Comunidad Valenciana: Vox gana, PSOE empata y el resto pierde con matices

Vox pisa los talones a PP mientras que el PSOE mejora porque sus rivales por el voto de la izquierda, Unidas Podemos y, sobre todo, Compromís, se hunden. Ciudadanos sufre la deblace prevista

La sonrisa resplandeciente que lucía anoche el presidente provincial de Vox en Valencia, José María Llanos, constituye el principal reflejo del resultado de su partido. Llanos ha vivido como máximo responsable de la formación los años de travesía del desierto que transcurrieron entre 2014 y 2019, cuando parecía que mantener viva la llama verde suponía un ejercicio de masoquismo político en un partido sin cargos públicos y con nulas expectativas. Ahora, el 10 de noviembre de 2019, se ha convertido en el principal triunfador de los comicios. Ha recogido cuatro de los cinco escaños que han cambiado de titular en la Comunidad Valenciana y salta de tres a siete. 

Sí, el PSPV-PSOE ha ganado las elecciones al Congreso y al Senado en las tres circunscripciones valencianas por segunda vez en medio año. Continúa aportando un buen caudal de votos a su formación a nivel nacional y ha repetido sus mismos diez escaños congresistas de abril. Eso sí, se deja dos senadores (uno por Alicante y otro por Castellón) por el camino a beneficio del PP y pierde 48.800 votos en la Comunidad Valenciana al Congreso respecto a hace medio año. No llega a sumar el 10% de los escaños del total de cosechados por la formación a nivel nacional, aunque la autonomía sí que representa esa población del conjunto de España. Ese ha sido el tributo de la repetición de elecciones para el partido que lidera Ximo Puig.

Un resultado que no justifica lanzarse a librar una batalla de estas características si no fuera porque ha debilitado a sus socios y a la vez rivales del Consell. Ahora el PSOE se asienta como el baluarte de la izquierda en la Comunidad Valenciana. Sus diez escaños en el Congreso duplican los cinco que suman conjuntamente Unidas Podemos (cuatro) y Més Compromís (el ya clásico y solitario de Joan Baldoví). En términos globales, la izquierda ha recopilado 15 y el centroderecha, 17, frente al empate a 16 de abril.

El PSOE ha ganado en esta batalla política sobre todo porque su rival histórico, el PP, ha vuelto a perder, y porque sus competidores en nicho de mercado, Unidas Podemos y Compromís, han caído

No ha acabado de obtener más frutos en esta partida del doble o nada, pero sí que ha logrado que sus principales competidores por un nicho de mercado similar pierdan. Incluso que el PP, su rival histórico, se haya quedado en un raquítico ascenso de un escaño. Por tanto, el triunfo del PSOE valenciano es más holgado por la debacle de la mayoría del resto. Si nos acogiéramos a un símil futbolístico, ha empatado el partido pero ese punto que consigue vale más porque sus perseguidores en la liga han perdido.

En la línea contraria de lo que le ocurre al Partido Popular. Que recupere un senador por Alicante y otro por Castellón (a la hora de cerrar esta crónica no había concluido el recuento al Senado) y que Óscar Gamazo se convierta en el cuarto congresista por Valencia no oculta que ocho escaños, cuando las últimas encuestas le daban hasta diez, hayan sido un portazo en sus expectativas. Hace un mes ese aumento de un acta era el que le dictaba la razón, y contemplaba conseguirlo por Castellón o por Valencia, pero en las dos últimas semanas el corazón se le había desbocado con unas encuestas que le otorgaban aumentos por todas las circunscripciones y que no reflejaban el efecto colateral de Vox.

