15 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

De Urtain a Blanca Fernández Ochoa: las claves del "abismo" del día después

El de la exesquiadora es el último caso de una larga lista de deportistas de élite que se enfrentaron al vacío. Los psicólogos explican la clave de un fenómeno que reabre un viejo debate.

Mucho se está hablando estas semanas sobre "el día después" de los deportistas de élite. El vacío al que se enfrentan después de los éxitos de su carrera deportiva y del que a veces les resulta imposible salir.

El terrible caso de Blanca Fernández Ochoa es el último pero la lista es larga y este jueves Rodrigo Terrasa pone el debate sobre la mesa con un artículo para Papel que enfrenta a los españoles a la cruda realidad de sus deportistas.

No es algo nuevo y Terrasa se remonta a la entrevista que Mercedes Milá hizo a finales 1989 en TVEJosé Manuel Ibar Azpiazu Urtain. Apenas dos años de que el campeón de España y doble campeón de Europa de boxeo declarara que "ni soy aquel que el público se imagina ni aquel que el público pueda pensar. Soy una persona más" se lanzó desde la terraza del décimo piso del edificio en el que vivía en Madrid". 

El periodista recuerda que Fernández Ochoa es la última de una lista siniestra: "Jesús Rollán, considerado el mejor portero de waterpolo del mundo hasta su retirada en 2004, se quitó la vida en 2006. Luis Ocaña, ganador del Tour en 1973, se pegó un tiro en la cabeza con 48 años. Otro ciclista, el Chava Jiménez, murió en una clínica de desintoxicación con 32, sólo un año después de abandonar la competición. El atleta Yago Lamela falleció de un infarto a los 36 tras una profunda depresión. Y el mediofondista Teófilo Benito se lanzó desde la cornisa de la octava planta de un hotel de Madrid cuando tenía 38 años...". 

Luego hay otros, como Almudena Cid, que se retiró con 28 años tras competir en cuatro finales olímpicas que parecen haberse reinventado (profesora, colaboradora televisiva, escritora de cuentos infantiles, columnista en prensa, actriz)...

Y sin embargo, ni siquiera ellos lo han tenido fácil como la propia Almudena reconoció esta misma semana en Twitter que durante años compartió con otros exdeportistas encuentros conducidos por una psicóloga para compartir experiencias sobre el después del deporte de élite: "Después de haberte sentido tremendamente competente y bueno en lo que haces, sientes que no eres nadie sin ser ya el que fuiste". 

Tiene un nombre: Los psicólogos lo llaman pérdida de identidad y un estudio de la Federación británica de deportistas profesionales aseguraba que uno de cada dos ex jugadores siente que ha perdido el control de su vida durante al menos los dos primeros años después de poner fin a su carrera.

Según Terrasa, "los primeros trabajos que trataron de entender desde el terreno de la Psicología la transición de un deportista tras su retirada comparaban la jubilación de los atletas con la de cualquier otro profesional, obviando que se retiran con suerte pasados los 30 años y no con 65 o 70", como el resto de los mortales.

Además, "cuanta más visibilidad ha tenido un atleta durante su carrera, más problemas tiene para adaptarse después a la vida normal, más le cuesta transitar de la fama al anonimato, de los privilegios de una estrella al olvido". 

Los datos negro sobre blanco no engañan: "Un estudio elaborado por la fundación inglesa XPro, que se dedica a ayudar a ex futbolistas con problemas económicos, reveló en 2013 que tres de cada cinco futbolistas de la Premier se arruinan en los primeros cinco años después de su retirada y que uno de cada tres rompe su matrimonio antes del primer año jubilado. Alrededor de 150 ex jugadores de la Liga inglesa han pasado por prisión. Las cifras son similares en el deporte americano".

El psicólogo deportivo David Llopis lo tiene claro: "Cuando un deportista deja la alta competición le queda mucho tiempo por delante, muchas fuerzas y mucho que aportar y hay que ver qué se puede hacer con ellos para que se puedan insertar en la sociedad con plenas garantías".

Será por eso que cuando Milá preguntó a Urtain si había hecho con su vida lo que él quería o lo que los demás habían querido le contestó que "cuando estaba en el pueblo, en el caserío, hacía más o menos lo que me apetecía. Cuando dejé aquello y empecé con el boxeo hacía lo que los demás querían que hiciera. Ahora he vuelto a hacer más o menos lo que quiero".

Cuando lo que quiso hacer fue suicidarse, concluye Rodrigo Terrasa, "su amigo Manu Leguineche escribió: "Urtain sobrevivió al boxeo, pero se adaptó mal, como tantos otros deportistas, a la vida cotidiana".

 
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