Ocho millones más para la hucha sin fondo que dejó la ex consellera Montón

La ex titular de Sanidad no hizo ni caso a un informe técnico y convenció al Consell de que se embarcara en un proyecto de tintes megalómanos.

Carmen Montón, ex ministra dimitida por plagiar en un máster, acaba de tomar posesión como embajadora en la Organización de Estado Americanos (OEA). Su nombramiento se produjo días antes del estado de alarma aunque la suspensión de vuelos le impidió ir a Washington a recoger su acreditación en uno de los puestos más cotizados. 

Monzón está lejos de ser diplomática más si cabe por su trayectoria política. Ahora, a miles de kilómetros de Valencia, su impronta como titular de la conselleria de Sanidad va a tardar décadas en desaparecer. El megaproyecto Espai Sanitari Campanar Ernest Lluch, con helipuerto incluido y que según sus previsiones tenía que esta acabado este año, se encuentra a día de hoy en la fase previa con la retirada de materiales altamente tóxicos como el fibrocemento.

Nada más tomar posesión en el Gobierno de Puig, Montón decidió tirar a la papelera un dictamen del Colegio de Arquitectos de la Comunitat que concluía que la mejor solución para el complejo de la antigua Fe era la demolición -del pabellón general, el de rehabilitación, la escuala de enfermería y la de anatomía patológica- y la construcción de nuevo edificios.

Montón convenció al resto de sus compañeros del Consell a hacer lo contrario que indicaba el informe de los expertos y embarcarse en la rehabilitación de unas instalaciones obsoletas con más de 40 años y problemas también en la estructura. De paso desautorizaba al anterior gobierno del PP que  habían acordado su demolición siguiendo las conclusiones de los  cuatro expertos de la Agrupación de arquitectos péritos forenses.

La titular de Sanidad dejó la conselleria tras ser nombrada ministra del primer gobierno de Pedro Sánchez en 2018, pero su proyecto sigue vigente con notable retraso en la adjudicación y, con un coste que supera, como habían avanzado los arquitectos, notablemente a los de una obra de nueva planta. En 2015 se daba por seguro que la rehabilitación podría superar con creces los 100 millones de euros.

Pero al margen del coste econónomico, que está muy lejos de afectarle a Montón con un sueldo de más del doble que el que cobra Puig, la rehabilitación de la  antigua Fe presenta pocas ventajas respecto a la construcciónde una obra nueva en las mismas dependencias de más de 15.000 metros cuadrados. El Espai Sanitario Ernest Lluch, al margen de su nuevo nombre, seguirá siendo "viejo" ya que mantendrá unas edificaciones limitadas en cuanto a funcionalidad y eficacia y tendrá un mantenimiento sensiblemente más caro.

La ocurrencia en plena crisis del Covid de Consell de Puig fue gastar una cantidad notable en el pabellón de enfermería al acondicionarlo para enfermos de coronavirus. La reforma se acometió pero no llegaron a trasladarse a enfermos quizá también por el artículo de ESdiario recordando que dicho pabellón no era apto al estar afectado por el amianto. Rehabilitar la estructura y descontaminar el edificio estaba presupuestado en 15,5 millones hace cinco años. Según el informe del colegio de Arquitecto tirar esa ala y hacer un edificio nuevo costaba un millón más.

 

El Consell informaba esta semana que se había destinado casi 8 millones de euros solo para el desamiantado  del pabellón central. Una obra que se acomete dos años más tarde de lo anunciado y que, en el mejor de los casos, estará concluida en octubre de 2021. Una operación similar de desamiantado se llevó a cabo en el pabellón de rehabilitación.

Con todo, el 'proyecto Montón' de hacer una gran complejo de salud no estará en la actual legislatura tal como anunció  la propia consellera en una singular presentación mediática con  maqueta incluida. 

Los hospitales de campaña y asimismo la rehabilitación de la escuela de enfermeria de Campanar fueron los anuncios de Puig más notables y con eltiempo dos incumplimientos que han servido de alimento para la oposición.

El portavoz sanitario del PP lamenta que la "ralentización de las obras tiene perjuicios para los ciudadanos, ya que si se hubieran hecho antes, incluso con la demolición y nueva construcción, los valencianos podrían estar disfrutando hoy de un nuevo hospital, con servicio integral para todas las patologías y que también hubiera servido para la atención a los enfermos por Covid19”.

Pozo sin fondo y herencia recibida

Para José Juan Zaplana, las obras en la antigua Fe “son un pozo sin fondo por la falta de previsión del Gobierno de Puig”.  “Si el sectarismo de la izquierda no hubiera paralizado el proyecto de demolición de la antigua Fe los valencianos tendrían un nuevo hospital y el dinero que se ha destinado a los hospitales de campaña por la pandemia ni hubiera hecho falta, puesto que se habría podido contar con este espacio”.

La socialista Carmen Martínez sigue respaldando al proyecto estrella de Montón y recurre al argumento de la herencia recibida para amortiguar las críticas populares. “Quienes dejaron la sanidad pública falta de recursos y personal no tienen ninguna credibilidad”,  afirma en alusión al gobierno del PP. La diputada sostiene que las prioridades inversoras “han cambiado: mientras entre 2009 y 2014 el gasto per cápita en sanidad y protección social disminuyó un 8,9%, entre 2014 y 2018 aumentó un 20,5%, convirtiendo a la Comunitat Valenciana en la autonomía de régimen común que más aumentó este gasto”.

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