Tiempo de descartes

Ximo Puig con Pablo Iglesias

Ximo Puig con Pablo Iglesias

En estos tiempos pre-electorales continuos que nos toca vivir la duda que ninguna encuesta resuelve suficientemente a día de hoy es quién será el próximo presidente del Gobierno de España. Y de eso depende todo lo demás. De momento, todos son descartes.

Muchos de esos estudios demoscópicos apuntan a la victoria electoral del PSOE al menos en las elecciones Generales y en las Autonómicas valencianas. Pero quién consiga gobernar fruto de los resultados de la primera que se celebre -que a día de hoy es la de las Generales- puede influir mucho en el resultado de la siguiente cita electoral. Y las opiniones están muy divididas.

Para analizar el asunto no debemos olvidar que esta vez más que nunca, que yo recuerde, las propias opiniones públicas y privadas, especialmente las privadas, y también las propias encuestas son elementos extra de campaña. ¿Por qué?, porque -y en eso sí hay una mayor coincidencia- las diferencias entre bloques parece que van a ser pequeñas y cualquier cosa que pueda hacer cambiar de opinión a alguien en favor nuestro va a ser bienvenida. Los bloques son el de las derechas y el de las izquierdas, por si cabía alguna duda.

La posibilidad, muy barajada en vísperas por algunos socialistas e incluso por gente de Compromís, de que el PSOE pactara el Gobierno con Ciudadanos y eso de rebote despejara el camino a la reedición del Botànic en la Comunidad ha saltado por los aires este lunes con el anuncio de los de Albert Rivera de que no pactarán ni siquiera con un eventual candidato socialista distinto de Pedro Sánchez. El líder centrista descarta pues a cualquier socialista como socio, como antes el PSOE descartó al PP para un gobierno de concentración, o ahora y para siempre Vox a la izquierda completa.

¿Esa decisión de Ciudadanos que nos dice? Pues aparte de lo que van a oír ustedes continuamente de aquí al 28 de abril de que Rivera se ha echado en manos de Vox, eso significa que el PSOE sólo va a poder gobernar si vuelve a pactar con los separatistas. Podemos, al que todo el mundo ve a la baja, no sería suficiente báculo.

La posibilidad de que el PSOE pactara en Madrid con Ciudadanos y eso de rebote despejara la reedición del Botànic ha saltado por los aires

Es decir, que los votantes ya saben que si votan al PSOE va a ser para que gobierne con el apoyo de ERC y Pdcat, salvo milagro muy grande. Ése es el mensaje para la gente de izquierdas no militante de Andalucía, de Castilla-La Mancha, de Extremadura, o de la Comunidad Valenciana que confiaba en que el nuevo “centrismo” de Sánchez le abriera la puerta naranja de La Moncloa. Si votáis PSOE y gana, o bien gobierna con Podemos y con apoyos nacionalistas -que es justamente lo que ha resucitado a la derecha desde diciembre y escandalizado a parte de la izquierda desde el resbalón del “relator”- o bien no gobierna.

Sensu contrario, para que no gobierne el PSOE aunque sea en minoría como el último Rajoy, habrán de obtener un número suficiente de escaños (no tanto de votos) y coaligarse en el grado que sea Cs y PP -como algunos proponen con carácter previo para asegurar ya el Senado- con Vox jugando el papel de radical aliado periférico.

En resumen, o se gobierna con separatistas, o se gobierna con la derecha extrema -se viene a decir-, con todo lo que ambas opciones puedan suponer para las respectivas soluciones ejecutivas.

Y que lo que pase en las Generales va a influir en las valencianas es de cajón. Si el calendario electoral sigue como hoy, las negociaciones para Congreso y Senado y para formar el próximo Gobierno de España van a manchar toda la campaña autonómica y local de tinta catalana. O de tinta de Vox. Y si no, también. La campaña grande siempre se come a la chica. Y si encima se vislumbra que Pedro Sánchez no va a conseguir gobernar -aunque gane-, el efecto moral para las autonómicas puede ser decisivo. Aun así, o precisamente por ello, Ximo Puig a día de hoy (lunes) no descarta nada totalmente. No me extraña. Tampoco se olvide que (René) Descartes es considerado el padre de la duda metódica. Y que todo lo anterior mañana puede no significar nada. 

 

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