Fallece Waldo, permanece la leyenda del delantero amable

Waldo, ensayando uno de sus inolvidables remates a portería

Waldo, ensayando uno de sus inolvidables remates a portería

A los 84 años nos ha dejado el gran Waldo Machado. No obstante, el legado del segundo máximo goleador de la historia valencianista se mantendrá por siempre incólume.

De la misma manera que el recuerdo de su juego continuará en las retinas de todo aquel seguidor valencianista que gozara de ver sus evoluciones. Y es que aquel perfil de afortunado seguidor che coincide abrumadoramente en señalar uno de los rasgos que mejor definían su personalidad: era capaz de extrapolar a la cancha, para mayor deleite de su parroquia en la mayor parte de los casos, su carácter jovial y desenfadado.

Escasamente amigo de la refriega y del cuerpo a cuerpo con los centrales oponentes, esa cuestión no fue óbice para que, con 160 tantos materializados a lo largo de sus nueve campañas vistiendo la zamarra blanca, el registro goleador de Waldo Machado haya pasado a los anales de la historia, no siendo éste vuelto a alcanzar ya nunca más en el seno de la entidad de Mestalla. Tan solo el mítico integrante de la delantera eléctrica de la década de los 40 Mundo fue capaz de superar esa cifra, quedándose otros legendarios goleadores che por el camino: casos de Kempes, Fernando o Villa.

Pero si una campaña en particular resultó capital a la hora de elevar a Waldo hasta esos altares, ésta no sería otra que la exitosa 1966-67. Aquella en la que el Valencia obraría la reconquista de una Copa del Generalísimo que llevaba ya 13 años negándosele, y que obtuvo al derrotar en la final al, en ese entonces, enormemente copero Athletic de Bilbao por 2-1 en una final, mereciendo reconocimiento distintivo durante toda la edición del torneo. 

Fue esa precisamente la mejor temporada como valencianista de aquel punta del cual el Valencia CF empezó a quedar prendado de sus virtudes en un amistoso - si bien poco tenían de ello los duelos entre europeos y sudamericanos durante la época - allá por 1961, realizando después del mismo una oferta a su club de origen Fluminense tras la cual bien pronto empezó a quedar justificado el porqué de su adquisición. Y para calibrar la rentabilidad de la operación no había más que acudir a los guarismos que Waldo alcanzó a lo largo de esa campaña liguera 1966-67.

Y es que la cifra de 24 dianas materializadas - mérito añadido con respecto a una actualidad en la que existe un mayor número de jornadas - por el propio Waldo no logró ser superada en la competición española hasta once años después, cuando otro valencianista de indudable tronío como Mario Kempes se dio el gustazo de elevarla hasta la nada desdeñable cantidad de 28 como preparación del terreno para su exhibición en el Mundial de Argentina de ese mismo año. 

Muchos fueron los factores que convergieron para que Waldo formara un tan destacado curso en lo que a brillantez goleadora concierne, si bien parte de ellos cabría buscarlos en torno a su especial complicidad con algunos de sus compañeros de vanguardia. Los servicios que las internadas de su inseparable "Pelao" Guillot por la banda, unidos a la estajonovista brega con la que el ariete tanque vasco Ansola se desenvolvía en la batalla de desgaste frente a la defensa rival también devinieron en cuestiones que terminarían por erigirse en claves de la exitosa singladura che y, en particular, del propio Waldo por dicha campaña.

Sin embargo, no menos de justicia resultaría el hecho de reseñar sus otros dos títulos vistiendo la elástica de la entidad de Mestalla. La intrahistoria de aquellas dos copas de ferias consecutivas (1961-62 y 1962-63) constituyó un verdadero hito para el club, al ser sus dos primeros títulos europeos, y también por ser logrado el primero de ellos mediante un aplastante 6-2 ante el, hasta ese preciso instante claro dominador del torneo FC Barcelona.

Si un regusto amargo en torno a la carrera de Waldo se podría entresacar, éste estaría íntimamente relacionado con su escasa presencia - pese a haber vestido los colores de la "canarinha" en un total de cinco ocasiones - en el inigualable combinado carioca de la época. Ciertamente, la brutal competencia que marcaba la presencia de astros del calibre de Didí, Vavá, Garrincha o Pelé propiciaba que la estabilidad del delantero che en el combinado "verdeamerelo" se pudiera calificar como poco menos que una entelequia.

Tal vez ellos se arrepintieran en algún momento de perderse sus voleas imposibles o sus lanzamientos de libre directo en los cuales elevó a lo que se conoce como golpeo de "folha seca" por su parábola a la máxima expresión futbolística. Pero lo más importante es que será algo que perdurará en la memoria del buen aficionado valencianista. Uno de los más imborrables recuerdos dentro del año más propicio para echar la vista atrás y hacer balance.

 

 

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