María José Catalá, queda libre de este reparto y se multiplica por los diferentes barrios, como también lo hace el propio Fernando Giner además de asumir el Marítimo.

¿Y qué ocurre con el espacio donde vive el alcalde, Patraix? Pues aquí Ciudadanos ha optado por una de sus ediles más ubicuas, Amparo Picó, mientras que el PP la ha dejado en manos de posiblemente su concejal más desconocida, Julia Climent. Picó, que se alterna con su compañera Rocío Gil en los entornos festeros, también se ha convertido en la delegada de Ciudadanos en la zona fallera de Exposición, donde se cruzará con bastante frecuencia con la experimentada edil del PP Marta Torrado, adscrita a esa zona por su partido.

Otro distrito donde las espadas estarán por todo lo alto es Ciutat Vella. María José Catalá ha escogido a Santiago Ballester, muy integrado en el grupo y que ha despuntado como presidente de la Federación de Sección Especial de Fallas, para trillar el distrito por el PP; mientras que Fernando Giner ha destinado a la misma misión a su mano derecha, a Narciso Estellés.

En Ruzafa compiten dos debutantes que han empezado con fuerza: Rocío Gil, por Ciudadanos, y Paula Llobet, en representación del PP; una situación similar a la que ocurre en Tránsits, demarcación a la que Fernando Giner ha destinado al ex presidente de Asociación de Trabajadores Autónomos, Rafa Pardo; mientras que María José Catalá ha asignado este concurrido espacio al recuperado Carlos Mundina, edil que entró por la renuncia de Enric Esteve y que se está convirtiendo en uno de los bastiones del grupo municipal popular.

Abastos también queda en manos de dos neófitos; Juan Giner, por el PP, y el psicólogo Javier Copoví, por Ciudadanos. Esta última formación insistirá en las pedanías, ya que ha encomendado a su número dos, Rocío Gil, Poblados del Norte y Poblados del Sur; y al cuatro en la lista, Rafa Pardo, Poblados del Oeste.

Las dos formaciones insisten a sus ediles en que hagan mucha calle y se multipliquen en los barrios de Valencia para contrapesar el crecimiento del apoyo urbano a Compromís y el tirón electoral del PSOE en los dos últimos comicios nacionales. Por ahí van cercando a un alcalde de Valencia, Joan Ribó, que ha iniciado con muchas convulsiones este mandato, sobre todo las que proceden de las múltiples salpicaduras de la gestión de la Empresa Municipal de Transporte.

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