17 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Podemos inicia su asfixia al PSOE apenas unas horas después de la investidura

En solo 24 horas Sánchez ya ha comprobado la endeblez de su presidencia: Iglesias ya le ha pasado factura y el soberanismo no renuncia a su hoja de ruta unilateral.

 

 

Como era de prever, Podemos no ha tardado ni un día en intentar ponerle deberes al nuevo presidente del Gobierno, por dos razones poderosas: de un lado, para hacerle pagar la factura que comporta haberle aupado a la presidencia; de otro, presionarle para anotarse sus éxitos o culparle de los fracasos, en clara estrategia electoral que va a durar lo que perdure el propio Ejecutivo.

A Podemos no le interesa que funcione bien el Gobierno, pues eso le alejaría definitivamente de la difícil posibilidad ya de empatar o incluso adelantar a los socialistas: en la medida en que Sánchez lo haga bien, algo que todo ciudadano ha de desear por interés propio piense lo que piense de la burda censura a Rajoy; el partido de Pablo Iglesias se empequeñecerá y el PSOE, por contra, crecerá exponencialmente.

A Podemos no le interesa que funcione bien el Gobierno, pues eso le alejaría de la posibilidad de adelantar al PSOE

La insistencia en entrar en el Consejo de Ministros obedece a la misma razón, pero en sentido contrario: apuntarse los eventuales logros de cara a una cita electoral que no puede demorarse mucho más allá de otoño por respeto a los ciudadanos. Y la negativa del PSOE a aceptar esa propuesta envenenada responde al mismo razonamiento, pero en sentido contrario: no darle ningún mérito a su principal adversario electoral por mucho que ahora se entiendan.

Un cúmulo de dificultades

Porque si el Gobierno es débil por el escaso grupo parlamentario que lo sostiene -no existe precedente en Europa de un Ejecutivo con 53 escaños menos que el ganador, enviado a la oposición- y la naturaleza de sus apoyos más decisivos -todo el independentismo en pleno desafío-, también lo es por la rivalidad que mantiene con el segundo grupo más numeroso de una alianza más sustentada en el rechazo al PP que en las coincidencias y complicidades.

 

 

Podemos no tardó nada en exigirle al PSOE sus dos primeros compromisos: actualizar para siempre las pensiones con arreglo al IPC y gasta 1.500 millones de euros anuales en igualar las bajas de paternidad con las de maternidad. Se trata obviamente de dos ideas destinadas a poner en aprietos el Ejecutivo para mantener, desde la formación morada, la bandera "social".

La dificultad para Sánchez se completa con un PP indignado y el soberanismo anunciando que no renuncia a la unilateralidad

Y como proponer sin tener en cuenta los recursos, la deuda y el déficit es fácil si no se gobierna, Podemos lo hace, en la misma línea demagógica que le hizo seducir a cinco millones de votantes en los últimos comicios.

El aprieto para Sánchez no es menor, y coincide con un mensaje terrible de la Generalitat, que mantiene su hoja de ruta por la independencia unilateral, que completa el paisaje infernal en el que el nuevo Ejecutivo va a tener que bandearse como pueda.

La única salida

Y ahí no terminan los problemas: con un PP legítimamente indignado y dispuesto a hacer oposición, un Congreso fragmentado y un Senado dominado por los populares con mayoría absoluta; el calvario del nuevo presidente está garantizando.

Y aunque el interés general obliga a pedirles a todos sentido común, Sánchez no puede esperar la ayuda y comprensión que él tuvo cuando, con una carambola, vio su oportunidad de llegar a La Moncloa. Si el bloque perdura y se hace endémico, su única salida será convocar a los españoles a las urnas y que ellos decidan. Que es lo suyo.

 

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