11 de diciembre de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Dos sartenazos del juez Llarena en el bajo vientre de Puigdemont matan su sueño

Ahora la pelota está en su tejado. ¿O van a dejar a sus votantes con tres palmos de narices? La duda "nos remite al teatro de la farsa" sobre cuyas tablas interpreta el papel de gran timonel

Mucho se está hablando del golpe maestro del juez Pablo Llarena para hundir la estrategia de Carles Puigdemont y Antonio Casado incide en ello este jueves desde su columna de El Confidencial para calificarlo de la manera más gráfica posible: "Dos sartenazos en el bajo vientre del poco honorable 'expresident' de la Generalitat. Uno, la retirada de la euroorden, que le deja el andamio de su mesianismo pero le quita la escalera. Y dos, el artículo 23 del reglamento del Parlament, que le obliga a presentarse en Barcelona si quiere adquirir la condición plena de diputado. En otras palabras: cárcel o destierro". 

A juicio de Casado ese es "el dilema de Puigdemont y sus cuatro 'exconsellers', hasta ahora de turismo vigilado en Bruselas, tras la inesperada pero muy oportuna decisión del juez Llarena, cargada de razón, sabiduría jurídica, sentido común y compromiso con la legalidad. Propia de un buen servidor del Estado, que hace valer el principio de soberanía nacional. Estaría en cuestión si la Justicia belga hubiera puesto condiciones por la entrega de los reclamados". 

En su opinión, "menos agua en la piscina para que Bélgica aparezca como arbitro judicial en el funcionamiento de nuestro Estado de Derecho. Y menos agua en la piscina para el candidato Puigdemont".

Recuerda que "al quedar suspendida la euroorden, Bélgica pierde lo que hubiera sido una absurda capacidad de arbitraje político por vía judicial en un conflicto interno de España" y a su juicio "el Reino de Bélgica no es quien para decidir por qué delitos se puede juzgar en España a los cinco huidos y por cuáles no, so pena de desatender la “euroorden” cursada por nuestro país. No es admisible que un tercer país influya o quiera influir en un proceso penal español. El juez belga estaba a punto de cumplir la petición si a los cinco no se les juzgaba por rebelión, o sedición en su caso, por supuesta falta de parangón en las leyes de ese país". 

Asimismo, argumenta, "el juez Llarena se apropia de una prueba política que justifica la decisión judicial. Los cinco fugados son candidatos a las elecciones del 21-D. Y eso le sirve como parte de la coartada para retirar la orden de detención".

Así, "ya no tiene sentido reclamar su detención, pues se supone que vendrán a tomar posesión si son electos. O no. ¿O van a dejar a sus votantes con tres palmos de narices? La duda nos remite al teatro de la farsa, sobre cuyas tablas interpreta Puigdemont el papel de gran timonel que sueña con restablecer el gobierno legítimo de Cataluña y recuperar las estructuras de Estado derrocadas por Rajoy ¿Y el sueño caduca si sigue viva, como es el caso, la orden de detención de los cinco en cuanto pisen suelo español? Continuará". 

 
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