08 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿El Coronavirus está en el aire?

Después de 5 meses, instituciones y expertos no se ponen de acuerdo

Llevamos mucho tiempo, asistiendo a diferentes declaraciones desde los diferentes gobiernos de todo el mundo, que han contribuido poco a poco a incrementar la incertidumbre y el miedo entre todos nosotros, fundamentalmente porque sus asesores “expertos salud pública”, no llegan al consenso, y muchas veces como consecuencia de los ideales políticos de quienes gobiernan y de quienes están en la oposición. Totalmente inaceptable desde luego, se mire como se mire, que desde el principio de la Pandemia se esté politizando al Coronavirus.

Pero igualmente no es de recibo que los mayores expertos en epidemiología y salud pública del mundo, tampoco coincidan ni entre ellos mismos, ni con las más importantes instituciones mundiales que deben velar por la salud de todos, como es el caso de la Organización Mundial de la Salud.

 

¿En qué quedamos? ¿El virus está o no está en el aire?

Hace unos días 239 especialistas de 32 países, enviaron una carta a la O.M.S. para exigirles que modificaran los consejos internacionales que llevan dando desde el principio de la pandemia, porque defienden que “el virus está en el aire que respiramos”, y que éste es el mecanismo de contagio más importante en estos momentos, apoyando por lo tanto la idea de que la mascarilla se ha convertido en el elemento imprescindible, por encima de la distancia de seguridad, que tanto nos ha costado conseguir a muchos ciudadanos.

La O.M.S. por su parte contesta, y sinceramente creo que en esta ocasión no les falta razón a sus expertos, que el tema de si el virus está o no en el aire, es una cuestión de matices, pero que son fundamentales para no confundir más a la población, en esta “ceremonia de la confusión”.

No, el Coronavirus no está en el aire de la calle, pero sí que está presente en el “aire que respiramos en nuestro ambiente personal”; ese microambiente con el que convivimos todos los días en casa, el transporte publico, el trabajo, las fiestas familiares, las discotecas, bares, cafeterías, restaurantes, y por cierto, también el avión o en el AVE.

 

Y si no está en el aire de la calle, el que respiramos cuando salimos a pasear, ¿por qué nos obligan ahora a llevar puesta la mascarilla en todos los lugares y a todas horas?

Es cierto que desde que terminó, no solo el estado de alarma, sino antes, cuando por fin pudimos salir del confinamiento, cada día conocemos nuevos “rebrotes” muy localizados afortunadamente porque nuestro Sistema Sanitario funciona perfectamente en la Atención primaria, con el diagnóstico precoz de los casos y el rastreo de los posibles contactos. También es cierto que estos rebrotes, cada vez más frecuentes, nos tienen que preocupar y ocupar a todos, y no solo a las autoridades sanitarias, porque de no controlarlos adecuadamente podemos vivir de nuevo una situación peligrosa que ponga de en verdadero jaque a nuestros trabajadores sanitarios y volvamos a los confinamientos, aunque espero que sean especialmente locales.

Las autoridades sanitarias de algunas comunidades autónomas como Cataluña, Baleares y Extremadura, y parece que en breve alguna más, han tomado la decisión de “exigir”, bajo sanción de 100 a 6.000 euros, que se lleve la mascarilla en todos los lugares, también en la calle a la hora de pasear, e incluso si somos capaces de mantener la distancia de seguridad de 1.5 a 2 metros. ¿Están dando más importancia al uso de la mascarilla que a la distancia física, que la evidencia científica ha demostrado que es el elemento diferenciador y la mejor forma de evitar el contagio? Esas mismas autoridades, con los mismos expertos asesores, nos decían hacen muy poco tiempo que “la mascarilla era un complemento” a la distancia de seguridad. ¿A que se debe este cambio entonces?

 

¿Por qué no hacen cumplir las normas vigentes, dictadas por esos mismos gobiernos, antes de dictar nuevas normativas que demás de incómodas no se basan en la evidencia científica?

El miedo y la incertidumbre también ha contagiado a quienes nos gobiernan y toman estas decisiones que están más fundadas en el “evidencia social” que en la “evidencia científica”, demostrando su verdadera incapacidad para hacer cumplir las normas que ellos mismos han dictado y con el apoyo del Gobierno Central. ¿Por qué no sancionan de forma ejemplar a los empleadores de los “temporeros” de la fruta a los que contratan en situaciones precarias y sin ofrecerles un lugar digno para poder vivir y evitar su hacinamiento? ¿Por qué no hacen lo mismo con todos los locales de fiestas y de ocio nocturno, que sobrepasan, y con creces, los aforos limitados, permiten que los clientes entren sin mascarilla y que no respeten ni 30 centímetros de separación? ¿Por qué no sancionan también a los ciudadanos que participan de actividades de riesgo e incumplen esas mismas normas? Estos son los elementos fundamentales, en base a la evidencia científica que demuestran que pueden ser los “supercontagiadores”.

¿No seria mejor que hicieran cumplir las normas vigentes y no dar el siguiente paso hasta que se demuestre que no son eficaces?

Por cierto, exigen que llevemos mascarillas, pero ¿les da igual el tipo de mascarilla que llevemos o si ya está demasiado usada? Si lo exigen, deberían financiar uno o dos tipos de mascarillas, facilitándonos 2-3 a la semana con nuestra tarjeta sanitaria.

 

¡Peligro, entra en zona de imprudentes!

Ciertamente existen las “zonas de imprudentes” que son las personas que piensan que por estar sanos y ser jóvenes están libres de cualquier riesgo ante el Coronavirus y que, si les afectara sería de forma leve y además conseguirían una inmunidad que les proteja durante tiempo. ¡Nada más lejos de la realidad! Una verdadera imprudencia que acudan a estos locales de ocio nocturno, o a bodas, comuniones y demás fiestas familiares y clandestinas sin al menos guardar la distancia física de seguridad.

Imprudentes que piensan que porque llevan una “mascarilla con filtro” lo hacen mejor que el resto de los ciudadanos. Estas son las “mascarillas egoístas” porque protegen a quienes la llevan, pero no al resto de personas, ya que, por la “válvula de seguridad” exhalan el aire de sus pulmones, sin aceptar que hoy todos podemos ser portadores asintomáticos.

Imprudentes muchos de ellos, porque piensan que al llevar guantes están más protegidos que otros, cuando en realidad ya se ha demostrado desde la evidencia científica que los guantes son el verdadero transporte del Coronavirus a otras muchas superficies y a otras personas.

Tengan mucho cuidado y tengan presente que cada vez hay más “zonas de imprudentes”. Cuídense mucho y recuerden el lema “¡Yo te protejo, tu me proteges!”

Jesús Sánchez Martos

Catedrático de Educación para la Salud

Universidad Complutense de Madrid

@jsanchezmartos

 

 

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