En contra de las armas

¿Se imaginan ustedes cuantas discusiones de barra de bar, venganzas y pequeños atracos pasarían de ser graves a muy graves si todo el mundo pudiese acceder a las armas con facilidad?

No he encontrado título más adecuado para mi columna de esta semana. No debería hacer falta decirlo, pero ya que nos han colado el debate hasta en la sopa, siendo que ni estaba entre las preocupaciones de los españoles ni siendo algo útil, hay que hablar claro. Las armas, cuantas menos mejor.

Para los que creemos que el monopolio de la violencia lo debe tener el Estado por norma general y que su uso debe ser restringido y adecuado a cada situación, la propuesta lanzada hace algunos días desde las filas del partido de Santiago Abascal nos ha causado una mezcla de indignación y miedo. Indignación porque no era el debate que tocaba y porque –admitámoslo- marcan agenda. Abro paréntesis. Menos mal que en esto sí que los otros partido de derecha se han opuesto firmemente. Cierro paréntesis. Miedo porque un número nada despreciable de personas se han atrevido a defender que el uso de las armas y la facilitación del acceso a las mismas es algo bueno.

Pero vayamos por pasos, porque nos han colado varias mentiras y no es el caso. En España sí se puede tener un arma, tanto si se es cazador como si no. La Guardia Civil establece entre sus criterios a la hora de entregar a un ciudadano un arma el de oportunidad. O en otras palabras, la necesidad de tenerla. Personas que viven amenazadas, por ejemplo. Por lo tanto no es cierto que no se pueda tener un arma en España.

Tampoco es cierto que no te puedas defender con ella si entran en tu hogar. Conviene echar un vistazo al artículo 2º del Código Penal y ver cómo la legítima defensa sí es una eximente. Ahora bien, hay que usarla racionalmente y adecuadamente. Contestar con un tiro a un puñetazo no es legítima defensa, sino venganza.

Una cosa es disparar un tiro mientras a tus familiares les están haciendo las barbaridades más atroces y otra que mientras los eventuales ladrones están huyendo de tu casa habiéndose llevado un DVD tú dispares desde la ventana de tu comedor. Hay que matizar.

Y no, aquello que nos contó Abascal de que cada dos por tres estaban entrando hordas de violadores y ladrones en las viviendas de los españoles no es, por suerte, cierto.

¿Se imaginan ustedes cuantas discusiones de barra de bar, venganzas y pequeños atracos pasarían de ser graves a muy graves si todo el mundo pudiese acceder a las armas con facilidad? ¿Cuántos prontos, rabias y discusiones acabarían a tiros?

Hay que saber que a la hora de legislar hay que hacerlo de manera general. ¿Qué conviene más a España, que las personas que sufren un asalto (afortunadamente pocas) puedan disponer de un arma de fuego o que el conjunto de la población tenga acceso a las mismas y aumenten el número de muertes por disparos de bala?
Contra el populismo lo de siempre: abordar desde la moderación los problemas que les dan alas. Y sí, las opciones políticas moderadas tienen que realizar un profundo debate de modernización y desatasque de la Justicia, de revisión de penas y de mejorar la sensación de justicia del conjunto de la población. Pero eso es una cosa, y armar al conjunto de la sociedad es otra.

 

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