La ciudad no es para mí. Bendito Rajoy

Los vaivenes de los líderes políticos, vencedores y derrotados, son la mejor demostración de cuan alejados se encuentran de la cruda realidad.

Aunque así lo crean alguno de mis amigos no se trata de provocación alguna. Me limito a utilizar el recurrente comentario como indicador de mi habitual columna de ordinaria opinión.

Tras el generalizado desconcierto provocado por el resultado de las elecciones generales y de las autonómicas en nuestra Comunidad, aceptado sin embargo en su conjunto sin alharacas ni disturbios, pinten soros o copas (ojalá no pinten espadas, bastos ya lo hacen), sesudos opinadores de postín, convienen en recomendar posiciones estratégicas para las próximas a los líderes de los llamados partidos de derechas, y coinciden en mostrar como prioritaria la cuestión constitucionalista.

Recordaban Rosa Díaz y Fernando Savater que, el innecesario por tautológico término, surgió ya hace mucho en Euzkadi cuando el veneno etarra amenazaba contagio a gran parte de la población vasca. Principalmente a los jóvenes participantes en aquella kale borroka, hoy superada, que provocó la salida a otros territorios españoles de un importante número de familias y empresas.

Guste o no la comparación, el comportamiento de los cachorros de Torra, (de la Gispert mejor no hablar) CDRs entreverados con antisistemas CUP, es un nuevo y maldito indicador que actualiza el concepto.

Pese a la importantísima participación en los comicios pasados, tengo para mí que el hartazgo del elector es aún mayor. Y que los vaivenes de los líderes políticos, vencedores y derrotados, son la mejor demostración de cuan alejados se encuentran de la cruda realidad.

Salvapatrias de cartón -no importa en qué bloque se alinean- y oportunistas huidizos patológicos (sicópata ha llegado a llamar la fundadora de UPYD al renovable presidente de gobierno) se moverán con cautela hasta el 26M -qué pesadez con la inevitable reducción lingüística- sin por ello evitar proclamar una cosa y su contraria. Esperando “hacer cajita”.

Venezuela en el corazón, me resultan especialmente insultantes los irredentos comentarios de los futuribles ministrables de Podemos. No se cortan con sus barbaridades, agradecido fruto de las deudas contraídas. Y de los pingües emolumentos amasados en tiempos del “gorila rojo”.

Me duele también el injusto varapalo recibido entre nosotros por Isabel Bonig, razonablemente instalada en complicada pero factible posición de salida hasta conocer el definitivo –y accidentado- recuento de votos, que renovará al parecer un Botánico tardíamente reflorecido. Y más todavía el fuego amigo que amenaza su continuidad, aunque ahora algunos disimulen.

Ha llegado a Valencia –a la parroquia de San José Artesano de la Ciudad Fallera concretamente- la Cruz de Lampedusa, coincidiendo, por cierto, con el Real Decreto que regula subvenciones directas a Cruz Roja, Comisión de Ayuda al refugiado y ACCEM para el refuerzo de acciones de primera acogida. La cruz de la vergüenza es un hecho incontrovertido, bendecido por el Papa y tristemente mensurable. Séanlo también las consecuencias del extemporáneo decreto gubernamental.

Y a À Punt -Oltra volia més diners- el procesamiento de su directora. (Claro que también hemos sabido, precisamente este viernes, de la enésima pretendida imputación al presidente Camps …)

Hagan juego.

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