Claves y movimientos de una semana de debate en el lodazal político valenciano

Como si poco o nada hubiera ocurrido, el tripartito defendió su propuesta y la oposición la criticó

Como si poco o nada hubiera ocurrido, el tripartito defendió su propuesta y la oposición la criticó

Los diferentes grupos parlamentarios han mostrado su estrategia con curiosas sintonías, paralelismos y acusaciones personales

Tras la tromba de agua, se ha quedado el lodazal. Esta semana ha dado mucho de sí en Les Corts. Como mínimo en cuanto a intercambio de debate y críticas. Otra cuestión consiste en si también surtirá efecto en lo que se refiere a avances sociales con la traslación de la teoría a la práctica de los ya famosos y habituales 'Ximoanuncios' (¡Quién iba a decir al anterior síndic de Podem, Antonio Estañ, que su expresión iba a quedar para la posteridad!).

Sobre lo anticipado por el president de la Generalitat, Ximo Puig, incluidos los 15 millones de árboles a plantar en la próxima década, ya se ha dicho y escrito mucho. También respecto a que, como señala el añejo refrán, "una cosa es predicar y otra dar trigo". En este caso, una cosa es prometer gastos valorados en 21.000 millones y otra disponer del dinero necesario en la práctica (y no únicamente con la previsión de que llegarán de la Unión Europea y del Estado español). De hecho, en los últimos cinco años no hemos visto construir e inaugurar hospital alguno ni tampoco acabar con los barracones en colegios e institutos, a pesar de ser un anuncio sempiterno.

No obstante, hoy vamos a escribir sobre algunos detalles que, en bastantes casos, coinciden en denotar la impresión de que nuestros políticos cortesanos parecen vivir en una burbuja, como la de muchas aulas escolares. En lugar de centrarse en resolver la infinidad de problemas cotidianos que ha provocado o ha agravado la pandemia que vivimos, los derroteros del debate a veces hacen pensar que nos hallamos en una suerte de Arcadia, ese supuesto reino de la felicidad que tanto gustaba evocar a los poetas renacentistas. O que escuchamos las mismas críticas de siempre.

Los que siempre dicen lo mismo

Por una parte, existen dos (a veces hasta tres, si incluimos a Compromís) partidos que, pase lo que pase, incluida la devastación del coronavirus, dicen lo mismo con escasos matices. Sí, se trata de las fuerzas de los extremos. Por una parte, Unides Podem, incluso en época de mayor necesidad de atención sanitaria y de saturación de la pública, repite su cacareado mensaje de las reversiones de hospitales.

Y lo hace siempre sin explicar en qué beneficia a la ciudadanía. Le basta con que forme parte de su ideario, como si la sociedad fuera inmutable. Entre eso, la defensa de la ocupación (pese a los desmanes actuales en esa cuestión) e ítems de tintes feministas o trans, gira su discurso. No tanto el de Naiara Davó, (baqueteada ya en el realismo de la tribuna de Les Corts) sino más el de Cristina Cabedo o el de la nueva dirigente, Pilar Lima. ADN del formulario político de Podemos. Sería igual de residual, por su mensaje y actuación, de lo que lo fue Esquerra Unida de no requerir sus votos PSPV y Compromís. La necesidad obliga al cariño.

Con Vox, más de lo mismo, que si "la dictadura progre", que si catalanismo, que si adoctrinamiento... Vale, pero ahora estamos en lo que estamos, la pandemia. El partido de Santiago Abascal ha pasado de sufrir la soledad parlamentaria a buscarla a conciencia e incluso a disfrutarla para desmarcarse, cuanto más estratégicamente mejor, del PP. En pos de ese distanciamiento a veces parece que cualquier cosa le sirve, por muy estridente que resulte.

Socialistas y compromisarios

Mientras, los dos socios más poderosos del Botànic se dedican a ensalzar su gestión. El PSPV, acompañándola de promesas de futuro, y Compromís, reivindicando al gobierno central en lo que podría entenderse como un alejamiento sibilino de su socio, aunque luego, en el ámbito autonómico, su apoyo es total. Dualidad, flexibilidad o bipolaridad, según cada cual.