El PP se había dejado obnubilar por algunas encuestas y sus expectativas de sumar tres escaños han hecho que el único de más que ha conseguido sepa a derrota

Porque el PP ha sumado un escaño más si se compara con el humillante guarismo de abril. En efecto; no obstante, lo hace a costa de sufrir una nueva derrota frente a su rival histórico, el PSPV-PSOE y, quizás sobre todo, de ver cómo Vox estuvo durante buena parte del recuento empatado a escaños. Al final el PP ha superado por uno a un partido, el de Santiago Abascal, que hace medio año no tenía representación en el Congreso y que ahora le pisa los talones y amenaza con convertirse en su peor pesadilla. El PP ya no compite únicamente con el PSOE, ahora también lo hace con Vox.

Mientras que Unidas Podemos ha mantenido la misma tendencia en la Comunidad Valenciana que la que ha marcado a nivel nacional. Si en abril aguantó el tirón y no padeció el desgaste de la marca, en  noviembre sí que lo ha hecho, aunque solamente sea a costa de dejarse un congresista por Alicante y de perder 45.000 votos en el territorio autonómico. Menos de lo que ha cedido el PSOE, aunque a la formación podemista le ha penalizado más, con un escaño, porque proporcionalmente esos 45.000 votos representan un porcentaje del total que ha cosechado bastante superior a los 48.000 socialistas.

Y si este fin de semana escribíamos sobre que pasara lo que pasara alguien moriría políticamente, el 10N ha dejado claro que el cadáver político es el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. Por desgracia para su partido, no se marcha solo al averno político. Arrastra a cuatro diputados valencianos, entre ellos al laborioso Vicente Ten, el más veterano de la circunscripción de la provincia de Valencia. Y deja a la marca hecha trizas y con únicamente dos escaños por la Comunidad Valenciana de los seis que tenía.

A Ciudadanos y Compromís les une el color naranja y que desaprovecharon su oportunidad histórica. Ahora han perdido utilidad para el electorado

Ciudadanos se vanaglorió en 2015 de haber sabido estar en el momento adecuado y despuntó como partido de moda. El veredicto de las urnas ha dejado claro que, para el electorado, ese momento ha pasado y que la moda dejó de serlo. En apenas seis meses. Los que han marcado la histórica oportunidad perdida de Albert Rivera para condicionar el gobierno de España, bien por abstención bien por formar parte de él junto al PSOE. Las urnas lo han bloqueado y le han culpado del bloqueo de España durante este semestre ominoso. Ahora, en la Comunitat Valenciana, emergerán con fuerza las voces de decenas de descontentos con la organización que no se atrevían a hablar ni en los grupos de whatsapp por temor a ser expulsados.

Y si Ciudadanos ha resultado el gran perdedor, Compromís le va solamente un poco a la zaga. Una coalición que compitió de tú a tú con el PSOE en las autonómicas de 2015, en estas generales ha obtenido unos resultados diez veces inferiores a los de los socialistas. Se ha quedado con su raquítico y testimonial escaño.

Ni el hecho de enrolarse con el Más País de Íñigo Errejón le ha permitido mejorar su registro primaveral. Quizás se han lastrado mutuamente. Y el repaso de las urnas tiene mucho más calado si contempla cómo en su principal feudo, la localidad de Valencia, el PSPV-PSOE le triplica en votos y PP y Unidas Podemos le superan holgadamente. Únicamente se impone, por centésimas, a Ciudadanos que, por cierto, dentro de su debacle ha logrado un resultado más digno en la capital autonómica, donde lo representa Fernando Giner.

A Compromís posiblemente le ocurra como a Ciudadanos. Los dos utilizan el color naranja como distintivo y a ambos les he pasado el momento de la maduración y empiezan a pudrirse. Los dos tuvieron su gran momento, cuando pudieron ser determinantes. Compromís lo alcanzó durante el gobierno del PP de Rajoy. Por aquel entonces disfrutó de la ocasión de demostrar que era una formación valencianista. Prefirió seguir con la camiseta antiPP. Ni un partido ni el otro supieron aprovechar su etapa de gloria. Ni tan siquiera la olfatearon. Les faltó amplitud de miras. Y las urnas no premian la cerrazón ni la apatía.

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