16 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los acusados del procés tienen un problema: las "fotos trucadas" que les hunden

Visto lo visto del juicio del procés, Ignacio Camacho desvela cuál es la estrategia por la que ha optado Oriol Junqueras y por qué lo está haciendo. Nada que ver con otro de los acusados.

Con permiso de Pedro Sánchez y la cita de las elecciones, el juicio del procés copa este viernes las columnas de opinión tras la declaración de Oriol Junqueras. 

Ignacio Camacho se suma desde su columna de ABC a los análisis asegurando que "los acusados del procés tienen un problema, y es que su golpe fue retransmitido en directo durante varias semanas. Lo vio toda España y la parte de Europa y del mundo que fue capaz de discernir entre la realidad y las fotos trucadas que divulgaron los separatistas a través de su red mediática".

Vamos que no pueden negar la premisa mayor: "la de la sublevación organizada cuyas imágenes son la pistola humeante que la Fiscalía esgrime como evidencia básica. Y ante esa prueba primordial vienen a argüir que el arma sólo estaba cargada con balas de fogueo e inofensiva pólvora democrática", ironiza.

Por eso Junqueras, con "voz suave y frailuna", convirtió su declaración en una "prédica franciscana trufada de amor al prójimo y bondad seráfica". Camacho no puede por más que ser sarcástico: "Según su relato, la gente cantaba himnos religiosos, henchida de espiritualidad pacífica y cándida, la noche en que cercaron un edificio oficial y obligaron a salir por tejados y ventanas a los guardias que lo registraban. Una revuelta zen en la que, más que la independencia, se diría que los amotinados perseguían un místico estado colectivo de nirvana". 

Para el periodista lo que pasa es que Junqueras "ha dado por perdido el juicio de antemano. Su angelical testimonio buscaba el ingreso en un martirologio seglar con la posteridad como horizonte de su sacrificio voluntario. No así el de Joaquim Forn, que de todos los acusados acaso sea el que ha pasado en la cárcel peores tragos, y que enfoca su defensa en minimizar daños".

No parece que "la idea de ingresar en el santoral laico le suscite un mínimo entusiasmo" a Forn, que "fue directo al grano de refutar las responsabilidades que le atribuye el atestado. Lo tiene tan crudo como los demás pero no se refugió en la política para justificarse con principios abstractos".

En conclusión, "la tercera jornada de la vista oral dejó dos itinerarios claros: el de quienes van a tratar de zafarse de un castigo largo y el de los que, considerándolo inevitable, pretenden usarlo para galvanizar a sus partidarios". 

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