Se nota la empatía entre el president Puig y el conseller de Educación y figura en ascenso en Compromís, Vicent Marzà, con las constantes alusiones a lo realizado en ese ámbito. Como pudo comprobarse en el debate de política general de este lunes.

Bonig se acercó a Ferri, Puig a Cantó y Vox y Unides Podem no alteraron un ápice su discurso habitual

El máximo responsable del Consell amontonó todas las propuestas en su intervención inicial y dejó pocas o ninguna bala en la recámara para las réplicas. En este caso, sobre todo con el PP, prefirió entrar al trapo con los ya manidos saltos en el tiempo a las legislaturas en las que gobernaba ese partido (¡Han pasado ya cinco años y medio de aquello!) o con las críticas (¡Cuidado, que los efectos del coronavirus son muy volátiles y que te toque más o menos puede ser cuestión de suerte!) a la gestión en la Comunidad de Madrid que, claro, gobierna el PP.

Ciudadanos y populares

Isabel Bonig, por su parte, alternó acercamientos y dardos, directos o más discretos. Recalcó mucho -para sorpresa del interesado, al que solo había que observar su casi avergozanda mirada sobre la mascarilla- agradecer que hubiera tenido en cuenta Fran Ferri, el síndic de Compromís, las propuestas del grupo popular y que lo hubiera implicado. Buscó dejar en entredicho o distanciar de Puig al conseller de Economía, Rafael Climent, también de Compromís, al insistir bastante en los contratos con el hermano del president. De nuevo un tema ajeno a la pandemia. Sí, desde luego, hizo hincapié en los graves problemas sanitarios, pero su intervención fue derivando en cuestiones menores.

En el papel de azote del Consell destacó el síndic de Ciudadanos, Toni Cantó, que, además de demostrar que sabe leer o entonar valenciano (supongo que también hablarlo), propinó golpes oratorios a diestra y siniestra (más hacia este lado) con holgura. Quizás su experiencia en una clase de boxeo una semana antes le había inspirado. O fajado. O puede que sea la presencia junto a él asesorándole de Antonio Salvador.

 

Logró lo que no consiguió Bonig. Mientras la síndica del PP se llevó el habitual rapapolvo basado en el pasado de su partido y la ya aludida gestión madrileña, el de Ciudadanos obtuvo una respuesta de Puig sobre un tema de batalla creciente: el incremento continuo y constante de asesores y altos cargos, que se ha disparado esta legislatura con la entrada de Unides Podem en el Consell. El president reconoció el aumento, aunque, como ya ha hecho sin excesivo recato en anteriores ocasiones, lo justificó en que tienen más trabajo. Ese argumento supongo que resultaría igual de válido para todos los partidos.

Quizás porque el gancho de Cantó sí que consiguió doblegar al president, Bonig salió al día siguiente con una frase con demasiadas connotaciones personales, ya que afirmó que cree que "Puig tiene un problema con las mujeres", y basó su comentario en la manera, casi despectiva, con que el máximo responsable del Consell le replicó. Eso ya es cuestión de otro foro y posiblemente supere el cortesano. 

 

La semana ha acercado al PP a Compromís (o a Bonig a Climent y Ferri), a Puig a Cantó en esas aproximaciones y alejamientos cada vez más constantes, como las de aquellas parejas que rompen y vuelven continuamente y al final sus amigos no saben si están juntas o no, y a Vox y a Unides Podem, aunque únicamente sea en compartir rol desde diferentes perspectivas.

Y ha vuelto a demostrar la curiosidad, no sabría si calificarla de congruencia o incongruencia, de que el conseller de Unides Podem y de Vivienda (posiblemente por este orden), Rubén Martínez Dalmau, tenga en propiedad, con mayor o menor porcentaje, hasta cinco viviendas y haya licitado por 78.000 euros el cambio de mobiliario en su conselleria. Mientras, como le afeó el diputado de Ciudadanos Jesús Salmerón, "cuatro de cinco jóvenes no pueden emanciparse o viven hacinados en pisos compartidos".

El debate de Política General y las enmiendas e intervenciones de días posteriores a lo largo de la semana han enfangado más el lodazal de la res pública autonómica. Promesas, críticas, complacencia y, en la práctica, escasas soluciones inmediatas y prácticas, que es lo que reclama la ciudadanía en una situación casi extrema como la actual.

 

 

 

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